Vicente Soto

el-sordera.jpg Vicente SotoSordera”.
Fiestas de la Vendimia 2009,
Jerez de la Frontera, Cadiz
19 septiembre de 2009

Vicente actuaba en su tierra y sabía que su Barrio de Santiago estaba allí ocupando las primeras filas. También estaban sus dos sobrinos, Manuel Valencia,  acompañándole a la guitarra, y José Manuel al cajón, así como otros muchos de la amplia familia de los “Sorderas” dispuestos a darle ese calor ambiental. Por todo ello, era de esperar que algo especial ocurriera y claro está, pasó lo que pasó. Salió al escenario del Antiguo Cabildo jerezano solo, acompañado por el chasquido de sus dedos y el ritmo de los pies. Creó el clima y sonido de una herrería para lanzar al aire un martinete que hablaba de la dureza de ese antiguo oficio de los forjadores del hierro. Sublime, sencillamente sublime. Se dirigió al público para anunciarnos que estaba a gusto y que nos iba a cantar “de tó” y lo iba hacer por “aires de Cai”,  alegrías, cantiñas, romeras y mirabrás, luego continuó por tarantas y cartagenera. El público de pie, le respondió con aplausos por bulerías, piropos y todo lo que imaginar se pueda. Y Vicente respondió de nuevo por  “Cai” con unos tangos gaditanos que enardeció si cabía más el ambiente, para continuar con un maravilloso romance con aires de soleá y letra de Antonio Machado. El público ya estaba entregado, de pie y extasiado. Le siguieron unos fandangos caracoleros serios y con letras de las que llegan muy adentro y te hacen reflexionar,  para a continuación y en ese clima de comunicación de “tú a tú” con el público, preguntarnos que  queríamos oir.  Alguien pidió una segurilla y Vicente la bordó, se le llenó la boca de sangre que diría Tía Anica “La Periñaca” y todo se desbordó, una noche de no olvidar. Luego vino una soleá por bulerías, ese cante que aquí los gitanos llaman coloquialmente “bulería pá oir” y que se reserva tan solo para familia y amigos, señal inequívoca de que estaba bien a gusto ya que la actuación estaba prevista para una hora y en esos momentos sobrepasaba la hora y media. Después como no, vinieron esas esperadas bulerías de Jerez, largas y sublimes, con el público de pie, acompañando la fiesta con palmas y jaleo. Entrega total, nadie se sentaba y Vicente dejó el micro para cantar a capela y bailó y bailó con esa gracia que tienen los tocados por el duende del flamenco. Una vez todos recuperados y el público en sus asientos, Sordera hizo lo mismo para despedirnos con unas bulerías de Cádiz, bellísima, en la que el cante por alegrías se fusionaba y hasta podíamos oler ese Atlántico cercano y el Barrio “La Viña” y “tó Cai”. Noche inolvidable, el flamenco es así, no hay reglas estrictas, surge esa magia y los duendecillos revoletean y se encargan de crear el clímax. Gracias Don Vicente Soto de la familia de los Sordera. Salud y flamenco. // Juan José Peña Rodríguez.