Juan Martín Scalerandi y Víctor Franco

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Sandaru. SFB El Dorado. 21 del 3 del 2024

La SFB El Dorado, sigue en su línea de colaboraciones con otras entidades culturales de la ciudad, en esta ocasión con Casa América Catalunya.
La propuesta, a pesar del título rimbombante, «De Sures y Surerías, Seis rumbos de allende los mares» era simple y atractiva. Proponer que dos guitarristas que no se conocían, prepararan un concierto dónde hermanar el flamenco y el folclore argentino.
Para el flamenco el escogido era el gaditano Víctor Franco, que tuvimos viviendo por Barcelona un tiempo, estudiando con maestros como Pedro Javier González o Juan Gómez Chicuelo (ambos presentes en la sala) y que había estado tocando en esta misma sala con el lebrijano Rycardo Moreno.
Por parte argentina, el escogido era Juan Martín Scalarendi, compositor, investigador y docente de la música de la llanura pampeana. Me pareció muy correcto el hecho de que ambos guitarristas permanecieran siempre en escena, aunque fueran alternando la participación, a veces en solitario y otras a dúo.
Empezó Scalerandi (ataviado para la ocasión) con unas décimas iniciales que creo que no llegaron a cuajar demasiado entre el público (poco especializado en el tema) pero que sirvieron sin duda para que tuviésemos claro que Scalerandi venía con intención de que el concierto tuviese un aire pedagógico.
Otra cosa distinta fue la propuesta musical, que me pareció muy interesante, demostrando su buen nivel como instrumentista. Empezó con una Cifra (viejo género musical de los juglares allá por el año 1800) Música para conmemorar triunfos de la revolución argentina.
Era el turno de Franco y empezó por tarantas, el gaditano, ahora residiendo en Madrid ya tiene la soltura y la profesionalidad necesaria para emocionar como concertista y sin duda fue una noche de triunfo.
Scalerandi, que estaba claro que entre mate y mate iba a ser el encargado de narrar el contenido del concierto. Era el momento de compartir y escogieron trabajar conjuntamente Los ejes de mi carreta, explicó Scalerandi que aunque todos conocemos a Atahualpa Yupanqui, el autor de la letra fue el poeta  Romildo Risso (menos famoso) autor  según Scalerandi influyó notablemente en la filosofía que atribuimos al personaje de Yupanqui.
La conjunción de las dos guitarras fue hermosa, la idea de trabajar juntos funcionó en esta canción y era un gozo ver como dos guitarristas tan diferentes, aportaban desde su estilo sutilezas que vestían de otros colores al tema. Alternando la voz solista que punteaban las famosas letras.
Siguió Scalerandi explicando él porque  de la nueva propuesta, reconoció que la música popular que él trabajaba tenía una base en la guitarra flamenca, que a él siempre le había fascinado. Siguió con otra cifra titulada Vihuela entristecida. Aquí se acompañó de la voz, pero era la guitarra la protagonista. Una guitarra que sonaba preciosa (ambos valoraron la labor del siempre eficiente técnico de la sala)
Era el turno de Franco y como gaditano quiso tocar un poco por alegrías. Estaba Franco muy a gusto como concertista y nos brindó unas alegrías verdaderamente originales, yendo mucho más allá de los acordes que hubiese usado acompañando al cante.
El siguiente tema lo presentó Franco diciendo que eran unos fandangos que le había pasado a Scalerandi para que inventase una segunda voz. Fue un momento de trabajo conjunto que a un servidor le hubiese gustado que hubiese sido la tónica general de la noche.
Scalerandi vuelve a tomar el micro para explicar más ejemplos de fusión musical. Nos contó que hay estilos en La Pampa argentina que son originales de España, pero que muy poca gente lo sabe. Uno de ellos es El sueño
En fin, que Scalerandi hizo una fusión (exclusiva para hoy)  de la décima de El sueño, luego un instrumental y una tercera parte que sería la vidalita que conocemos pero al estilo de La Pampa. El resultado, todo un trabajo de un músico que vive apasionadamente lo que toca y lo que explica.
Vuelven a trabajar juntos, ahora con una de nuestras joyas atemporales, Ojos verdes, vuelven a repartirse los fraseos, y aunque es verdad que Franco le saca unos arreglos preciosos, Scalerandi no le va  la zaga a la hora de adornar el tema. Seguían con un tango argentino (y aprovechó Scalerandi para explicar, como dos célebres bandoneistas del sexteto de Julio Caro, Pedro Maffia y Pedro Laurenz, fueron los responsables de todo lo que sería después el tango)
El tango era Amurado y quiso dedicárselo a unos amigos argentinos. Franco supo estar a la altura y acompañar con soltura a Scalerandi. El público así lo entendió y lo celebró. Siguió Scalerandi con una danza bonaerense que se llama Malambo, explicó que se trata de una danza que ejecuta un hombre solo y hace “mudanzas” con los pies. Una danza muy compleja que hoy en día se ha convertido en una competición muy famosa en Argentina, en que se premia a los bailarines y como no a su acompañante en la guitarra. La volvió a introducir con otras décimas. Y el toque era una música rica en armónicos y con un ritmo complejo (costaba imaginar cómo se podía bailar)
Quiso terminar Víctor Franco por bulerías, y empezó desgranando algunos acordes de La leyenda del tiempo y después paseo por dónde quiso. Volvió a mostrar su libertad interpretativa y su conocimiento de lo clásico. Excelente.
Templaron, ambos estaban exigentes con su sonido y escogieron unos tangos que ya ha sacado Víctor Franco como primicia de su próximo disco, para cerrar una noche de fusiones. Mientras Franco se lucía con todos los recursos de un buen guitarrista de flamenco, Scalerandi sin pretender sonar flamenco, aportaba sonidos (sin patria) que sientan bien a cualquier folclore porque salen del alma del músico, con la finalidad de acompañar.  + info |relacionados | Dibujos: Pedro Strukelj

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