Erik Truffaz

ErikTruffaz
Erik Truffaz
Auditori, Girona. 9 de febrero del 2013

Noche fría y carnavalera, pero todavía tubo suficiente público la propuesta del trompetista suizo – francés. Le será difícil a Truffaz evitar las comparaciones con el maestro Miles Davis, esa claridad de sonido, esas ganas de probar nuevas músicas y sobre todo el gusto por la tecnología. Las comparaciones todavía son más claras con músicos como Benoit Corboz (que recordaba al quinteto de Davis con Herbie Hanckock). Corboz acompaña al trompetista desde hace un par de años a partir de In Between, Blue Note, 2010. Corboz además de músico es ingeniero de sonido y por lo tanto responsable de buena parte de las nuevas direcciones sonoras del cuarteto, aun que me pareció que el sonido del teclado de Corboz resultaba demasiado elevado para Truffaz, tuvo que ponerse protecciones en ambos oídos disimuladamente en un par de ocasiones, y es que el trompetista no es de los que les gusta gritar, una vez más demostró que tanto cuando usa la sordina (rememorando el más puro sonido Nueva Orleans) como cuando prefiere el pedal con micro incorporado en su trompeta, su sonido siempre queda dentro de la música que está produciendo el grupo, sin querer sobresalir, La sección rítmica como siempre formada por Marcello Giuliani al bajo eléctrico y Marc Erbetta a la batería, estos músicos han acompañado a Truffaz prácticamente desde sus inicios, aun que de todos es sabido que Truffaz en sus 17 discos, ha tenido formaciones de lo más diversas. Recuerda las tres producciones del 2008, Paris, Mexico y Benares. El concierto de Girona cerraba una mini gira española para presentar El tiempo de la revolución, Blue note, 2013. Fue un concierto breve pero intenso, empezó dejando claro que el drum & bass es su bandera de presentación, y aun que el bajo de Giuliani tardaba en escucharse debidamente, la batería de Erbetta estuvo segura y contundente, tanto en sus pulsaciones más funkys como en momentos más tribales (aporreando solo con sus dos manos) Erbetta consiguió sin necesidad de solos (normalmente aburridos) ganarse el fervor del público. Truffaz y Corboz se repartían los liderazgos de los temas, cuando Corboz se sentaba en los teclados, conseguía atmosferas densas y sofisticadas, cuando se iba al piano de cola (más por petición de Truffaz que por gusto propio) el jazz más clásico se instalaba en el auditorio, en uno de estos temas Erbetta desaparece, Corboz parece acordarse de Satie y con unos suaves punteos de bajo, la trompeta del maestro sin gritar, sin querer sobresalir con unos sonidos cristalinos nos deja sus notas precisas, concretas, atemporales y un servidor no puede menos que recordar a Chet Baker. Hacía escasamente una hora y los músicos abaldonaban el escenario, el público en largo aplauso no lo permite, hay un bis donde el drum & bass vuelve a instalarse en el ambiente, vuelven a marchar pero nadie lo va a consentir. Indeciso entre la sordina y el pedal vuelve a decidirse por los nuevos tiempos y cierra con una descarga donde Corboz vuelve a imponer su tempo, no fue una noche arriesgada como en otras ocasiones, recuerdo una especial en Terrassa en que la serenidad de Truffaz y la desenfrenada guitarra de Manu Codgia consiguieron un clima de los que se te quedan grabados para siempre (es lo que tiene el jazz). Pero sí que supo ofrecer una música bien elaborada y servida con profesionalidad, que ya es mucho. + info | relacionados | Candido Querol