Ismael de la Rosa (cante) Yeray Cortés (guitarra)

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Sandaru. SFB El Dorado 9 del 11 del 2023

Hacía muchos días que no se necesitaban sillas supletorias en la Sandaru y eso es una señal inequívoca de que la tarde va a ser excelente. Debo reconocer que no conocía a Ismael de la Rosa «El Bola”, cantaor de Triana de la familia de Esperanza Fernández y Curro Fernández (su tío). A quién si conocía era a Yeray Cortés, guitarrista alicantino del que sabía que había cerrado la trilogía de Rocío Molina. Primero acompaño a la bailaora Rafael Riqueni, después Eduardo Trasierra y en tercer lugar Yeray Cortés, por algo será. La sala se llenaba de socios pero también de un público joven que sabían muy bien a quién venían a escuchar. Y es que cuándo dos jóvenes como estos apuestan por un flamenco de una autenticidad fuera de dudas, la noticia corre de boca en boca y se llenan las salas ¡después dirán que el público no entiende! Tienen un disco en directo Flamenco Directo, 2018.
Advertía el cantaor que no era de muchas palabras y así fue. Agradeció a los organizadores, socios y amigos en general y se metió de lleno en su música.  Arrancaba muy suave Cortés caracoleando con su guitarra y De La Rosa se metía directamente en ese Zorongo tan famoso de Lorca. Cantaor y guitarra susurraban para ir creciendo poco a poco. Cuándo De La Rosa más poeta se sentía, más minimizaba el toque Cortès pasando a un acompañamiento primitivo y bello. Creo que eran la bambera de su disco. Alargada para la ocasión hasta trece minutos. Cortès inicia un tres por cuatro sencillito y De La Rosa ataca con Una noche con la luna, la guajira de Pepe Marchena. Vuelve Cortès a mantenerse como un susurro mientras que De La Rosa sube y baja en intensidad como hacía Marchena sin importarle que lo tachen de nada. La guitarra va creciendo en intensidad y el cantaor se deja llevar por la emoción que precisa la guajira.
Siguieron por fandangos, De La Rosa tiene una voz bonita y serena para la edad que tiene, no pretende imitar a nadie y eso le da todavía más valor. Creo que será una pareja que va a dar mucho que hablar, y bien. Se fue Cortés a marcar el toque por seguiriyas y el cante negro como el carbón fue acercándose a las famosas Ovejitas del maestro Mairena. Cantó De La Rosa como solo los grandes saben acercarse a las seguiriyas, desde la tragedia ¡Estábamos tocando el cielo! Y en los espacios en que el cantaor descansaba, Cortés nos arrojaba rabia de trinos guitarreros que quitaban el sentido. El público lo celebraba. Seguíamos por cantes románticos, en este caso la milonga La rosa cautiva del maestro Antonio Quintero. La guitarra empezaba con un suave punteado, más cercana a lo que haría un piano si fuese el caso, y De La Rosa iba endulzándonos el corazón con esa voz tan bien templada, sin darnos cuenta la guitarra crecía y crecía, remataron el tema por bulerías, creo que Paco de Lucía había hecho lo mismo con esa milonga. De La Rosa sube y baja la voz con esa elegancia que cautiva y la guitarra sabe muy bien como arroparlo. Se fueron a Cádiz, por mirabrás y alegrías, la guitarra dicharachera y original como lo fue toda la tarde. En el cante todo un homenaje a Pericón, Selles y Chano. Para finalizar una sorpresa muy agradable, quiso De La Rosa acordarse de su paisano Manuel Molina y fue precioso porque llevó la poesía del sevillano a un flamenco de mucha enjundia. Siempre respetando esa manera particular que tenía Molina de decir lo suyo. Emocionante. De nuevo la guitarra se mantuvo muy modosita para que la voz trágica se elevase pura. En el inevitable bis, ya sin micro, Ismael De La Rosa se fue directamente a esa copla que te lleva directamente a Bernarda de Utrera, y con ese Compromiso, y unas pataitas (para que no faltase de nada) se fueron por la puerta grande. ¡Ojala no tarden mucho en venir!  + info | Fotos: Ana Palma

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