Alma Afrobeat Ensemble / Konono n1

konono-n1.jpg Alma Afrobeat Ensemble / Konono nº1
Festival Cruïlla de cultures
Mataró, Sala Clap
2 de julio de 2009

Una vez superada la resaca de la noche de San Juan, el festival Cruïlla de Cultures arrancó por fin a toda vela. La primera cita: la noche africana, una velada que vienen repitiendo desde pasadas ediciones y que este año tuvo la particularidad de ser la edición con menos público procedente de la comunidad subsahariana de la capital del Maresme y, a la vez, uno de los conciertos con más fuerza de los sonidos tradicionales que se recuerdan en el festival.

Konono nº1 fueron los responsables de que los presentes en la sala Clap no dejaran de mover las caderas en ningún momento, transportándose a las cálidas tierras del continente vecino. Este grupo, nacido hace 25 años entre la frontera del Congo y Angola, ha sabido adaptarse a los tiempos del sonido tratado electrónicamente sin renunciar un ápice de sus raíces musicales. La importancia de hacerse escuchar en la calle les levó, ya en los 70, a enchufar a micrófonos los likemés, unos pianos de pulgar manufacturados por los mismos músicos. Así, haciendo de la necesidad virtud, convirtieron el sonido de esos instrumentos en su principal seña de identidad, logrando exportar su música más allá de los círculos de los amantes del world music y actuando en escenarios tan sorprendentes como el de la pasada edición del sónar. Pero, insisto, la concesión a las técnicas modernas de amplificación del sonido no supone, para nada,  la renuncia a la música tradicional de los Bazombo, la etnia de la que proceden los músicos de Konono nº1.

Los encargados de llenar la sala fueron Alma Afrobeat Ensemble, un grupo nacido en Nueva Orleans de la mano del guitarrista Aaron Feder y actualmente afincado en Barcelona, que bajo la voz del ghanés Kwame Adzraku rinden homenaje a la música de Fela Kuti con un marcado ritmo de latin y unas dosis de funk y bases africanas. Y para cerrar la velada, nada mejor que una sesión de los DJ de esta casa, el equipo B!, mientras en la barra repartían una bebida africana a base de te y un chorrito de alcohol. // Rita Villà