Zen Hôyô
La japonesa es una de las tradiciones musicales más longevas en la historia del mundo, pues se conoce desde el siglo V a.C. Inicialmente muy influida por la música continental (léase china), comenzaría a independizarse formalmente entre los siglos VIII y XII de nuestra era, derivando progresivamente en distintos géneros que hoy conocemos en el lado occidental a través de películas y otros estereotipos culturales: el gagaku de cámara, que generalmente complementaba una danza; el característico canto del shômyô y el wasan (éste ya con textos en japonés); el heikyoku, coplas épicas con acompañamiento de laúd (o biwa, siguiendo la etimología y el diseño original); el teatro nô; etc. Mención aparte merece la riqueza cromática de sus instrumentos, basados en los acentos y no tanto en las melodías tonales europeas, y cuya exótica sonoridad podemos apreciar en muchos discos de pop-rock: la cítara koto (adoptada por David Bowie en su trilogía berlinesa, por ejemplo); la flauta shakuhachi (en varios trabajos de otro David: Sylvian); el laúd shamisen (en alguna esporádica pieza de otro David, de
Por lo que respecta a la llegada del budismo a Japón, su introducción en la cultura nipona es relativamente reciente, en comparación. Proveniente de la Índia (se cree que nació en el siglo VI a.C.), se enraizaría en las costumbres locales a partir del VI… d.C. Entremedias tuvo que consolidarse lentamente en la liturgia de la vecina China. La plena autonomía formal y musical del budismo japonés alcanzaría su cénit entre los siglos X y XII, antes de la reforma conservadora que la crisis político-económica del país afectara incluso en los niveles culturales (…como siempre suele ocurrir). Tras varios cambios dogmáticos en el núcleo espiritual japonés, el canto religioso se simplificó drásticamente, imponiéndose de nuevo los sutras en las lenguas primigenias del budismo (entre ellas el sánscrito), por lo que mucho del legado anterior se ha perdido irremediablemente.
La vacuidad a la que aspiran los fieles a través del canto zen no se dirige a una noción nihilista, sino a un sentido positivo de paz y armonía con la naturaleza. Partiendo de una ética individualista y una concepción panteísta de la vida, el propio término zen refiere la “serena tranquilidad o meditación”. Por dicha razón, este cd queda prohibido para una escucha de fondo, perdiéndose sus matices, texturas y detalles. No se trata de “música al uso”, sino de una experiencia impresionante –esto es, ideada como praxis sensitiva–, que exige de una disciplina atenta y una disposición psicológica y fisiológica muy concretas. Caer en el tópico reduccionista de que la música zen es “relajante” es tan antropocéntricamente falaz como afirmar que el canto gregoriano conmueve el alma, sea esto lo que diablos sea.
La grabación –de una calidad técnica exquisita– de este cd corresponde a un servicio religioso de la secta Rinzai del pasado 2008, en la iglesia Shinju-an del precioso templo Daitokuji de Kyôto. La celebración, constituida por doce secuencias interpretadas sin interrupción, está estructurada con pasajes instrumentales alternados con rezos sutras, además de intensos silencios cargados de significado. El título no 

