Alfonso de Vilallonga

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CAT Tradicionarius, 2 de mayo de 2024

A Alfonso de Vilallonga (barón de Maldá y Maldanell y barón de Segur) se le ama o se le odia, no hay términos medios. Si no recuerdo mal, le sigo (intermitentemente) desde los 90 cuándo cayó en mis manos Bugui del conformista, Betibú 1995. Después comprobé que algunas de estas canciones ya habían aparecido en sus dos discos grabados en Boston, At the Edge y The end of an Era (Blue Jay Records, 1990-92) Después de Boston, nuestro hombre se traslada a Nueva York y estrena su Cabaret Rose. Para que veas que su afición al cabaret no le vino de repente la otra noche en su espectáculo en Tradicionarius.
Después, en los 90 empiezan sus bandas sonoras para las películas de Isabel Coixet, y sus premios internacionales como compositor, en esta faceta no ha hecho más que crecer día a día, en los últimos tiempos con varios premios Goya y Gaudí por las bandas sonoras que ha compuesto para las películas de Pablo Berger.
Pero será ya en el siglo XXI cuándo compone las canciones que más me atraen musicalmente; dos discos que siempre tengo cerca, Cábala y Danza (con Olvido Lanza) y Libérame (sin Olvido Lanza) no voy a entrar en más detalles. Solo que Libérame. Por sus letras y los músicos que acompañan a Vilallonga: Romas Cottwald, Jordi Bonell, Jordi Gaspar y Pau Figueres. Lo convierte en mi álbum referido. 
Hasta aquí, la historia del músico, la del personaje, mejor no entrar. Ahora vamos al momento musical.
Vilallonga volvió en el Tradicionarius al Cabaret y a la Chansón  Française. Empezaba explicando que la primera canción que recuerda haber escuchado, fue en francés y cantada por su madre.
Sentado delante del piano (que toca muy bien a pesar de su humildad) empezó la noche con La complainte de la butte, solo piano y voz. No tardó en levantarse e interpretar sin música Les mots d’amour, temas cortos, movimientos nerviosos, como cualquier showman necesita tiempo para encontrarse cómodo en escena, pero lo consiguió. El escenario, lleno de detalles que irán tomando relevancia con el paso del tiempo. De momento, coge un pequeño acordeón para interpretar J’ai le cafard (Echo de menos todo) mientras va “confesando” su situación emocional, a un público, que sabe que tiene rendido desde un principio. Hace tiempo que he entendido que el público principal de Vilallonga es de una determinada clase social y principalmente femenino. Seguramente, en otras ciudades, su fama como compositor de bandas sonoras le aportaría más público, pero no es el caso.
Pero no nos despistemos, mientras toca el acordeón la imagen que me aparece en el subconsciente es la del bardo Tom Waits en aquel Franks wild years, Island, 1987. El de California no le va a la zaga en cuanto a showman.
Y aparecen los músicos, Magali Datzira (contrabajo y voz) y Diego Hervalejo (piano y teclados) La note dacoté, One day someone. Hervalejo alterna teclados y piano según si Vilallonga lo ha dejado libre. Todo bien coordinado, el show está perfectamente definido, incluso la música grabada como en el caso del siguiente tema, Surabaya Johnny (momento álgido) toda la tragedia de Lotte Lenya llevada al directo, cabaret en estado puro, genial.
Les Chemins de l’amour y The secret marriage, le sirven a Vilallonga para seguir contándonos anécdotas personales, e incluso hablar de temas más frívolos como la política.
Se va, y deja a Datzira y Hervalejo con Je te veux, mención espacial para este dúo de jóvenes, interpretación genial del tema de Satie.
Vuelve Vilallonga, con peluca y su traje especial de ceremonias de entrega de Oscars, y siguen con Mad about the boy y Dass lied ist aus (esta última cantada en alemán) no tiene ningún problema para viajar de los espirituales negros de Dinah Washington a Marlene Dietrich y si hay que ir terminando, Vilallonga no dudará en bajar hasta el público para, ahora ya solo y con música de playback perfectamente coordinada, ofrecernos Rien de rien y ese Ne me quittes pas, tan cercano al recuerdo de su madre, ahora ya con pendientes y zapatos de tacón. Esos zapatos que estaban esperando desde el principio del espectáculo a que alguien los usase.
Por supuesto que hubo bis, invitó al trompetista David Pastor para Aprenderé verás y para finalizar, como si hubiese escuchado mi plegaria Si me dejas (con coros del público) Un éxito. + info | relacionados

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