Cuarteto Hargrave

quartet-hargrave.jpg Cuarteto Hargrave
El Vendrell (Tarragona)
Auditori Pau Casals
26 de septiembre, 2009

Un repentino cambio de programa trastocó algo más de lo previsto el resultado esperado. Beneficiado por la elección final –Borodin por Haydn– al tratarse de un autor poco interpretado por estos lares, el poso que restó tras el concierto fue sin embargo el de cierta indiferencia. Que el público aplaudiese en cada movimiento no respondía a un exagerado entusiasmo, sino a un voluntarioso intento por desamojamar el ambiente, algo enfriado por la yerma expresividad formal proyectada en escena. Y no será por falta de tablas, pues componen el Cuarteto Hargrave  varios miembros de la Orquestra de Cambra del Palau de la Música (Barcelona) -hoy tristemente famoso por corruptelas y demás vicios morales que poco o nada tienen que ver con "la música"… ¿o sí?-. Especialistas en un amplio repertorio que engloba desde el barroco hasta la música contemporánea, carecieron de brillo en el Cuarteto nº 1 de Alexander Borodin con que abrieron la velada, quizá por no haber ensayado lo suficiente o tal vez porque la pieza en cuestión presume de cierta complejidad estructural. Tan sólo en el Scherzo recuperaron un poco el pulso perdido, lo mismo que ocurrió con el 2º Cuarteto de Ludwig van Beethoven en el que, de nuevo, el Scherzo rozó la altura de lo notable, dejando el resto entre las (ti)nieblas del nivel medio, tirando a flojillo. Pero pese a que el Scherzo haya sido concebido como divertimento, el de los Hargrave no tenía gracia. Más preocupados por la técnica que por la empatía, se limitaron a tocar lo escrito en partitura, sin añadir mayores colores ni estilo personal que valga. Fundado hace un lustro, el Cuarteto Hargrave -nada que ver con el musicólogo David J. Hargreaves– toma el nombre del mismo luthier que les presta los instrumentos con que interpretaron (o, mejor dicho, reprodujeron al milímetro) lo que dicataban los pentagramas. Y punto, sin pasar de lo anodino y más terrenal. No obtuvieron la comunión con el público hasta llegar al inesperado bis, una revisión del tango Por una cabeza -más célebre por el Perfume de mujer protagonizado por Al Pacino en 1992 que por la versión de Carlos Gardel de 1935- que, aunque ya muy resobado por los tópicos de los bailes de salón en hoteles de Imserso, aún despertaba algún interés de tipo nostálgico, a tenor de las cabecitas que en las primeras filas -ahora sí- se movían al compás. // Iván Sánchez Moreno