Karl Jenkins – L’home armat

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L`Home Armat de Karl Jenkins |
Festival Grec
Teatre Grec, Barcelona, 13 de julio de 2012

Todo comenzó con L’homme armé, una marcha popular francesa del siglo XV que Karl Jenkins (Soft Machine, Adiemus) usó como base para su personal Misa para la paz. Su intención –loable, por otra parte– era combinar diversas formas musicales de todas las épocas y culturas, con el fin de hermanar a los pueblos del mundo en una sola obra sinfónico-coral. Pero enfrascarse en una hazaña de tal enjundia es una tarea ambiciosa, y más aún si proviene de un autor algo limitadito, creativamente hablando. Así, aunque recicle giros estilísticos de toda índole –el Dies Irae medieval, el Requiem de Verdi y de Fauré, el War Requiem de Britten, el Nuevo Mundo de Dvorak, Los Planetas de Holst y ciertos guiños a John Barry, John Williams y George Delerue–, los esfuerzos por embellecer lo que no es más que una estructura repetitiva apoyada exclusivamente en los ritmos no engaña a nadie: cualquier cosa firmada por Jenkins suena inevitablemente a Adiemus.

Lo que para algunos ha sido catalogado en la pestaña del minimalismo, para otros no sobrepasa el clasicismo más remilgado y efectista, envuelto pomposamente en una épica de celofán de inspiración cinematográfica. Al respecto, la adaptación para banda de vientos no ayudó mucho a ignorar los handicaps de Jenkins, haciéndose más evidentes las costuras ornamentales y los vacíos en los desarrollos. Jenkins es un compositor amable, pero no brillante, y sus obras adolecen precisamente de ese exceso de azúcar que puede sobrecargar un poco a su público. Piezas como Sanctus y Charge podrían encajar a la perfección en un disco de Adiemus, por mucho que el autor los trasvista de fanfarria de peplum o de jiga escocesa.

A la versión que ofreció Salvador Brotons al frente de la Banda Municipal de Barcelona y la Coral Càrmina no se le notaba el pulso. Y esto resulta raro en quien ha dirigido tan magistralmente conjuntos como la Orquestra Simfònica de Catalunya –a la edición de Compositors catalans (OBC, 1995) nos remitimos como prueba de lo que estamos afirmando–. A esta misa le faltaba fuerza y le sobraba languidez, como a Brotons tanta pose innecesaria que recordaba los enojosos excesos gestuales de Eiji Oue, ex–titular de la citada formación. Las voces solistas no parecían tampoco bien conjuntadas, y la coral no tuvo su mejor día (sobre todo en lo tocante a las voces más agudas). El concierto se acompañó en todo momento de la proyección sobre el muro del Teatre Grec de imágenes alusivas a la guerra y sus consecuencias, una fórmula que terminó empachando, llegando incluso a estorbar o condicionar demasiado la narrativa sentimental de la obra. Si una música es lo suficientemente buena no necesita más recursos que su propia escucha. Pero la insistencia en poner representación a lo que la partitura describe denota las deficiencias de una obra que no consigue transmitir lo que pretende.

Tras el bis –una vuelta de tuerca a la pieza que cierra la misa, Better Is Peace–, el inquietante sonido de un avión sobrevolando los cielos fue lo único que nos provocó la angustia que la fallida obra de Jenkins (y sus discutibles arreglos) no alcanzó a exponer.  +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno