El Negro Iván García / «Traigo de todo»

ivan_el_negrocd.jpg El Negro Iván García
"Traigo de todo"
Duradisc / Actual Records, 2009

Su música huele a tierra y flor de palma, su voz sabe a tequeños y arepas, y ya su porte en escena es el de un mar embravecido. Así es (la obra de) Iván García, este negro  venezolano afincado en Barcelona que los aficionados a la lírica conocerán por sus colaboraciones con los maestros Jordi Savall y Carles Santos, entre otros. Pero que este dato no lleve a engaño porque, pese a abrir el disco con un valiente arreglo folklorizado del aria del catálogo del Don Giovanni mozartiano, el resto va por derroteros distintos con profusión de instrumentos étnicos que engalanan de ritmo y carne los 16 cortes de su primer disco solista. Cavaquinhos, tam-tams, bongós, djembés, tambores chimbangleros, batá y cumacos se combinan aquí con coros de soul, cuartetos de cuerda y bellos pasajes pianísticos (cortesía del gran Lorenzo Barriendos, director musical y productor) a partir del cancionero tradicional, propio y ajeno.
Las piezas deudoras de los cantos de esclavos (Oberibó Boobaha, Afro-Vocalise, Oggueré) emocionan por la potencia casi desnuda de la voz del bajo operístico de Iván. Otras perlas -como Quiero que me recuerdes, Noches sin candil o Lucerito– apuntan hacia otros géneros en atractivas mezcolanzas que bañan aguas foráneas a su origen. Porque la cultura mamada por todos no es una, sino (y en parte gracias a las nuevas tecnologías que nos unen hoy más que la palabra de Dios, como diría Teilhard de Chardin) hibridaciones particulares según el bagaje y la experiencia de cada oyente o creador. En el fondo, la música es un vestido del alma y, pese al apodo con que se presenta, la de Iván el Negro es multicolor. Por eso la cosa no acaba a orillas del Caribe, sino que sigue más allá, por derroteros de balada suave, flamenco nocturno, rico merengue, joropo bailongo, canciones de cuna, villancico barroco y fogoso soul, ya que hablamos del alma. También el listado de nombres que asoma por el disco denota esas inquietudes por hermanar estilos y tiempos, pasiones y gustos: Mateo Flecha, Aretha Franklin, Franco de Vita, Carlos Santana (ahí está en esencia en el corte que cierra el disco), Soledad Bravo y la Fundación Tony Manero, más un largo etcétera que sirva de ejemplo de esa voluntad por quebrantar las fronteras y construir puentes entre continentes. El título –Traigo de todo– es una honesta declaración de principios pero, aún así, todavía querrán más. Relacionados //  Iván Sánchez Moreno