Manu Chao| Porta Ferrada
Manu Chao| Porta Ferrada
Sant Feliu de Guixols, 20 de julio de 2012
Una de las cosas que sorprende agradablemente cuando escuchas por primera vez a Manu Chao es que con una base armónica tan aparentemente simple pueda montar una estructura melódica tan variada, que da soporte a unas letras de alto contenido comunicativo. Y es esa simplicidad la que le permite engarzar temas sin solución de continuidad. Digo esto, porque el concierto que Manu Chao ofreció en Porta Ferrada la otra noche, consistió en la interpretación de tres temas con una duración de más de media hora cada uno, rematados por la legendaria Mala Vida, de su etapa con Mano Negra y una versión de la ranchera Volver, que, explicó, era como un conjuro que le haría volver a estar con nosotros.
Con un patio de butacas sin butacas, convertido en pista de baile, y una grada frente al escenario; más de 1500 personas, según los organizadores, llenaban el recinto, con una característica común: la de no tener una procedencia determinada ni en cuanto a edad, desde niños a personas muy mayores; ni tipología, rastas y camisetas, junto a elegantes vestidos y americanas; ni actitud, momentos en que los espectadores se empujaban entre ellos, en el más puro estilo punk, o encendían mecheros y móviles moviendo los brazos al compás de la música, como en los recitales más tiernos. Eso sí, todos ellos entregados al artista ya antes de que apareciera en el escenario.
Manu Chao, que se acompañaba de una escueta banda, con un batería insistentemente machacón, un guitarrista primero eléctrico y luego acústico, y un bajo, encargado además de todos los efectos sonoros a los que nos tiene acostumbrados el cantante, sampleando incluso al mismo publico cuando coreaba las canciones; empezó su recital de forma harto contundente. Un Manu Chao potentísimo que hizo saltar, gritar y bailar, a los espectadores que, en cuanto podían y reconocían los temas que iba empalmando, los coreaban a viva voz. Él mismo, tampoco dejaba de moverse por el escenario, incrementando así la sensación de hiperactividad que se iba apoderando del público, especialmente, aunque no únicamente, del que estaba de pie frente al escenario. Tras media hora larga de tema ininterrumpido, la banda se retiró unos momentos al interior, se supone que para recargar las pilas, y volvió a aparecer con ímpetus renovados, y con un discurso algo más calmado, aunque fuera de forma casi imperceptible. Tanto en la primera parte como en la segunda, fragmentos de sus canciones, a veces solamente frases, se iban sucediendo, coreadas, como he dicho, por los presentes. Y llegó así el final oficial del concierto, cuando se llevaba algo más de una hora. Los bises, en realidad el bis, duró casi como el resto de la actuación, pues se superaron las dos horas de presencia de los músicos en el escenario.

Una actuación que para muchos fue una fiesta participativa en la que se dedicaron a seguir el ritmo con el cuerpo y la mente, dando la impresión, seguramente equivocada, de que la fiesta estaba en ellos mismos; y que para otros que seguían atentamente las evoluciones del cantante, se reían con él, se emocionaban con sus temas y participaban de la fiesta con una mayor complicidad, fue casi como un acto de comunión lúdico-cultural.
Manu Chao demostró que su popularidad se basa en una sólida base creativa e interpretativa, que mantiene la sensación de frescura de la improvisación, pero que detrás tiene toda una estructura fuertemente trabajada para poder conseguir un resultado de este tipo y con esta perfección. De esta forma pudo ofrecer el recital que todos esperaban, puede que un poco demasiado rockero al principio para algunos, pero con reconversión final satisfactoria, lo que se transmitió a la salida de la gente con caras de satisfacción, independientemente de la procedencia, de su edad, su aspecto o de su actitud durante las dos horas precedentes.
P.S. Mención aparte merece la cantinela de: “Hola Sant Feliu” con una “u” final a la francesa, “Canta Sant Feliu”, o “Sant Feliu” a secas, donde el nombre del pueblo, y no exagero, llegó a ser pronunciado por el artista en ¿cien ocasiones? Si alguien ha tenido la paciencia de contarlas, le agradecería que me lo comunicase, para ver si he ganado la apuesta… + Info | Federico Francesch | DESAFINADO RADIO
