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Rafael Estévez, Valeriano Paños, Alberto Sellés

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«Diptico #2 (Nondedeu / Silencios)» Sandaru. SFB El Dorado. 30 del 5 del 2024

Fue en La Bienal de Sevilla del 2022, cuándo vi por primera vez a Estévez, Paños & Compañía. A pesar de todo lo que había disfrutado en esos días, el baile de esta pareja Estévez y Paños me pareció fuera de lo común. Como si jugaran en otra liga.
Ahora después de 20 años como compañía de baile se liaban la manta a la cabeza y aparecían con un peculiar «Diptico #2 (Nondedeu / Silencios)» que traducido viene a ser: dos coreografías de corta duración (20 y 35 minutos) que no tienen un hilo conductor entre ellas y en el que los mismos bailarines se asisten unos a otros con la voz, con las luces (soberbio el juego de luces) con sus cuerpos y sus presencias. Con pequeños instrumentos, o con antiguas grabaciones de cante.
En la primera coreografía, Estévez fijo en un sillón desde dónde acompañará con pitos gaditanos, palmas y poco más, al baile y cante de Alberto Sellés. Paños, más activo, cercano a Sellés bailando a su lado en muchos momentos. Pero el verdadero artífice es el gaditano Alberto Sellés (sobrino nieto del gran Aurelio Sellés Nondedeu) de ahí el título de la coreografía. Sellés supo trasladarnos con su cante y con su baile hasta la memoria de su antepasado y revivir esa época gloriosa.  No es fácil cantar y bailar al mismo tiempo, y el joven Sellés lo consiguió.
«Me hice el amo de Cádiz» recitaba Sellés, parafraseando a su antepasado mientras taconeaba con furia y al momento arrancaba por diferentes cantes o se reía con Hay babilonio, todo servía. Los pitos de Estévez acompañando y el baile de Paños remarcando efectos de luces geniales.
Cante por martinete, explicaba quién lo cantaba y se arrancaba pero sin voz (como hacía algunas veces el Niño de Elche) todo un efecto visual, ver / sin escuchar, un martinete. Por supuesto, después llegó la voz, y las preguntas. ¿El cante por martinete se puede bailar? pues sí. Y como lo bailaban Sellés y Paños. No se bailaba la caña, no se bailaba la soleá (canta unos tiri titrans) no se bailaba la seguiriya. En esa época lo único que se bailaba era por alegrías. Y ahí están bailando y cantando (como lo hacía Aurelio Sellés)
Cuándo yo era joven no quería ser cantaor, quería ser torero y se arrancan los dos a bailar /torear con mucha gracia. Estévez seguía acompañando, con detalles mínimos, campanillas. Y Sellés cantando por alegrías / alternando con explicaciones cantadas del cante por alegrías. Fin del primer tiempo.
La segunda parte auguraba riesgo, cito nota: Silencios toma como uno de sus puntos de partida un texto perteneciente al libro «A year from monday» de John Cage el famoso compositor, entre otras, de la pieza titulada 4’33» (el tiempo que dura ese silencio)
Debo confesar que me defraudó no ver bailar, como esperaba a Rafael Estévez. Pero los autores son muy dueños de hacer lo que quieran con su obra, y si uno ha aceptado las obras de Samuel Becket o de Bob Wilson, porque no, las de estos sevillanos.
Estévez y Paños homenajean en esta coreografía, entre otros, al bailaor Félix Fernández, más conocido como Félix el Loco. Que según nos anticipó Pedro Barragán en la introducción al concierto, fue un joven bailaor madrileño de principios del siglo XX, contratado para enseñar flamenco al bailarín ruso Léonide Massine. Según la historia (vale la pena que la busques) este hombre acabó sus días encerrado en un manicomio. De este bailaor, al igual que hicieron La Macarrona, La Malena o Vicente Escudero, Valeriano Paños y Rafael Estévez, han recogido el testigo para entrar sin miedo a la seguiriya antigua, al caliente pulso de los tangos, al balanceo de alegrías y cantiñas y al temple de la soleá. Cito textualmente las notas de prensa.
En el escenario, durante 35 minutos, un juego de dos personajes que tan pronto se funden en uno (sin intentar ir al compás) como juegan a juegos infantiles, mucha tiza para dibujar círculos dónde expresarse, tiza para jugar a dibujar sobre la ropa negra, columnas vertebrales (el sistema nervioso de Paños), partes del cuerpo de Estévez, que nombra como un juego.
Y mucho silencio, un silencio profundo acompañado por palabras, rasgueos, susurros o desplazamientos, todo muy lejos del baile tradicional. Estévez es el silencio grave, espeso como la sangre. Acompañado continuamente de un fuelle que nos hace padecer. Paños es el silencio armónico, infinito, flexible, que nos ensalza. 
Juntos nos retan, a adentrarnos en el silencio más profundo, para escuchar el baile más sincero. + info | Fotos: Joan Cortès

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