Sonny Rollins

SonnyRollins
Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

Palau de la Música, Barcelona. 20 de noviembre de 2012

Sonny Rollins es como un superhéroe”, me dijeron a la salida del concierto que dio el “Coloso del Saxo” el pasado 20 de noviembre en el mítico Palau de la Música Catalana. Y la verdad es que sí tiene algo de eso. 

Por un lado, lo que se ve: un señor octogenario que con convive con las dificultades típicas de la edad (le cuesta mantenerse erguido, le cuesta caminar…) y por otro, lo que se escucha: ni bien se acerca el saxo a la boca, Sonny Rollins comienza lentamente a izar su figura y mientras peina el espacio con su música, va recuperando la vitalidad y multiplica la potencia. Es curioso, pero es así, cuando Sonny frasea se olvida de su alter ego, Theodore Walter Rollins y rápidamente sus vertebras al son de su saxo tenor, adoptan la postura original, como si la música le confiriera un poder eternizante.

Envuelto en una holgada camisa de seda roja de raso y acompañado de Clifton Anderson (trombón), Saúl Rubin (guitarra), Sammy Figueroa (percusión), Bob Cranshaw (bajo) y (batería) hizo alarde de sus superpoderes que son sinónimo de música celestial.

La dinámica del concierto estuvo genial. Los “solos” de sus músicos le dieron el respiro que el maestro necesitaba para tomar fuerzas y darlo todo en sus bocanadas que por momentos parecían atemporales. Respecto a la selección de temas nada que objetar, ni hablar de los repentinos guiños a aquellos canciones clásicas ubicadas en la “sonoroteca del inconsciente colectivo de la humanidad”. Ésos temas que uno reconoce pero desconoce de quién es, y entonces empieza a preguntar y nadie tiene la respuesta idónea, sin embargo, a todo el mundo “le suena”.

Promediando la velada, con St. Thomas logró hacernos cómplices de su leyenda y calypseando, con el puño en alto nos animó a seguirlo, sin dudas, ése fue uno de los momentos más sublimes de la noche que fue in crescendo.

Más de cien minutos de concierto, se dicen rápido, pero hay que saber hilvanarlos. No hubo bises, no. Aún sigo sin saber porqué no se mancomunó el deseo. ¿Solidaridad? ¿Preservación? Vaya uno a saber.

Claramente, yo sí pedí un bis, y de hecho, lo esperé. Ya en casa, narrando ésta reseña, pude imaginar sobre un pentagrama la figura de Sonny en un cómic (con su camisa roja de raso, su puño apuntando el cielo, su saxo tenor sostenido en la otra mano), con éste título: “Sonny Rollins, el eterno hombre saxo” y acto seguido, anhelar el famoso: To be continued. + Info | RelacionadosMaría Eugenia Montenegro