Clàudia Colom

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Clàudia Colom
La Flor del dimoni. Microscopi, 2022

La Flor del Dimoni  [La Flor del demonio], es el primer disco de Clàudia Colom en solitario; un disco personal, con evidentes diferencias respecto a, Cor i Destral, su anterior trabajo, con Malva de Runa; el grupo que nació en el 2010, de la mano de la propia Clàudia Colom  y de Edu Giró, y que en el 2018 llegó a su fin. Ahora en este 2022, Clàudia Colom, comienza su andadura en solitario, no desde el punto estrictamente musical, porque ya hace unos años que está abocada a su nuevo proyecto, pero sí lo hace publicando su primer cedé.

La Flor del Dimoni, consta de doce temas, todos compuestos por ella misma, que continúan dentro de ese forma tan personal que, en el anterior grupo, Malva de Runa, ya habían definido como: “un intento de recuperar la tradición y fusionarla con los diferentes estilos modernos, para dotar a esa tradición de un sonido más fresco y adaptado, sin adulterar las esencias.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Clàudia Colom

Aunque esta misma definición nos podría servir para el nuevo trabajo de Clàudia Colom, son evidentes las diferencias entre uno y otro; si bien no abandona esa idea de buscar en la tradición la inspiración para sus nuevos temas. La mano de Efrén López, alma mater de L’Ham de foc, que fue el productor del disco que hizo Malva de Runa, se notaba de forma muy evidente, y con su presencia,  especialmente los arreglos musicales, le daba un aire muy personal al trabajo, muy, muy cercano al proyecto que el músico valenciano emprendió junto a Mara Aranda, en L’Ham de Foc, que abrió, sin ningún tipo de duda, un camino que muchos músicos siguieron, algunos de forma muy cercana, como era el caso de Malva de Runa. Entre los que, partiendo de aquella premisa, están llevando sus trabajos a territorios mucho más personales, está Clàudia Colom, que, después de su aventura musical con Edu Giró, nos ofrece un disco en el que, afortunadamente, ha conservado muchas de las mejores esencias de su trabajo con aquel primer grupo, como vamos a ver.

Lo primero que nos ha sorprendido es que, si bien la parte instrumental era ya entonces de una calidad notable, Clàudia Colom ha prescindido, para su estreno discográfico, de todos los integrantes —si no estoy confundido—, del grupo anterior. Empezando por los productores, que en este han sido, Jan Valls y Emili Bosch; y siguiendo con los músicos, que son, Anna Godoy, con al arpa clásica de pedales; Jesús Olivares, con el baglamá, el laúd renacentista y la guitarra española; quien toca el violoncelo es Jofre Gibert; Carlos Ramírez, está como intérprete de la lira de Creta; Carlos Ronda, con el udu, y Christos Barbas con el ney, completan el elenco. Un nutrido número de músicos que logran un sonido compacto, con unas percusiones más acordes, en este caso, con su labor de remarcar las harmonías de las cuerdas. Este cambio de componentes entre sus acompañantes, casi — y digo casi—, podría quedar como algo anecdótico, porque lo que ha conservado Clàudia Colom en este trabajo, respecto a su bagaje musical anterior, es mucho más importante que esto, teniendo en cuenta que la actual formación está escogida perfectamente para acompañar el actual proyecto.

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Vamos a situar a la artista en su contexto para entender algunas de sus características como compositora e intérprete. Clàudia Colom nace en La Seu d’Urgell, en Lleida, en el 1988. En el 2005 se traslada a Barcelona para estudiar ballet clásico, graduándose posteriormente en Filologia Catalana; hace un máster en Culturas Medievales en la Universidad de Barcelona y, actualmente, cursa un doctorado en Lenguas y Culturas Románicas en la Universidad Autónoma de Barcelona. De esta trayectoria académica se desprenden dos de las características principales que se reflejan en su trabajo: la poesía, los textos; y unas notas coreográficas que, partiendo del ballet, ahora se decantan hacia la danza persa clásica.

En sus directos cuida de forma especial sus movimientos en la escena, expresando con su cuerpo aquello que, a la vez, transmite con la palabra, en esos textos que tanta importancia tienen en sus canciones, como base fundamental para incorporar unas músicas que los potencien. Estos son tres de los pétalos que forman parte de la corola de esa flor que surge de su trabajo: movimiento, texto y melodía. El cuarto pétalo es algo inherente a ella: su voz y su forma de cantar. Han sido estas las principales características que Clàudia Colom ha sabido y ha tenido el acierto de conservar, en este brote vegetal que pertenece al diablo. Una flor que en ella se transforma en algo sensual, porque no es tan solo su presencia en escena o en las fotos que refuerzan esta sensación —por cierto, magnífico trabajo, como siempre, de las fotógrafas, Mònica Quintana, para el libreto del disco y de Laura Soriano para  el cartel—; son sus letras, las sugerentes músicas que las acompañan, y su voz, cargada de contenidos, quienes  transmiten esta atmósfera.

La Flor del Dimoni, es un disco con un concepto que nos lleva por unos territorios que, a través de diferentes flores citadas en cada uno de los textos, nos acercan temas tan trascendentales como son el amor, la muerte, el sexo y Dios; además de ese diablo omnipresente en todo el disco, ya desde su mismo título.

No vamos a hacer ahora un analisis demasiado exhaustivo de los temas del trabajo, labor que aplazamos para poder hacerla conjuntamente con la misma Clàudia Colom, cuando tengamos ocasión de conversar con ella, con la idea de ir desgranando el significado  — ¿oculto?— de ese jardín que nos ofrece en su disco, a través de las canciones que, sin solución de continuidad, se van sucediendo unas tras otras, todas ellas con su referente floral correspondiente.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Clàudia Colom

Comienza el disco con, Tòxic d’amor, donde las caputxines [capuchinas], son las protagonistas. Una flor que tiene un significado de obediencia, dentro de esos significados tan variables que algunos les dan. Las cuerdas van rodeando la voz de Clàudia Colom, en un crescendo que desde el mismo principio del tema, nos va llevando por la toxicidad del amor, hacia L’última flor, con esos coros finales,

La protagonista de, L’última flor, es la rosa, llena de diferentes significados, entre ellos el amor, que aquí se nos presenta en toda su carnalidad, potenciando esa sensación, a través de un ritmo marcadamente repetitivo.

En, El palau d’absenta [El palacio de absenta], es la lilà [lila] la que, con su humildad, nos habla de esos amores inciertos por donde se mueve, sincopadamente, la melodía.

Una sincopa que se multiplica con ese gladiol [gladiolo], signo de fuerza y esperanza que protagoniza las pesadillas que, L’espantacriatures [El asusta criaturas], vive tras un potente episodio amoroso.

Lliri d’horror [Lirio de horror], es un suave recorrido hacia ese lliri, de tantos colores y significados diferentes, a través del que nos dirige hacia el amor cegador.

Seguimos con, Invertebrat  [Invertebrado], un tema que nos transporta de manera pausada por los caminos de esos amores que, a pesar de la belleza de las orquídies [orquídeas] que los acompañan, nos acercan al infierno.

Y es en el infierno donde nos espera, La flor del Dimoni, una flor blanca que, a pesar de su color, no nos aboca hacia la claridad, a pesar de ese tempo, como de marcha, con el que empieza el tema. Paradójicamente, Clàudia Colom, dedica esta canción: “Al dimoni, en qui he conegut la llum” [Al demonio, en quien he conocido la luz].

Dedicada, en este caso, “A Chrétien de Troyes, per haver escrit El cavaller de la carreta” [A Chrétien de Troyes, por haber escrito El caballero de la carreta], El Clavell i la Carreta, es un acercamiento hacia Dios, con ese juego de voces que nos hablan de ese inocente clavell [clavel] que le acerca a Él, como un penitente; y que le lleva hacia Els crisantems a la tomba [Los crisantemos en la tumba].

Els crisantems a la tomba, está dedicada: “A la meva ànima, que un dia va voler sortir del meu cos; i a Déu, que va mantenir-nos unides” [A mi alma, que un día quiso salir de mi cuerpo; y a Dios, que nos mantuvo unidas]. Desde una melodía llena de sentimientos, nos habla de esos crisantemos, imagen de la eternidad, que se marchitan en la tumba, como signo de que aún no ha llegado el momento de partir.

yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Clàudia ColomDe l’amor i del gessamí [Del amor y del jazmín], está dedicada: “Al Tristany, a qui estimo molt més encara” [A Tristany, a quien quiero aún mucho más].Una dulce canción que dedica  a ese amor que ha desaparecido, como un jazmín, pero cuya fragancia se mantiene a pesar de todo.

Otra dedicatoria de amor: “Al Pere Carrotes, a qui també estimo encara” [A Pere Carrotes, a quien también quiero aún], la que lleva, Tres ratolins i un pixallits [Tres ratoncillos y un diente de león]. El diente de león, la volátil flor, en su significado, nos trae esa felicidad que nos evoca la infancia, en esta especie de juego infantil en el que, se convierte, aparentemente, la canción.

Acaba el disco con Àngela, un tema de dedicatoria contundente: “Als meus pares i a la meva germana” [A mis padres y a mi hermana]. Una canción que pasa por diferentes estadios musicales, a través de unas gardènies [gardenias], que aquí cambian su significado de amor secreto, por el de amor público. Es un amor que no quiere que la anule: “perquè no vull deixar d’estar amb mi” [porque no quiero dejar de estar conmigo], como nos acaba diciendo el texto, en un crescendo musical que aboca a un final lleno de fuerza, con el que acaba esta extensa canción de más de 40 minutos que es, La Flor del dimoni, que aunque Clàudia Colom ha dividido en doce partes, mantiene una lectura continuada, sin pausas, durante por todo su desarrollo.

La Flor del dimoni, es un disco que requiere una escucha atenta, con unos textos llenos de imágenes y significados que solicitan ser seguidos con delicadeza y cuidado, para poder disfrutar del contenido de las letras y de su perfecta adecuación a las músicas creadas para ellas. Clàudia Colom ha presentado este trabajo que conforma un paso más en su carrera artística —su polifacética carrera artística—, continuando con esa evolución tan positiva de la que estamos siendo testigos todos aquellos que vamos siguiendo su trayectoria.

Estamos agradablemente obligados a hablar con Clàudia Colom de La flor de dimoni — esencialmente para conversar sobre, sus claves y su trasfondo—; y a verla en directo —lo cual, desafortunadamente, no pudimos hacer en su momento, en la presentación del trabajo en el Festival Tradicionarius de Barcelona—. Y de esa manera, poder conversar con ella de las muchas otras cosas relacionadas con sus múltiples trabajos artísticos, que tanto nos interesan, disfrutando de todo aquello que ella nos pueda ir explicando. + Info | Relacionado | Fotos: Laura Soriano y Mònica Quintana |  Texto: Federico Francesch | DESAFINADO RADIO | Programa de radio correspondiente