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Desvarío 2026

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Patio de la Sede del Distrito de Nou Barris. 18 de Julio de 2026

Última noche del Festival Desvario 2026, y una plaza llena para recibir al bailador más internacional del momento. El sevillano Israel Galván, que presentaba «La edad de Oro«, un espectáculo del 2005, pero Galván es imprevisible, por lo que no importa si presenta algo que inventó hace veinte años, o la semana pasada.
Pero vayamos paso a paso. Los encargados de abrir eran Mariví Blasco (voz), Pedro Barragán (guitarra) y Gal Maestro (contrabajo).
La valenciana Mariví Blasco es una soprano especializada en música barroca, que actualmente reside en Sevilla,  como Pedro Barragán que nació en Barcelona, pero también se trasladó a Sevilla para ampliar su formación como guitarrista,  y la israelita Gal Maestro que también reside en la ciudad bética, donde compagina perfectamente el jazz con sus colaboraciones con el flamenco.
El espectáculo lo han titulado «La fuerza de las cosas«. No sé cuanto tiempo llevan con la idea, pero me gustó mucho la fusión que han conseguido, y estoy seguro de que todavía pueden ampliar repertorio. De momento juegan con composiciones flamencas de Barragán (temas de su disco «Chinitas» 2021) y fragmentos de compositores clásicos como Monteverdi o Purcell.
La guitarra sabe sonar clásica para mezclar peteneras (de ambos lados del océano) con el tema «Chinitas» de Barragán. En la famosa petenera mexicana, Blasco dejó constancia de su facilidad para otros registros.
Barragán se explayaba como solista para introducir “Lamento della Ninfa” (Monteverdi) con una guitarra que volaba festera. Un contraste mágico. El contrabajo de Maestro se lanza en un solo que va descubriendo una soleá, si Miles lo hizo con su trompeta ¿Por qué no lo puede hacer ella?. El público lo celebra, se pasa al arco para acompañar, con gran tensión a Blasco, que se va a Camarón con “El espejo en que te miras”Barragán discretamente se une y encuentra su espacio, para pasar de la soleá al fandango y después a un par de composiciones suyas, «Begonia» y «Llanes«.
Los dúos de Maestro con Barragán demuestran la buena conexión de los dos músicos y presagian esas nuevas aventuras que presentía. Momento genial cuando se pasan los tres a ejercer de percusionistas.
Recordarían aquellas «Jácaras» de nuestro Siglo de Oro. Después nos representó Blasco una escena de la ópera Dido y Eneas de Purcell, volverían al Siglo de Oro con letras de Lope de Vega. De nuevo Monteverdi con «Si conoce é il tormento«. Comentaba Blasco, que era muy barroco y muy flamenco. Maestro vuelve al arco y Barragán maneja con soltura los acompañamientos, para que no invadan a esa voz que se eleva segura en una noche muy especial. Para terminar, «Sé que me muero» del compositor francés del siglo XVII Jean Baptiste Lully. Las cuerdas modernizando sin miedo, pero con respeto.
Y vamos con la segunda parte, un Israel Galván que venía acompañado por María Marín al cante y Rafael Rodríguez a la guitarra. A Rafael Rodríguez lo hemos escuchado muchas veces en El Dorado, es toda una garantía. María Marín había estado en el Desvarío del 2022, pero no la pude ver. Fue una grata sorpresa. La de Utrera, es una compositora, guitarrista y cantaora. Atento a su nuevo trabajo, «Las tres Marías» que presentará en La Bienal de Sevilla y también en La Fira Mediterránea de Manresa.
Como ya nos anunció Pedro Barragán (padre) a diferencia de las últimas veces que había estado Israel Galván por Barcelona, en este espectáculo, los tres músicos tienen igual protagonismo. Aunque siempre las miradas se dirigen al baile por su libertad interpretativa, en ningún caso se erige como líder, y los tres intérpretes saben estar al servicio de sus compañeros.
Quiero destacar también la importancia de las luces, esas sombras en que Galván se mueve con misterio, como Joseph Cotten en «El tercer hombre» y el sonido; ¿cómo conseguir que la parte derecha del escenario (desde la visión del público) estuviera sonorizada aumentando los graves?, consiguiendo unas sensaciones muy interesantes. O escuchar con nitidez pequeños sonidos como las castañuelas de Galván¡se agradece!.
A la izquierda la voz de Marín, en medio la guitarra de Rodríguez, preparados, a la derecha saliendo de las sombras, Israel Galván, en un solo percusivo arrebatador. Entra la guitarra, se hermana con el baile y la voz nos pasea por las coplillas de “Un charco y una fuente”, letras que se han cantado indistintamente a ambos lados del Atlántico. Arranca Rodríguez por soleá y la voz de Marín suena sincera y segura. Galván acompañando pero sabiendo que guitarra y voz son ahora los líderes. La guitarra va ganando velocidad y eso sí que le permite al bailador aportar ahora sus singularidades. Otra vez el dúo guitarra baile lanzados sin frenos.
Entrada larga y profunda de Rodríguez para dar paso a la Malagueña de Chacón, o de Gayarrito (según autores) esa guitarra suena increíble, incluso en un espacio abierto tan grande, y Marín canta con temple. Cuando se hace el silencio, Galván, que está sentado en una silla, empieza a rascar con los pies, susurrando, templando, iniciando. Creando desde el minimalismo. Es único en estas series creativas, no sabes nunca hacia dónde te va a llevar. En estos momentos lo veo más percusionista que bailaor. Cuando Rodríguez entra con la guitarra, Galván saca, no sé de dónde, unas castañuelas, la guitarra calla, Galván aporta sonidos discretos y Marín se levanta y se va frente al bailaor, a cantar a pelo, esos cantes antiguos viscerales. Ahora el dúo es voz y percusiones/baile. Con broma final de Galván.
Gran momento de la guitarra que por momentos parece desdoblarse, este hombre es increíble. Las palmas refuerzan el efecto.
Se va Galván al lado izquierdo, largo en el suelo para conseguir esos graves que te comentaba, sigue allí, pero ahora con los taconeos, toda una secuencia de percusiones, es lo que más va a trabajar esta noche. Dando paso a unas letras de seguiriyas que tensaron más todavía el ambiente.
Había que rebajar un poco la tensión y qué mejor que irnos por tangos. Llevábamos una hora, el público feliz y ellos con ganas de seguir disfrutando. Ahora Rodríguez se iba a Cádiz, y nos deslumbraba con esa rapidez de toque. Para terminar, después de un recuerdo a etapas de espectáculos taurinos, se decidieron a intercambiar papeles, Rodríguez baila, Marín toca la guitarra, y Galván canta unas letrillas. Toda una fiesta. + info | Relacionados | Fotos: Joan Cortès

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