Julián Solarz Grupo

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“Resonancia”. Música de Frederic Mompou. Ears & eyes, 2023

Carmen Bravo, pianista, pedagoga y esposa de Frederic Mompou, refiriéndose a “Música Callada” le decía a su marido. “Esta música, no la entenderá nadie” a lo que Mompou le respondía, “Música calladano pretende volar más que unos cuantos centímetros hacia la atmósfera, pero sí, penetrar en las regiones más profundas de nuestro espíritu.
Frederic Mompou i Dencausse (Barcelona, 1893 – 1987) es sin duda uno de nuestros compositores más importantes de todos los tiempos. No es Solarz el primero en bucear en la obra de Mompou, por si no lo conoces, te recomiendo un trabajo de Lluís Vidal trío, Mompiana Universal/Emercy 2009. El pianista reunía junto a su trío (Kamaguchi / Xirgu) dos grandes “pitos”, nada menos que a Sambeat y a Dave Douglas. El disco es de lo mejorcito que se ha hecho en este país.
Ahora, el compositor argentino Julián Solarz, para este “Resonancia”. Música de Frederic Mompou. Ears & eyes, 2023 mantiene la idea de los dos “pitos” con Lucas Goicoechea (saxo alto) e Inti Sabey (clarinete) pero añade la guitarra de Juan Filipelli, al igual que se hacía en los sextetos del nuevo tango. Y por supuesto, el mismo Solarz en piano, arreglos y dirección, junto a la sección rítmica. Hernán Cassibba (contrabajo) y Carto Brandán (batería)
Fue Guillermo Klein, cuándo era profesor de Solarz.  Quién le habló de Mompou por primera vez, desde entonces, el pianista no ha dejado de sentirse fascinado por su música. Usando ya una frase de Mompou para su primer disco, La palabra no dicha. Ahora en este “Resonancia” que en Europa edita Microscopi, el compositor, pianista y percusionista argentino, ha querido entrar totalmente en una de las obras fundamentales de Mompou: Música callada, y abordarla, según explica Solarz, de dos maneras bien diferenciadas: Unas piezas están arregladas y orquestadas con toda la música escrita y pautada y en las otras, el grupo improvisa sobre la música que cada intérprete tiene en su atril. ¡Te invito a descubrirlas! 
Son ocho cortes de música callada, algunos más conocidos que otros, y un par de temas de otras obras.
Voy a evitar cada vez lo de Música Callada y escribiré solo el número. Desde el primer tema (Nº1) sorprende la importancia de los dos “pitos” saxo y clarinete que ejercen de solistas, y el acompañamiento rítmico de la batería. No es lo que uno espera de un disco de un pianista sobre la música de otro pianista. Pronto podrás descubrir en segundo plano, la guitarra de Filipelli. Pero son sin duda los vientos los protagonistas de este inicio.
En el siguiente tema (Nº 16) es el piano el encargado de desdoblarse para, ahora sí, llevarnos a ese mundo minimalista. Después deja que el clarinete y el saxo “canten” la melodía, pero en ningún momento le quitan el protagonismo al piano.
El tercer tema (Nº 20) un servidor empieza a quedarse ya con la línea del contrabajo y ese acercamiento al jazz. Ha entrado con una naturalidad asombrosa en el mundo de un cuarteto típico de jazz. Y creo que Cassibba y su contrabajo han sido fundamentales para ese giro.
(Nº 11), es de nuevo el piano quién arranca con compases “fieles” a Mompou, pero ahora será la batería de Brandán, la encargada de  “alterar” la composición y hacerla “diferente”.
Es como si Solarz quisiese dar juego a todos sus músicos, por algo están aquí. Ahora en este (Nº9) es la guitarra, muy discreta pero con un aporte esencial. Al principio solo una pincelada, pero en todo el puente del tema se erige en solista. Una guitarra a seguir de cerca, asomaros por Bandcamp que tiene cosas guapas.
Y llega, al menos para mí, el tema más conocido (Nº3), me es fácil trasladarme a la Semana Santa de Calanda. Parte de culpa la tiene de nuevo la batería, con ese juego de redoble característico de las procesiones religiosas. Aunque en la segunda parte del tema la libertad permite a los músicos alejarse tanto como quieren.
Siguen con (Nº28) volviendo al respeto absoluto por ese penetrar en las regiones más profundas de nuestro espíritu que advertía el maestro. De Mompou hasta Solarz, pasando quizás por Arvo Pärt.
Salimos por un momento de Música Callada y entramos en Planys (impresión íntima Nº1) Solarz vuelve a apoyarse en el clarinete para que ejerza de solista mientras que el resto de los músicos le acompañan en ese desarrollo clásico. Un tema muy respetuoso con el original, que nos sirve para acercarnos con facilidad a una música que ya tiene cerca de un siglo, pero que nunca deja de sorprendernos.
Vuelve el grupo a la Música callada (Nº25), empieza Brandán, desafiando ritmos, le acompaña el piano de Solarz (en segundo término) pero igual de irreverente. Se va sumando el resto de la banda, y si el saxo fuese Anthony Braxton  diríamos sin miramientos que es improvisación. ¡Pues eso!
Para terminar, Canción nº 7, las aguas vuelven a calmarse, el piano se muestra melódico, y se despide en solitario, dejando claro que combinar la impro con la melodía “bonita” no tiene por qué estar reñido. Un trabajo para escuchar con el respeto que merece, pero también con la libertad que propone. Un placer. + info | Dibujos: Pedro Strukelj

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