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Las manos que construyeron el Canal

Jaume Castanyer Mestres: Las manos que construyeron el Canal

(Autoedición, 2026)

El debut literario de Jaume Castanyer Mestres entrecruza las historias de diversos personajes que emigraron a principios del siglo pasado desde tierras catalanas hasta la casi recién estrenada República de Panamá. Lo que inicialmente surgió como un estudio genealógico de la familia del autor -la recreación de lo que pudo haber sido el encuentro entre sus dos abuelos maternos- ha fraguado en un grueso novelón que remite a aquellos viejos folletines del Romanticismo decimonónico.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Las manos que construyeron el Canal

El contexto político

Tras la pérdida de las colonias de Cuba por parte del Reino de España, la situación política en el Caribe entró en un período de rápida transformación que repercutió en todo el cono sur del continente americano. Del conflicto bélico quedó un resquemor que aún perdura y que se deja notar en la mala prensa que España recibe en la percepción del estadounidense medio con un mínimo de conocimiento como para situar el país en un mapamundi. Ejemplo de ello son los epítomes que se le dedicaban a los españoles en las portadas del New York Journal de William Hearst, tales como “incivilizados”, “monstruosas bestias”, “débiles y amanerados” e “inferiores al hombre blanco”, citados por el propio autor en la novela.

Paralelamente, y a imitación del Canal de Suez, EEUU aprovechó el proyecto inacabado (por ruina) de los ingenieros franceses para planificar la construcción de un gran canal que uniera el Océano Atlántico y el Pacífico cruzando de lado a lado todo el istmo panameño. Una propuesta que, como es evidente, no le gustó a nadie salvo a los yanquis.

Fue sin duda un acuerdo a regañadientes. Si bien el Tratado de Paz de París ponía fin a la guerra de Cuba, EEUU impuso sus propias condiciones abusando de su ventaja frente a España, aportando esta propuesta como alternativa a la amenaza directa de invadir las Islas Baleares y garantizar así un punto estratégico desde el que controlar buena parte del Mediterráneo, cerrando de esta forma toda la costa ibérica hasta el Estrecho de Gibraltar. Partiendo el istmo por la mitad, EEUU se aseguraba también de tener vía libre para la explotación de las fuentes naturales y materias primas de Costa Rica.

Asimismo, al gobierno panameño le interesaba ganarse la confianza de EEUU para así quedar totalmente desvinculado de Colombia… aunque el coste a pagar fuera abrir las puertas al intervencionismo internacional vendiéndose poco a poco a empresas norteamericanas y europeas a cambio de mantener un tenso status quo político para gestionar la nación. No en vano se extremaron las medidas de seguridad para evitar el alzamiento de guerrilleros nacionalistas que reclamaban unas tierras que les estaban robando a manos llenas.

Al principio, los españoles que llegaban a Panamá contratados como peones de tan magna obra venían huyendo de la situación de incertidumbre perpetua que asolaba la isla de Cuba tras el desaire bélico con EEUU. Luego se abriría directamente la afluencia proveniente de España hasta que un Real Decreto de 1908 prohibió toda emigración a Panamá. 

Eran tiempos muy convulsos en el mundo obrero. En Barcelona, por ejemplo, poco después de desencadenaría la escalada de violencia callejera y atentados que dieron por resultado la “Setmana Tràgica”. Las revueltas anarquistas no se hicieron esperar demasiado entre los trabajados españoles destinados a Panamá, a sabiendas de que sus familiares no podrían viajar con ellos, siendo explotados durante jornadas de más de 10 horas diarias a pico y pala y sometidos a todo tipo de enfermedades nuevas y a unas dietas alimenticias que, en ocasiones, se reducían a una sola ración del mismo mejunje sin variación alguna a lo largo de semanas. Ante el constante riesgo de huelgas y boicots -téngase en cuenta que entre los trabajadores se contaba con una gran cantidad de mineros, barreneros y dinamiteros-, la paranoia social estaba a la orden del día. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Las manos que construyeron el Canal

La proporción racial entre los peones contratados era más o menos ecuánime: en 1908 se había censado igual número de hombres blancos que de negros (la mayor parte eran ex-esclavos liberados de las Islas Antillas), aunque el autor también hace constar un puñado de chinos que, al no poder sostener las duras condiciones laborales ni tener garantizada la posibilidad de retornar a su país de origen, habían buscado vías alternativas de escape de la realidad, ya fuese mediante el consumo de opio o el suicidio. Casi el 20% de los trabajadores procedía de España: de 8298 hombres, según cifras oficiales de 1906-1909, dos tercios eran oriundos de Galicia y la cornisa cantábrica; al menos un millar eran catalanes de nacimiento. Al total registrado conviene añadir a los más de 3000 hombres que llegaron de manera ilegal huyendo de la justicia o como polizones de barco por no poder pagarse un pasaje de ida sin vuelta. Con los italianos, las autoridades norteamericanas que fiscalizaban el desarrollo de la construcción del Canal -siempre con el beneplácito interesado del gobierno panameño- había mayor desconfianza por la filiación anarquista de muchos de sus obreros.

El contexto socio-histórico

La historia de Jaume, Pablo y Francesca, los tres protagonistas de la novela, es como la de cualquier otro emigrante de cuantos vendieron un sueño de prosperidad a cambio de un billete de barco y que, contra todo pronóstico, toparon con una realidad que, en palabras del autor, no perdonaba a nadie. Aquél era un lugar donde nadie había nacido sabiendo lo que tenía que hacer para darle sentido a la vida. Eran tierras donde la vida se medía con otros parámetros distintos, donde se aceptaban los designios humanos sin apenas comprenderlos, donde todos vivían la vida despojados de cualquier garantía de éxito excepto la de agarrarse con fuerza a la esperanza como quien se aferra a una rama en medio de la corriente -nos servimos aquí de las propias palabras del escritor-. Se luchaba a diario sobre todo por una fe ciega en un futuro mejor que, aunque rajada de tanto uso desilusionante, no acabara de romperse del todo. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Las manos que construyeron el Canal

Para los trabajadores era realmente agotador bordear las montañas y cruzar los ríos de aguas partidas que surgían de repente en una orografía que se iba descubriendo a cada paso, puesta allí por la mano azarosa de un Dios impenitente y salvaje. Una tierra aún por civilizar, como dice uno de los personajes.

Para los capataces de obra, cada día invertido y cada baja médica o por defunción se valoraba en términos económicos, mientras que las mujeres abandonadas allí a su suerte no podían regresar a España si no era con un marido o un padre que se hiciera responsable, así que muchas de ellas se veían obligadas a prostituirse para sobrevivir.

La novela también deja espacio para algunos chascarrillos como el lucrativo negocio de venta de cadáveres de trabajadores fallecidos a hospitales norteamericanos, aunque este dato pudiera haber sido una especulación infundida con el fin de sublevar un poco más a los obreros contra los patronos. Jaume Castanyer también da pistas para sugerir los posibles acuerdos con la masonería para promover los trueques comerciales favorecidos gracias al Canal.

El vasto conocimiento del autor sobre el tema se hace manifiesto en la profusa cantidad de notas explicativas a pie de página que contribuyen a meterse de lleno en la historia.

Poco o nada se cuenta del aspecto cultural legado por toda la mixtura de gente que convergieron en el período en que se ambienta la novela. No parece que esto haya llamado la atención del autor, pero es justo mencionar aquí la influencia que puede rastrearse en las músicas panameñas “de raíz”. Géneros como la denesa, los suestes o los ponchos son algunos de los más antiguos que se conocen, pero muy deudores de otras formas musicales europeas y caribeñas y de la sonoridad de instrumentos exóticos como el tambor chombiano, el güiro, la churruca, el repicador o el violín criollo, sin olvidar la especial contribución de la guitarra española y del zapateado que da origen y sentido al punto. El pindín, variante más moderna del folclore panameño, habría evolucionado desde entonces gracias a la incorporación del acordeón como base melódica, mientas que la cumbia chorrerana había surgido entre los primeros esclavos africanos, aunque edulcorado con pasos más suaves.

El análisis literario

Las manos que construyeron el Canal es una obra primeriza, pero de interés por exponer un tema poco tratado en novelas y libros de historia. La suya es una narración de ritmo pausado y lento, quizá más preocupada por los detalles de ambientación frente a aquello que permita mantener un ritmo fluido. Así, las dos primeras partes (de tres) adolecen de cierto estatismo, aunque la cosa mejora sustancialmente en cuanto los protagonistas arriban a puerto panameño y, unas páginas más allá, ya nos recibe un estruendoso corrimiento de tierras que tiñe con algo de salsa a la trama. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Las manos que construyeron el Canal

La prosa del autor adquiere a partir de ahí una mayor calidad, sobre todo desde que introduce un atinado relato de la comitiva del presidente estadounidense por todo el país. Desde ese momento, Jaume Castanyer parece ganar confianza como escritor: esa seguridad en sí mismo se hace notar en los pasajes que evitan los excesos dialécticos de los que abusan los precedentes y a pesar de cierta planicie psicológica en sus personajes.

Su voluntad como narrador es más bien recatada y distante, limitándose a ser descriptivo y evitando inmiscuirse en la intimidad de sus propios personajes. La postura que adopta es meramente la de un cronista que levanta acta de los sucesos, sin entrar en detalles morbosos o subjetivos. Su prudencia es deudora de su vinculación familiar con aquellas gentes de las que habla. En la mente del lector, Jaume, Pablo y Francesca no son sino personajes; en la de Jaume Castanyer representan ser sus abuelos. Tan sólo rompe con esta distancia emocional cuando dedica unas palabras de duelo a un nonato que son, pese a su sencillez, muy sentidas y que, por desgracia, se acaban pronto.

Originariamente el texto fue concebido en catalán, pero el autor se animó a publicar una versión en castellano para ampliar público al otro lado del Atlántico y reclamar así el interés de potenciales familiares latinoamericanos que puedan arrojar más luz sobre los episodios en cuestión. La traducción, por otra parte, parece algo descuidada y mal revisada, lo que le resta celo al esmero invertido.

A nivel estructural, los capítulos son lo suficientemente cortos como para agilizar la lectura, pero se habría agradecido que el autor le diera títulos más o menos orientativos para distinguirlos entre sí sin tener que recurrir únicamente a su numeración ordinal. Y por lo que refiere al drama romántico que previene la sinopsis de su contraportada, está mal calibrada su aparición, pues entra precipitadamente y tan sólo ocupa el último tramo de la novela.

Se sabe y se cuenta lo justo sobre este episodio de la historia y, cuando se hace, se mencionan ingenieros, políticos, militares, algún que otro médico, pero siempre menudean las referencias al esfuerzo anónimo del humilde obrero. Tan sólo se les recuerda al final de los textos académicos o periodísticos que glosan (o desglosan, según la perspectiva) la construcción del Canal. Con todo, es éste, en definitiva, el feliz resultado de un proceso que ha llevado años de investigación y que cumple con creces con su objetivo, que no es otro que el de honrar la memoria de unos antepasados que, gracias a la implicación de Jaume Castanyer, los rescata del olvido para darles una segunda oportunidad en la inmortalidad de la palabra escrita.

Iván Sánchez-Moreno | Relacionados | Fotos: Cedidas por el autor / The Barbados Museum & Historical Society