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Natalia Demidof: Una apuesta desastrosa

Natalia Demidoff: Una apuesta desastrosa

Cuatro Hojas (2026)

Natalia Demidoff, la autora de El alma de la música (Punto Rojo, 2014) que se centraba en la vida y la obra de varios músicos del Romanticismo, vuelve a la ficción en Una apuesta desastrosa (Cuatro Hojas, 2026), que es, en realidad, la reedición de una novela primeriza de cuando firmaba con el seudónimo de Mireya Cortés.

Las referencias musicales a los Beatles, Bob Dylan o un caduco Elvis Presley no son baladí en Una apuesta desastrosa, pues la historia arranca a finales del verano de 1969, tras los infaustos crímenes de la Familia Manson, la muerte de Robert Kennedy y el accidente homicida de su hermano Ted. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Natalia Demidof: Una apuesta desastrosa

La narración sigue las correrías de unas niñas pijas en un campus universitario de EEUU, “unas ineptas que venían a lucir sus vestidos, sus peinados de moda y a enseñar sus piernas en busca de marido”, en palabras de la propia autora (pág. 36). Las protagonistas son las autoproclamadas “Tres Gracias”, porque la que no es mona es que está cañón: la loba feromónica (Chesca), la perfeccionista y estiradilla (Erynn) y la enamoradiza patológica (Betty) y, como contrapunto masculino, un profesorzuelo reprimido y pedantucho, un machirulo pichabrava y un médico cojuelo torturado por el deseo incestuoso hacia su medio hermana, además de dos o tres pisaverdes algo aborregados que sirven poco más que para añadir azúcar a los corazones de las féminas en cuestión. El título de la obra, por descontado, es un adelanto de lo que será el origen del enredo: varios amigachos se rifan a las “Tres Gracias” como trofeos de conquista…

La historia se inscribe en la universidad de Wentworth, situada en Boston (Massachusetts). Aunque es una institución volcada totalmente a la tecnología, tampoco se nos refiere el tipo de carreras que cursan los personajes citados, pero en las que se imparten materias como electrónica, francés y física matemática. El WIT, sin embargo, se ha especializado a lo largo de los años en ingeniería, computación, diseño y gestión empresarial, pero a decir verdad sólo nos interesa durante el desarrollo de la novela si finalmente los muchachos pasarán o no a la acción según les dicte la promiscuidad latente que asoma en cada diálogo con las zagalas, y si conseguirán algún día romper con la dimensión vertical en sus interrelaciones.

Como ha quedado dicho, la autora desempolva el manuscrito de una de sus primeras novelas, pero adecuándola al estilo imperante en la actualidad, esto es, enfocándose en la síntesis de contenidos y la sencillez narrativa. Demidoff esquiva consecuentemente toda complejidad psicológica en sus personajes y apuesta en cambio por unos perfiles más arquetípicos, preocupándose ante todo por mantener el ritmo. Una apuesta desastrosa es, en conjunto, una novela para leer en la playa, lectura para adolescentes con prisa en la que la narración le resta espacio a las descripciones y los circunloquios internos y, por el contrario, agiliza la trama por medio de diálogos de culebrón. Nada que objetar si ésa era la intención de la misma autora que le dio brío a El alma de la música.

Se echa en falta un índice de capítulos y una dramatis personae que informe mínimamente de quién es quién, pues a menudo el lector se pierde entre tanto lío de nombres. Como elemento a destacar, las ilustraciones de portada y contraportada, que son obra de Bárbara Raya, la misma que amenizaba las páginas de la muy reivindicable Tras la puerta encantada (Cuatro Hojas, 2021), de la misma autora.

Iván Sánchez-Moreno | +info | Relacionados

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