Roberto Fonseca

fonseca.jpg Roberto Fonseca
Festival de Barcelona Grec
8 de juliol del 2009

Es difícil ahora mismo encontrar una formación de jazz latino, maldita etiqueta, que tenga un directo más potente que el de estos cubanos. Fonseca es un pianista con una técnica tan buena como Ramón Valle o Josuha Edelman, por nombrar otros dos grandes pianistas de música cubana, pero además tiene una fuerza física envidiable que le permite tocar mientras grita, se pone de pie e incita a la banda a llegar al límite. Un fan declarado de los grandes músicos de Buena vista Social Club, y un músico con una sensibilidad especial para acercarse al  público. Vamos con la banda, Fonseca fue jugando a tríos con la batería de Ramses Rodríguez y el contrabajo (eléctrico) de Omar González, cuarteto reforzado con la percusión de Joel Hierrezuelo o quinteto con los vientos de Javier Zalva, Javier viene a ser el nuevo Paquito de Rivera con lo que supone dicha información, un soplador enorme con una delicadeza que le permite escoger entre el saxo alto, el soprano y el clarinete. El dúo entre Fonseca y Omar Gonzalez en ese sincero homenaje a Cachaito fue de una elegancia inolvidable, mientras que la versión de Drume negrito, exigía entender una armonización diferente para explicar los mismos sentimientos.  Un solo de batería de Rodríguez, una explosión de baile de Hierrezuelo, una descarga de sonido desde el saxo de Zalba, y Fonseca sin poder sentarse por la velocidad requerida para el tema hacía que las canciones se sucediesen a un ritmo vertiginoso y cuando nos dimos cuenta habían pasado casi dos horas, tuvo que volver para hacernos cantar sobre ritmos ancestrales, es un pianista que fue baterísta, y eso se nota, hizo un bis recorriendo la música cubana atemporal con boleros preciosos, cuándo parecía que todo había acabado, quiso ofrecer su particular versión de la música funky de los 80, así se crea público, trabajando.// Candido Querol