Sebastian Cruz & Raúl Cantizano. Zarabanda.

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Sandaru. SFB El Dorado 11 del 4 del 2024

El cantaor onubense Sebastian Cruz y el músico sevillano Raúl Cantizano, inauguraban el trimestre de la SFB El Dorado con una propuesta muy original. Según explicó Pedro Barragán, fue la película “Todas las mañanas del mundo” (Alain Corneau, 1991) la responsable de ese interés de Sebastián Cruz por la música de Marin Marais, interpretada por Jordi Savall en la película. Fue el detonante para que Cruz empezara a ver las posibilidades de trabajar con la música barroca.
Antes de entrar en la sala pude ver que el disco en cuestión, Zarabanda, ha sido editado por el prestigioso sello de Múnich, Winter & Winter. No creo que haya muchos músicos españoles que puedan presumir de ello.
Pero Cruz es un hombre de pocas palabras, y por supuesto no hizo ninguna referencia, ni a la venta de discos, ni siquiera a explicar lo que iba ocurriendo en el escenario, estaba bastante claro. Un cantaor con una voz que te atrapa desde el principio, con un esfuerzo continuo por llegar al límite (el disco está muy bien, pero en ningún momento tiene la intensidad de sacrificio que mostró el cantaor en ese concierto)
Empezaban con Cantizano tocando la hurdy-gurdy (zanfona inglesa), recordaba otro concierto de Cantizano, en esta misma sala, con Antonio Mantiel (Proscritos) en que también uso ese instrumento entre otros. Nació la Aurora, unas serranas que con el sonido envolvente del curioso instrumento y la voz profunda de Cruz adquirieron tintes mágicos. Además de ciertos ecos a la Aurora de Nueva York de Morente.
Se pasó a la guitarra Cantizano para ofrecernos unas malagueñas, Se me apareció la muerte, en el disco es Alfredo Lagos el guitarrista que acompaña a Cruz. Al día siguiente en el Museo Picasso sería Lagos el escudero de Cruz. Sebastián Cruz estaba dándolo todo y las malagueñas es un palo para lucirse, su cante era un reflejo de la profundidad de la letra, por momentos un servidor padecía por el esfuerzo del onubense. Terminaba el tema por abandolaos y el público estaba totalmente entregado.
Fue a buscar en la poesía de Lope de Vega (Desacordado de loco) esa relación tan curiosa que tiene el flamenco con la locura. Seguro que te lo has planteado alguna vez, ¿Qué conexión puede haber entre el flamenco y la locura? (nunca para burlarse de ella, sino para sentirla con la profundidad de la soledad o de otros sentimientos que aparecen en las letras flamencas) pero no nos pongamos filosóficos y sigamos con el concierto.
Tomó la palabra Cantizano, para anunciar que en la soleá que venía a continuación Arroyos sonoros, iba a iniciarla con una falseta del maestro Riqueni (que fue quien tocó este tema en el disco) e iba a intentar hacerlo bien. Por supuesto que lo consiguió.
Volvía Cantizano a la hurdy-gurdy para arrancar La noche, una canción que en el disco canta Cruz, acompañado del saxo barítono de Juan M. Jiménez y el bajo de Marco Serrato. Maneras difíciles de acercarse a la música barroca, pero el respeto y la aprobación del público del Dorado como siempre, envidiables. La propuesta era compleja, pero la entrega de los músicos estaba por encima de todo.
Arrancaba Cantizano, ahora por taranta, Siendo cenizas. La guitarra da paso pronto a la voz, que sigue rebuscando entre la poesía romántica. La voz sube y baja sin romper el hechizo y la guitarra, aunque discreta, suena segura y dichosa en los espacios en que puede entrar. La voz sube, como en los espirituales negros, hasta tocar el cielo.
Pasamos a palos más alegres, unos tanguillos titulados Amada pastora mía, la guitarra juega risueña, y Cruz encadena a toda velocidad las letras pastoriles. Además de acompañar a las palmas.
Entrada de Cantizano, que recupera la ancestral caña, el tema es De mis soledades vengo, flamenco en estado puro, el barroco queda aparcado y la voz de Cruz busca en los archivos del cante y su grito busca en la pureza y encuentra su sitio. La guitarra compañera, manteniendo a veces el tempo y otras el rasgueo mínimo para que Cruz destaque todavía más. Entiendo lo que me basta y solamente no entiendo, cómo se sufre a sí mismo, un ignorante soberbio. La letra no podía dejarlo más claro.
Aprovechó Cruz para saludar (todavía no había hablado) y agradecer el poder presentar este nuevo trabajo discográfico. Zarabanda, Winter& Winter, 2023, aquí en la SFB El Dorado.
Seguimos por seguiriyas, La soledad del alba, una letra corta, pero intensa, que Cruz cantó con toda su profundidad, Cantizano, siempre buscando riesgo, con un ventilador le daba aire a las cuerdas de la guitarra, con la mano derecha quieta, solo trabajando con la izquierda. Espectacular.
Y llegaba la Zarabanda de Händel y para rizar el rizo, con letras, nada menos que de Edgar Allan Poe. Más romántico imposible. El grito volvió a lanzarse bien arriba, la guitarra acompañando en rasgueo sencillo. Subir y subir, como esos cantos épicos que buscan arrastrar al seguidor, sea a la batalla o al delirio. El público no estaba para batallas.
Se va adelante, Sebastián Cruz, sin micro, lanza un par de versos negros y Cantizano aprovecha para que la guitarra adquiera la libertad del free jazz. Son así de atrevidos. + info | relacionados | Fotos: Joan Cortès 

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