Conciertos

David de Arahal. Avenida de los cisnes.

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Sandaru. SFB El Dorado 26 del 2 del 2026

David Rodríguez Romero, David de Arahal de nombre artístico, por haber nacido en este pueblo de Sevilla, en 2020, es todo un ejemplo del buen momento que vive la guitarra flamenca.
Lo habíamos escuchado acompañando a Sandra Carrasco y nos gustó, pero hay que escucharlo en solitario para admirar su grandeza.
Muchas cosas se pueden advertir en su toque que lo diferencian de otros guitarristas contemporáneos, para mí, la más destacable es esa dualidad en sus composiciones; mientras que hay momentos en que su toque se ciñe al palo interpretado (sin abusar de la pulsación en la madera), en otros momentos es un guitarrista que necesita salirse del compás para ser poeta. Igual que necesitó intercalar pequeños versos o anécdotas de una sensibilidad fuera de lo común. “Al mirar los resplandores se rompieron las estrellas y cambiaron los colores”.
Si para tocar bien hay que estar a gusto (no por lo bebido, ni mucho menos), el sevillano dio la sensación de estar muy a gusto en su interpretación, sin prisas, dejando mucho espacio para esas notas medio apagadas que tan importantes son.
Intercaló con sabiduría palos en que la guitarra se luce en todo su esplendor: esa granaína de El callejón del Arte, 2024, con una pequeña introducción en homenaje a Paco De Lucía, o la rondeña, “La Fontana”, de su primer disco Mar Verde, 2021. Fueron dos momentos en que la guitarra flamenca brilló por todo lo alto.
Pero primero habíamos escuchado a un guitarrista que sabe viajar por la soleá y adentrarse en la ancestral caña, como si fuese una suite clásica, dedicándole el tiempo que necesita, sin corsés.
También quiso presentar composiciones en las que está trabajando para su tercer disco, unos tangos o esos tanguillos dedicados al jazmín que una vecina de su abuela reparte con un cartuchito de periódico por las mañanas. De nuevo, la sensibilidad del artista brilla en todo su esplendor. ¡Cómo no va a tocar dulce!.  
Hay otros momentos en que David de Arahal necesita contar historias, sobre su sobrina, a quien dedica una canción de amor, “Mariela”, de una belleza abrumadora. O recordar a su abuela, a quien dedicó “Campanas de la Victoria”, incluida en su primer disco.
Nos habló de su interés por decidir el tiempo de las composiciones, dándose la libertad de poder extender los temas, como había hecho en la rondeña o al revés, en esa composición de “Mirando a la luna”, que le dedicó a su sobrina, donde expuso la idea y no necesita desarrollarla.
Oyendo esta composición, el flamenco me da permiso para viajar por otros mundos y me trae la guitarra de Luis Salinas, por ejemplo.
Quiso terminar con unas alegrías con el nombre que había escogido para el recital de hoy y que está promocionando ahora mismo por las redes, “Avenida de los Cisnes”.
Citó a Juan Ramón Jiménez para recordar que somos raíces y alas. Aplicándolo a su música.  
Pero el público no estaba dispuesto a dejarlo marchar, y él lo sabía y ya no lo intentó.
Con el público puesto en pie, decidió darnos un regalo sorpresa. Una marcha que se escucha en Arahal en Semana Santa, que tiene los mismos años que él, “Cuarta trabajadera” (David Lobato Arahal), usó la cejilla, lo que no había hecho en toda la tarde. Otro aspecto que me llamó la atención, es que  tiene un toque en el que trabaja muy cerca de la boca del instrumento, consiguiendo ese sonido más grave y de mayor calidez. + info | relacionados | Fotos: Joan Cortès    

 

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