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David Bowie y el espíritu oculto

David Francisco: David Bowie y el espíritu oculto

Pregunta / Frecuencia Libros (2026)

Desde la muerte del cantante ha proliferado una inabarcable bibliografía sobre David Bowie, siendo la mayor parte biografías y recopilaciones de artículos y entrevistas que no son más que un refrito de todo lo publicado hasta el momento. Pero de vez en cuando asoman pequeñas e inesperadas excepciones como este monográfico de David Francisco, David Bowie y el espíritu oculto (2026, Frecuencia Libros) que, como su título apunta, trata sobre los distintos acercamientos de Bowie a las tradiciones esotéricas y la espiritualidad. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - David Bowie y el espíritu oculto

Su autor es ya un sabio conocedor del tema, como demuestran sus anteriores trabajos sobre William BlakeTodas las religiones son una– y los Escritos ocultistas de Fernando Pessoa, ambos publicados por la misma editorial que nos ocupa. No obstante, David Francisco plantea una revisión sistematizada de la vida y obra de Bowie en orden cronológico, destacando en todo momento seleccionado algunos aspectos íntimos en relación con la gestación de cada trabajo. Así, descubrimos que fue su hermano Terry quien le introdujo en el ocultismo y las ciencias arcanas antes de enloquecer y que, justamente por los antecedentes familiares en cuanto a salud mental, Bowie sentía absoluto pánico por perder la cordura por culpa de tales inquietudes místicas.

Paradójicamente, en toda la trayectoria de Bowie son constantes los juegos de alter egos (Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el detective Nathan Adler, etc.), lo que entronca con el interés del citado Pessoa por cultivar heterónimos, cada uno con una personalidad bien definida. En consecuencia, sus letras están trufadas de menciones a la esquizofrenia, los trastornos disociativos y las voces interiores que son síntomas habituales de todo el espectro psicótico.

Por otra parte, el supuesto ateísmo y el aparente anticlericalismo del que hacía gala Bowie, a juicio de David Francisco, disimulaba un incipiente anhelo agnóstico de corte luterano. Algo así como una sed de búsqueda de lo divino y lo trascendental que anida dentro de uno/a mismo/a y, por supuesto, libre y al margen de todo dogmatismo institucional o eclesiástico. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - David Bowie y el espíritu oculto

En paralelo, toda esta exploración de lo celestial o de un saber trascendental -a través del satanismo de Aleister Crowley, el budismo o sus escarceos psicoanalíticos de la mano de Carl Gustav Jung– se travestía con cada cambio de estilo, personaje y visión de y sobre la vida (y la muerte) con que fue modulando su imagen y pensamiento en cada disco y etapa madurativa a lo largo de toda su carrera. A tenor de lo dicho, resulta fundamental la aplicación del simbolismo junguiano para abordar los múltiples significados que pueden desprenderse de sus a menudo crípticas letras y máscaras.

El autor de este magnífico libro no descuida incluir también algún dato sobre las obras cinematográficas protagonizadas por el cantante. Tan sólo patina un poco cuando pretende meter con calzador ciertas alabanzas a Yann Tiersen y Rosalía con las que parece querer justificar la evidencia de la espiritualidad entre las nuevas tendencias del pop, pero por suerte apenas les dedica unos cuantos renglones.

Aderezado con una amplia lista de fuentes de consulta, y a pesar de su escaso volumen (poco más de 150 páginas), David Bowie y el espíritu oculto esconde entre sus tapas un estudio profundo, sencillo y soberbio que se ha ganado un lugar muy digno en las estanterías de los aficionados a estas corrientes de pensamiento como son la hermenéutica, la alquimia y el autoconocimiento desde los muchos -ismos que han dotado de sentido a los distintos credos de medio mundo. Estamos hablando sin duda de una obra de tesis llamada a convertirse en una referencia de primera línea para abrir caminos poco o nada transitados entre los estudios sobre Bowie. Al respecto, no hay más que acudir al análisis pormenorizado que hace David Francisco sobre los elementos simbólicos que fraguan los dos últimos videoclips del cantante –Blackstar y Lazarus, ambos dirigidos por Johan Renck-, todo un ejemplo de implicación y detallismo.

Iván Sánchez-Moreno | +info | Relacionados | Fotos: Brian Ward y Reyes Guillén

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