Shabaka
Paral·lel 62. Festival Jazz Barcelona 30 del 10 del 2024
Siempre he admirado a esos artistas que, cuándo todo lo tienen a su favor, dan un golpe de timón y deciden buscar nuevos horizontes.
Shabaka Hutchings, después de que su banda, Sons of Kemet, se disolviera en 2022, dejó aparcado también su apellido y da ese giro que te comentaba a su música. Este 2024 publica Perceive its Beauty, Acknowledge its Grace, que el mismo Shabaka define como una vuelta a los orígenes.
La sala Paral·lel 62 se llenó, de un público bastante más joven que en otros eventos de este festival y Shabaka no defraudó.
Cien minutos de atmosferas que te atrapan y una propuesta original basada en instrumentos antagónicos.
A la izquierda del escenario dos arpistas: Miriam Adefris y Alina Bzhezhinska, a continuación Shabaka con una mesa llena de flautas de todos los tipos, la shakuhachi japonesa, flautas mayas, pífanos brasileños, flautas nativas americanas, quenas sudamericanas y un par de saxos sopranos. En el otro extremo del escenario Elliot Galvin al piano y teclados. Y en medio Hinako Omori a los sintetizadores.
Añádele unas luces rojas que no ayudan demasiado a percibir detalles y ya estás situado en escena.
Otra premisa a tener en cuenta, durante todo el concierto, todos los músicos tiene las partituras delante y da la sensación de que las siguen fielmente.
Empezaban la noche con “Black Meditation” un tema de African Culture, el primer disco de su etapa en solitario. Música relajada, Shabaka empieza con un saxo soprano, se pasará luego a la flauta travesera y cuando entran las arpas cogerá una flauta más pequeña.
El segundo tema, “As the planets and the stars”, ya forma parte de su último disco, y con él tenemos el primer dúo de la noche, Shabaka y Miriam Adefris (arpa) pero ahora ya el trabajo de Omori a los sintetizadores se va haciendo más presente. Aunque todo el tiempo, es Shabaka el líder absoluto y quien lleva el timón. Trabajo sin descanso todo el concierto metiéndose profundamente en una música mística, que podía recordar a la obra de Alice Coltrane o de su sobrino, el joven Flying Lotus. Seguían en el disco, ahora con “Insecurities”, la flauta y los sintetizadores se abrazaban en perfecta fusión, los sonidos antiguos (para mí, muy sudamericanos) junto a una electrónica paciente, sin sobresaltos, solo acompañando. Después entró el piano de Galvin, que iba compaginando acústico con teclados, Shabaka volvía la travesera. Eran desarrollos largos que te atrapaban en cálidos ambientes muy agradables. Hay un dúo entre Shabaka y el piano de Elliot Galvin, que podemos considerar el momento más free de la velada. “Forest in the dream” es otro tema antiguo, que ha conseguido reconducir del saxo a la flauta. Aquí se marcó un solo de casi ocho minutos que nos dejó a todos impresionados. ¡Qué resistencia!
Con “Step Lightly” volvía a trabajar en dúo, ahora con el arpa de Alina Bzhezhinska, todo un descanso después de su solo.
Quería cerrar con “Living” uno de los temas más hermosos, con unas arpas que aportan sonidos a los que no estamos acostumbrados en el mundo del jazz.
No se hicieron de rogar demasiado, volvieron con “Encore” más dulzura andina, y “Song of motherland”. Quizás faltó esa parte narrada de la obra de Shabaka, pero su música creo que dijo todo lo que quiere expresar este artista. Larga vida a Shabaka. + info | relacionados | Fotos: Joan Cortès

