Lila Downs Presenta: Al Chili

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Guitar BCN 2019

Sala Barts, Barcelona, 26 de junio de 2019

Después de diez y seis discos publicados, de una vida azarosa, musicalmente hablando, de cientos de actuaciones por todo el mundo, volvía Lila Dows a Barcelona a la Sala Barts, un lugar de referencia para ella, como dijo durante el concierto; y volvía llena de energía, además de la sabiduría que da la experiencia, con su nuevo disco, Al Chili, uno de los más interesantes de los últimos tiempos, acompañada de una banda de primer nivel, con ganas de agradar a un público que llenaba totalmente la sala, rendido a sus pies desde el primer momento, y con un gesto de generosidad, que comentaremos más adelante y que pocas veces se ve en los escenarios.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Lila Downs Presenta: Al Chili

Desde 2006, donde vimos a Lila Downs por primera vez en el Teatre Grec de Barcelona, han sido muchas la veces que hemos podido seguir a esta artista en nuestra ciudad o en los alrededores, en diferentes escenarios, con diferentes formaciones —desde más reducidas, hasta con grupos de mariachis—, y en momentos muy diferentes de su trayectoria artística. La otra noche estaba pletórica, y eso se notaba desde el primer minuto, y se contagiaba a los espectadores.

Empezó el concierto presentando Las Marmotas, el primer tema de su nuevo trabajo, Al Chili, una canción que Lila Downs dedica a Virgilio Ruiz director de la orquesta Tierra Mojada, con la que colaboró para la elaboración de este disco, que murió, por un disparo de un grupo armado, en agosto de 2017. Seguía, sin pausa, con la cumbia, La campanera, segundo tema de ese álbum que dedica Al Chili, un título que tiene doble sentido, pues no se refiere solo al fruto picante, el chile, sino que en México la expresión significa: «Hablar con franqueza». Y eso es lo que ella hizo esta noche con su música y sus palabras.

Y disculpándose por haber traducido una poesía zapoteca al castellano, cantaba una de las canciones más bellas que tiene en su repertorio, La Martiniana, que estaba en su disco The Border / La línea, de 2001. Una canción popular de Oaxaca, su tierra, a la que, en su momento, como dijo ella, puso nueva letra el poeta Andrés Henestrosa. Una interpretación en la que aprovechó para hacer uno de esos alardes vocales, que tanto acostumbra, alargando la nota final hasta el infinito, reminiscencias, posiblemente de la formación lírica que tuvo en su juventud.

Volvía a la presentación de su disco, con Son de Chile, una animadísima canción donde los vientos, trombón y trompeta, con el apoyo de las percusiones, creaban un ambiente de banda festiva, para acompañarla. Seguía con Dear Someone, un tema que fluctúa entre la ranchera y la música country, un sonido éste que el slide de la guitarra potenciaba. En el disco lo interpreta también en inglés, pero junto a Nora Jones,  a la que conoció poco antes de grabarlo.

Su disco anterior, Salón, lágrimas y deseo, aparecía entonces con Urge, una llamada al amor; para seguir con Envidia, de este mismo álbum, pero esta vez sin Andrés Calamaro, que es con quien lo interpreta en la grabación. Una canción compuesta por ella misma y su inseparable Paul Cohen. Toda una reivindicación a su herencia Lakota, Inca, Azteca, Mapuche, y Maya, con un estribillo que coreaba todo el público, y con ese aire gipsy de los arreglos, momento en que aprovecharon los percusionistas del grupo para lucirse.

Volvía Al Chili, con uno de los temas más reivindicativos de la noche, el conocido Clandestino de Manu Chao, que ella dedicaba a los desplazados de todo el mundo, y que interpretó nuevamente junto a los espectadores. «Si no peleamos por los niños, que será de nosotros», se expresaba en medio del tema.

Viene la Muerte echando rasero, del poeta campesino Asención Aguilar en referencia: «Al político del momento», como continuación del tema anterior. De su disco Balas y Chocolate, a ritmo de cumbia nos recuerda que todos: «Tendremos que ir al panteón (…) Que a la muerte no se le escapa ni un pasajero».

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La sorpresa de la noche venía de la mano de su invitada Silvia Pérez Cruz. Decía Lila Downs en una entrevista, que fue hace unos meses en las Islas Canarias donde le hablaron por primera vez de la cantante catalana, que ella no conocía. Aprovechando su estancia en Barcelona, pudieron cantar juntas una de sus canciones amuleto, La Llorona, también de su disco, Border – La línea. Un tema que se hizo famoso por su interpretación en la película Frida Kahlo, junto a la banda Mariachi Juvenil de Tecalitlán, gracias al acierto del compositor neoyorquino Elliot Goldenthal, que buscaba información y música para la película que iba a dirigir su mujer, Julie Taymor, y topó con ese disco. Con protagonismo de las  percusiones orquestales y los vientos, atacaba el tema la propia Silvia Pérez Cruz, ya desde el primer momento, con profusión de adornos vocales, que seguirían durante toda su interpretación, así como la de Lila Downs, que en un momento determinado cantó la canción en xapoteca. Fue una demostración de fuerza interpretativa de dos intérpretes espectaculares que, a nuestro gusto, con un poco más de preparación, hubiese dado el salto desde el bien al excelente.

Volvía su disco Al Chili, con el tema, La San Marqueña: «Un tema típico de la costa Chica, de la región de Guerrero y Oaxaca», explicaba en una entrevista. Un tema de amor muy explícito: «Dame lo que yo te pido, que no te pido la vida, de la cintura pa abajo, de la rodilla parriba, Sanmarqueña de mi vida».

Continuó con, Cariñito, un grito de amor desesperado, la última canción que cantó del disco que presentaba esa noche —posiblemente la que más se va a oír del mismo—, con un ritmo pegadizo y una letra muy sencilla, fácil de recordar.

Llegaba entonces el momento, o mejor, los momentos, de la Lila Downs más clásica, con un repaso de algunos de sus grandes éxitos. Empezó, como no, con José Alfredo Jiménez, y Tu recuerdo y yo. Después de los dos temas anteriores, donde el grupo musical había protagonizado, junto a ella, momentos de mucha intensidad, se agradecía esta interpretación con las guitarras y el acordeón acompañándola —no como en el disco original, La Cantina – Entre copa y copa, donde hay profusión de guitarras eléctricas y sonidos electrónicos—. Recordábamos, oyéndola esta noche, aquellas palabras de Chavela Vargas cuando, poco tiempo antes de dejarnos, comentaba públicamente que se podía ir tranquila pues Lila (sic) era su digna sucesora. También pensábamos, mientras la cantante volvía a demostrarnos su facilidad prolongando las notas, lo mucho que nos encantaría escuchar a Lila Downs interpretando rancheras con unas guitarras como acompañamiento, durante todo un concierto. Al acabar, lo corroboramos, como veréis.

Llegaba otro de sus éxitos, Zapata se queda, la canción que interpretaba en su disco Pecados y Milagros, junto a Celso Piña y Toto la Momposina, con la que, después de presentar a los músicos de su banda La MisteriosaYayo Serka, Nikki Campbell, Roco López, George Saenz, Josh Deutsch, Sinuhe Padilla y Luis Guzman— y gritar un: «Viva Catalunya», coreado por el público,  acababa oficialmente su concierto,

Llegaban los Extras, como ellos los llaman, con otras dos de sus canciones más conocidas. La primera, Humito de Copal, también de Balas y Chocolate, que ella dedicara en su momento: «A todas las compañeras y hermanos periodistas, en la línea del fuego», con esas: «Palabras de libertad, palabras de sacrificio, palabras buenas», con las que acaba el tema.

Y como no podía ser de otra manera, —su concierto en la Sala Barts de 2015, acabó igual—, con La Cumbia del Mole, nuevamente de La Cantina – Entre copa y copa,  finalizaba el espectáculo, o al menos, así lo parecía. Un tema de ella misma y Paul Cohen, que no puede faltar en sus conciertos y que esta noche Lila Downs dedicaba: «A todas esas personas lindas que se encuentran en todas las cocinas, moliendo el chile y el chocolate». Un tema que alargó durante más de diez minutos, donde se fueron luciendo, uno a uno, cada uno de los músicos, entre el entusiasmo del público.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Lila Downs Presenta: Al Chili

Dicen que la perseverancia, muchas veces, da sus frutos. Fue casi un cuarto de hora lo que la gente que llenaba la sala estuvo pidiendo otra canción. Las luces se encendieron, pusieron música por los altavoces, los técnicos de sonido iban recogiendo, mucha gente iba abandonando el local, pero los perseverantes seguían gritando: «Otra, otra…». Y llegó el premio. Por un rincón de la cortina, apareció la cantante, se sentó en el proscenio, la acompañaban dos de sus músicos con las guitarras, y nos regalaron, porque fue un verdadero regalo, el tema de Cuco Sánchez, Fallaste corazón. Los espectadores que se habían quedado, ocupaban algo menos de la mitrad de la platea, otros volvían corriendo desde el vestíbulo, y todos, junto a ella, celebraban cantando, y vitoreando por momentos, a esa Lila Downs que volvía a hacer una de esas notas que ella sabe alargar tan bien. Uno pensaba que una cantante de éxito, con Gramys, Oscar, diez y seis discos, más de veinte años de carrera, que podría creerse, ella sí, «el rey del mundo», como empieza la canción, tenga ese respeto por los espectadores, hasta el punto de volver al escenario, mucho, mucho rato después de dar por acabado el concierto y agradecer la fidelidad de sus admiradores con ese broche de oro, es absolutamente admirable.

Yo me reafirmo, a pesar de lo bien que estuvo su actuación, en mi deseo de escuchar, de ver, a Lila Downs como la tuvimos en ese momento final, como una genuina cantante de rancheras, durante un concierto completo. +Info|Relacionado|Texto:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO 

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