Goran Bregovic

goran-bregovic.jpg Goran Bregovic
“Alkohol: sljivovica & champagne”
Universal, 2009

Después de una temporada en la que decidió proyectar su tradición hacia territorios más pausados a través del trabajo con programaciones electrónicas y obras de gran formato, Goran Bregovic ha vuelto a su cara más festiva, aquella que descubrimos, hace más de una década y al lado de Emir Kusturica, gracias a piezas de energía descontrolada como Mesecina o Wedding cocek. El compositor balcánico nunca ha abandonado completamente la tradición de las fanfarrias, pero en esta nueva entrega, además de brindar (nunca mejor dicho) homenaje al alcohol como liberador de los goran-bregovic1.jpg

sentimentos (de hecho, “alkohol” es la primera palabra que se escucha en el disco), Bregovic se rinde al encanto de los metales del este europeo como hacía tiempo que no sucedía (al menos, en estudio). Centrado en un sonido más natural, vital y directo, el protagonismo absoluto de este trabajo es para esa rítmica persistente que, poco a poco, se ha ganado los corazones y los cuerpos de un público cada vez más numeroso. Bregovic, mitad caradura mitad genio, da la sensación que se siente perfecto mientras revisa continuamente sus composiciones (aquí presenta nuevas versiones de Venzinatiko, que ya grabó con la cantante griega Alkistis Protopsaltis en 1991, y de Kalasnjikov, clásico entre clásicos), aunque en algunas ocasiones se le ve el plumero con tanta revisión. Pero nos hace disfrutar tanto cuando se lo propone, sobre todo cuando nos encontramos bailando al compás del frenético ritmo que marca con su enérgica banda de bodas y funerales, que finalmente le perdonamos casi cualquier cosa. Por otro lado, y como todos los temas (Gas Gas, Paradehtika…) han tenido un rodaje previo en escenarios de todo el mundo antes de pasar por el estudio, su eficacia, como decía aquel anuncio, está más que probada. // Jordi Urpi