Crónicas

Rocío Garrido (baile) Ismael de la Rosa (cante) y David Caro (guitarra)

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Sandaru, SFB El Dorado. 16 de enero de 2025

Con este trío arrancaba la programación de este trimestre en El Dorado, y como era de esperar, se volvió a llenar la sala, otra vez hubo que añadir sillas laterales.
Lo primero que quiero destacar es la compenetración de guitarrista y bailadora. Tanto David Caro como Rocío Garrido son de Almería y Caro suele ser su guitarrista habitual. Por supuesto que esto no quita méritos al cantaor, que estuvo dándolo todo desde un principio, simplemente quiero constatar la facilidad con que se entendían Garrido y Caro.
Rocío Garrido está a punto de estrenar su nuevo espectáculo “De vidas” será el 23 de febrero en Jerez. Las composiciones que escuchamos, además de beber de la tradición, tenían el sello del guitarrista, que ha viajado con diferentes proyectos por todo el mundo y tiene ya tres discos con el cantaor Juan Pinilla.
Ismael de la RosaEl Bola” es sevillano, primo de Esperanza Fernández. Les ha cantado a grandes figuras del baile como Rocío Molina o Alfonso Losa, y ya estuvo en El Dorado, nada menos que con el guitarrista Yeray Cortés.
El concierto duró exactamente 50’ ni uno más ni uno menos, por mucho que insistimos puestos en pie, volvieron a saludar, agradecieron un público tan fiel, pero no hubo bises. Corto, pero muy intenso, por mi parte no hay queja.
Empezaba “El Bola” por martinetes, de pie y sin micro, recordaba a Tomás Pavón, mientras por un lateral salía discretamente Rocío Garrido, que arrancaba a zapatear en el mismo instante que Caro rasgaba, con el mismo brío, su guitarra. El zapateado y el rasgueo corrían paralelos, hasta que la guitarra anuncia cambio y el cantaor se fue a la seguiriya, palo que le viene genial a Garrido para demostrar todo su potencial. Hay críticos que siguen apostando por diferenciar el baile masculino del femenino, hablando sobre la facilidad del hombre para mostrar expresiones de cara o de desafíos que no suelen encontrarse en la mujer. En el caso de Garrido todo esto se desmiente, tan interesante es lo que ocurre de cintura para abajo, como de cintura para arriba. Esa forma de mover los brazos, como queriendo atrapar al público y llevarlo junto a ella, es genial.
El Bola se vuelve a levantar y se acerca a la bailaora para cantarle muy cerquita, salen los dos de escena. Pero el cantaor vuelve a escena, mientras Caro ha arrancado ya por cantiñas, recordando entre otras a La Perla.
Vuelve a salir Garrido, ahora con traje de chaqueta pantalón y ahora es la voz de El Bola, la que me atrapa, con esos giros tan complicados, en unos fandangos muy sentidos. Deja Garrido que se luzca el de Sevilla antes de que su taconeo vuelva a aliarse con la guitarra para volar juntos. Ahora es el cantaor el que se queda a la espera, para irse con seguridad hacia los cantes de Levante. Y Garrido nos ofrece ahora uno de los momentos más hermosos de la tarde, mientras la guitarra se inventa falsetas, la almeriense se quita la chaquetilla y a modo de mini mantón juega con ella, con una magia muy especial.
Se queda solo David Caro y nos ofrece una composición que no me atrevo a etiquetar, un tema libre de ataduras que nos permite escuchar sin etiquetas, solo gozando de la hermosura de las cositas buenas.
Ya están de nuevo los tres en escena, ya te dije que 50 minutos, pero muy bien aprovechados, Caro anuncia malagueñas, Garrido se desplaza por un escenario que le resulta justito para todo lo que quiere desarrollar, El Bola está eufórico gritando palabras que no entiendo jaleando a una bailaora que mueve sus manos en diferentes funciones, tan pronto parecen dos palomas acariciando, como dos mensajeras que trasmiten sensaciones muy íntimas. Ahora El Bola parece querer entrar por canción copla, creo que es Candela la de la Mina, como era lógico se fue imponiendo la fiesta por bulería que anunciaba el fin del espectáculo. + info