Lokua Kanza

LokuaLokua Kanza
15è Festival De Músiques del Mon
L’Auditori. Barcelona
14 de octubre de 2010

No sé si a estas alturas hace falta dar unos apuntes biográficos de este cantante, compositor, productor y tejedor de mágicas canciones. Simplemente decir que lleva desde 1992 editando discos que son autenticas joyas. En total tiene seis cd’s editados y la verdad es que no nos visita con mucha frecuencia, eso sí, cada vez que lo hace es para ofrecer conciertos que se quedan fijados en la memoria. Y éste no fue la excepción. Quizá quien no lo conozca y si solo sabe que se trata de un músico africano, del Congo por más señas, piense en percusiones o ritmos contagiosos y dinámicos, pero nada que ver. Lo suyo es armonía en estado puro, además posee una voz de matices impresionantes, que a mi parecer ni siquiera explota al máximo.

Gran acierto el del Festival De Músiques del Món en traerlo en está quinceava edición. Apuntaré también que este año el festival estaba Lokua-2

dedicado exclusivamente a artistas africanos y que por aquí pasaron Victor Démé o Nino Galissa por nombrar algunos.
Pero volviendo a Lokua, venía presentando su reciente disco Nkolo (Harmonía Mundi, 2010) otra perla en su carrera. Él se encargó de tocar la guitarra y de embelesarnos con su voz y en esta ocasión vino acompañado de su hija Malaika Lokua a los coros (gran futuro para ella), Pathy Molesso a la guitarra (¡que finura!), Didi Ekukuan al bajo y coros y Mafwala Komba a las percusiones. Y no hacia falta más. Abrió el concierto con Elenga Ya Muinda el tema que abre ese último disco y nos metió a todos en su universo de algodón musical. Siguió con el precioso tema que lo titula, Nkolo, y después lo completó con Famille también del mismo disco. A diferencia de otras veces, estuvo muy comunicativo y contó anécdotas y bromeo con sus músicos. Domina y canta en diferentes lenguas, pero se dirigió a nosotros en inglés. Hizo un recorrido por casi todos sus discos y entre los temas más celebrados resaltó el estremecedor Mutoto donde las armonías vocales pusieron la piel de gallina a más de uno y una. Por el contrario Mbiffe y Nakozonga marcaron los extremos más rítmicos de la noche, pero siempre con la voces dominando las melodías. Llámenlo afro-pop si quieren, él les dirá que desde pequeño su madre le cantaba canciones de la rica Rwanda, el país de los Grandes Lagos, donde lo que primaba eran las ricas melodías con influencias indias y árabes. Y si le preguntan por este disco, “lo que pretendía hacer era expresar la belleza y profundidad de la África de mi infancia y al mismo tiempo aportar una parte creativa fruto de todas las influencias a las que he estado sujeto”. Para acabar nos regaló tres temas de su imprescindible Wapi Yo (RCA, 1995), empezando por ese mismo tema, más la ensoñadora Salle, que nos hizo corear a todos, y la seductora Shadow Dancer. Se despidió, como no, con Goodbye.
Han pasado casi veinticuatro horas, pero aún sigo coreando sus canciones. www.lokua-kanza.com / Relacionados // Miguel Amorós.