Eduardo Paniagua – Varios títulos

varios-paniagua
Eduardo Paniagua
Varios títulos. Pneuma, 2010

“El Canto Visigótico-Mozárabe”

 

“Cantigas de Mujeres”

“Laúd Árabe: Diálogo de Civilizaciones”


Advertencia: El presente artículo les planteará un largo viaje que parte de la península ibérica y termina en las playas de Tetuán (Marruecos) para, desde allí, conquistar a continuación el resto del mundo. El trayecto alcanzará los últimos 15 siglos de historia a la velocidad del sonido (musical, se entiende), y todo ello sin necesidad de moverse del sitio. Pero empecemos por el principio…

En la Hispania del siglo V y VI, con centro político en Toledo, las misas litúrgicas asimilaron las influencias del culto visigodo, manifestándose en sus cantos y la arquitectura de sus iglesias (por ejemplo, las de San Miguel y San Félix en Toledo, San Zoilo en Córdoba, San Juan de Baños en Palencia, San Pedro de la Nave en Zamora). Un siglo más tarde fue la cultura mozárabe la que dejó su huella en la música y los edificios religiosos (San Quirze de Pedret, en Barcelona, da prueba de ello). La música era tratada como un arte ligado a la sabiduría antigua y la memoria colectiva de los pueblos. Retomando el legado pitagórico de la teoría de las esferas, San Isidoro de Sevilla afirmaba que oyendo la armonía se transmite la calma, se mantiene el orden del mundo interior y exterior, se hace vibrar a las almas, “enardece a los combatientes, anima a los navegantes, sostiene en su fatiga a los labriegos, aplaca los ánimos excitados” y “hasta las bestias se estremecen”, amansando sus iras irracionales.

La importancia de estas ideas se plasma en el uso y la particular aleación de sus campanas de bronce y metales nobles, en relación con lacodice reverberación en el interior de las iglesias –óigase a modo de ejemplo el mesmerizante himno a la Gloria que incluye el primer disco comentado–. Por desgracia, poco o casi nada queda de ello, pues con la posterior implantación del canto gregoriano nadie se preocupó de anotar o recomponer aquel complejo sistema melódico de la liturgia visigótico-mozárabe, con excepción de las miniaturas de los Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana y el Liber Ordinum del monasterio de San Millán de la Cogolla y de la Abadía de Silos, de los que se han extraído algunas de las piezas que se reúnen aquí. La otra fuente importante de este pasado semiolvidado es el Antifonario de León, del siglo X, el Códice Calixtino, del XII, y algunos cantos que se conservan a lo largo del Camino de Santiago, traídos oralmente por los peregrinos. Eso sí, la riqueza instrumental de antaño fue sustituida por otras tecnologías musicales de la época, como las del salterio, la gaita y los caramillos, hasta el momento inusuales aderezos ligados a los pueblos bárbaros. Recuperados luego por Alfonso X el Sabio, buena parte de este cancionero fue absorbido por las nuevas formas musicales de su momento.

El Canto Visigótico-Mozárabe: Santiago y la antigua liturgia hispana (Pneuma, 2010) recoge 10 piezas de este oscuro –por desconocido– período de la historia musical, con maravillosas interpretaciones del ensemble Musica Antigua dirigido por el prolífico Eduardo Paniagua. Desde el inicial Pacem Meam al responsorio fúnebre Surgam Et Ibo (que hará sin duda las delicias de los amantes de la psicodelia experimental), el disco en cuestión puede escucharse al margen de creencias personales. Cortes como las reposadas Lamentaciones de Jeremías quizá estorben por su excesiva duración y la desnudez de su formato, pero los apuntes de sutil percusión (de cuencos, campaniles, pandero y tintinabulum) y el sonido casi lisérgico de cuerdas y vientos es capaz de afectar al oyente más desprevenido, hasta sumirlo en un inquietante estado entre la duermevela y la semiinconsciencia, como muestra el Congaudeant Catholici que cierra el disco.

Más anecdótico en su propuesta resulta la compilación de Cantigas de Mujeres (Pneuma, 2010) compuestas por Alfonso X. Escogidas con el criterio de estar protagonizadas por devotas de la Virgen María, musa del poeta soberano, los 8 cortes narran las desventuras del género femenino en el medievo cristiano. El disco es un catálogo de historias macabras y sucesos con moraleja que sirve por igual como documento antropológico y social. Ni las monjas se salvan del acoso y el maltrato, dejando patente que la mujer era, al mismo tiempo, diana de las desgracias… pero también fuente y motivo del mal: algunas cantigas exponen la mezquindad de aquéllas que colgaron los hábitos para vivir en el pecado –asumiendo, con valentía y entereza, como sor Beatriz, el castigo divino a cambio de su libertad sexual–, los dones de la pureza –como se cuenta en La esposa calumniada, víctima de una suegra muy lagarta–, relecturas del mito de MedeaVirginidad prometida–, casos de anorexia nerviosa –con escatológico gore en Corazón de doncella– y milagros por conversión in extremis de Marisaltos, la judía de Segovia, laud-arabey La mora de Borja, una adúltera a la que despeñaron y una madre amatísima que vendió su alma por revivir a su hijito muerto. Para la ocasión, Eduardo Paniagua cuenta con la colaboración de Samira Kadiri, excelente cantante de Tetuán con una dicción perfecta y un emocionante dominio melismático.

Precisamente es en Tetuán, y dirigido por Kadiri junto a Mehdi Zouak, donde desde hace ya la friolera de 11 años que se celebra el Festival Internacional de Laúd Árabe, en el que han participado hasta la fecha más de un centenar de músicos de todo el mundo. El Laúd Árabe: Diálogo de Civilizaciones (Pneuma, 2010) reúne en dos Cds unas cuantas gotas de la última edición, algunas improvisadas y otras adaptaciones singulares de repertorios tradicionales. Además de las del citado Paniagua –responsable del sello que edita el recopilatorio y los otros dos discos referenciados–, deben destacarse las aportaciones del animoso Naseer Shamma, el festivo trío de Ahmed Fathi, el muy sugerente y onírico encuentro entre Oriente y Occidente de los grupos Andalus –integrado por tres colaboradores habituales de lo más granado del jazz y del flamenco patrio (como Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar y el llorado Enrique Morente, entre otros)– y 7ª Cuerda, liderado por Hussein Sabsabi, en cuyos cortes se baraja flamenco, blues e incluso guiños a La Pantera Rosa de Henry Mancini. Las mezclas más sui generis vienen de la mano del dúo marroquí Badaoui-Isbah y del greco-italiano-catalán compuesto por Yannis Papaionnou (Lucrecia, Miquel Gil, Omar Sosa, Kiko Veneno, Salif Keita, Macaco) y Franco Molinari (Nébeda, Mashalá, Kaulakau, Orquestra Simfònica de Barcelona), quienes juegan a fusionar jazz vanguardista, fandango, tarantella y sirtaki, entre otros estilos ajenos al marco del concierto, en contraste con otras miradas más clasicistas como las del Trio Tarab de Nasser Houari y Abdallah Issami.

Es éste uno de los mejores y más aplaudidos álbumes de la discográfica de Paniagua, que aunque parezca romper con la línea editorial habitual supone una continuidad lógica y adecuada de su catálogo de música antigua: una evidencia más de que la buena música no tiene edad y trasciende las fronteras del tiempo. Pneuma | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno