Claudia La Debla, David Caro y Manuel de Gines
Sandaru. SFB EL Dorado 30 del 4 del 2026
Debla (Diosa en caló) es un palo flamenco que deriva de la toná, para que nos entendamos, muy cercano al martinete, y por supuesto un cante sin guitarra.
De ahí toma el nombre Claudia Calle García, nacida en Barcelona en 2005, pero a los pocos meses marcha con su familia a Granada. Una joven bailadora, que reivindicó el flamenco clásico. Le acompañaban, en la guitarra el almeriense David Caro, al que habíamos escuchado en enero del año pasado acompañando a Rocío Garrido y a Ismael de la Rosa. Y al cante el sevillano Manuel de Gines que recibió este año en Jerez, el premio a mejor cantaor de acompañamiento.
Prefirió el sevillano cantar con micro incorporado, que le permitía desplazarse por el escenario sin restar espacio a la bailadora, a cambio tenía que sujetar a veces el micro, pero no fue un inconveniente para el sonido.
Mucha gente joven entre el público, ocurre cuando los artistas son veinteañeros.
Arranca Manuel de Gines con una serie de martinetes y deblas, haciendo honor al nombre de la bailaora. Para mitigar el efecto de entrada, Caro, aporta pequeños detalles de guitarra, simples sonidos al aire, que solo relajan la tensión de esos cantes a pelo, que De Gines tan acertadamente propone.
Discretamente, aparece La Debla y De Gines se va desplazando hacia la parte de atrás del escenario. Por unos momentos será solo el taconeo de la bailadora el único sonido que llena el ambiente, certero, potente, y conciso, ya que esta mujer baila con todo el cuerpo. La guitarra se desenvuelve entre soleá y bulería y cante y baile se van alternando en el protagonismo. Con mucho respeto y tablas. Las letras siempre trágicas, versos que normalmente escuchamos en seguiriya.
Está claro que ninguno de los tres artistas va a sumir el papel de presentador, van presentando cuadros escénicos y por mí ya está bien.
Se queda sola la guitarra de Caro y como buen almeriense nos ofreció una preciosa taranta, sin prisas, disfrutando de los espacios vacíos, para jugar con la sorpresa. Y jugando con la intensidad.
Vuelven los tres a escena, La Debla con cambio de vestuario, mientras Caro nos da un baño de falsetas risueñas, La Debla, se retuerce con mucho estilo, sin taconeos, pero con movimientos que únicamente se consiguen con veinte años. De Gines entra por tangos y La Debla nos demuestra que se puede ser moderna (en las expresiones de su cuerpo) sin dejar de bailar clásico.
Se sienta el cantaor, templa Caro y arranca por malagueñas, y está claro que para acordarse de El Mellizo, es mejor estar sentado. ¡Qué bien cantó De Gines y que certero en el toque Caro, un momento para recordar!
Se incorpora La Debla para cerrar el cante por abandolaos, toda una fiesta.
Pero todavía quedaba concierto, volvía a afinar Caro y fantaseaba por soleá, una entrada preciosa, que daba pie para que el cantaor se fuese acordando de La Niña de los Peines y de la Serneta. Volvía a entrar La Debla, de nuevo cambio de vestuario (siempre clásicos,) respetando mucho el cante y la guitarra. Al no abusar del taconeo, te permite como espectador, disfrutar del cante y de la guitarra y centrar la mirada en ese baile enérgico pero templado, sin estridencias. Un final tremendo que puso al público en pie, al final De Gines se dedica solo a jalear, Caro a acompañar y La Debla se alza en primera figura con un arrebato tremendo de arte y compás. ¡Juventud divino tesoro! Hay que seguir de cerca a esta mujer. + info | Fotos: Joan Cortès

