Kiko Peña (cante) Benito Bernal (guitarra)
Sandaru. SFB El Dorado. 20 del 11 del 25
Mientras tengamos jóvenes artistas como esta pareja, Kiko Peña (cante) Benito Bernal (guitarra), el flamenco seguirá muy vivo. Tarde de flamenco clásico para disfrute de los aficionados, y me atrevería a decir, que también de los artistas.
Tanto el sevillano Kiko Peña como el onubense Benito Bernal, sin haber cumplido todavía los 30 años, ya pueden presumir de saber de qué va esto del flamenco.
Venían con ganas de triunfar y pusieron mucho de su parte.
Empezaba la tarde Kiko Peña en solitario, con guitarra y voz, y nos despistaba con unas versiones: “Historia de un amor” “Quisiera amarte menos”, supongo que era una manera de decir que su abanico de artista era más amplio de lo que vendría después.
Paso a su silla y dejó la guitarra a Benito Bernal, y arrancaron por tarantas.
Larga introducción de Bernal que ya dejó claro su nivel, ¡cómo toca este muchacho! Qué elegancia, qué manera de crear adornos como el que no hace nada extraordinario y cautivando al público desde el principio.
Y entra la voz de Peña, tranquila, segura, los tarantos necesitan ese temple. La tragedia minera, el sufrimiento, la poesía del campo. Dándolo todo desde el principio.
Sigue con un cantecito de bulería por soleá, el compás bien marcado por la guitarra, Peña sabe acompañar por palmas, mientras espera su entrada. Esas letras de bulería permiten una dicción menos forzosa que la soleá y el guitarrista juega a ritmos que se mueven entre los dos estilos. Lo que está claro es que por la manera de cantar del de Écija, es como si estuviese más cerca de la soleá que no de las bulerías.
Por si había dudas de su apuesta por cantes complejos, seguían por seguiriyas. Ya desde el primer verso, ponía Peña toda la carne en el asador. Un cuarto de hora de tragedia sin contener, en los espacios en que la voz descansa, la guitarra de Bernal, crea lindos paisajes que quitan hierro al ambiente. Uno disfruta, aunque padezca por las cuerdas vocales del cantaor, que lo está dando todo.
Había que dar un descanso a la garganta, y que mejor que unas alegrías, le pide a Bernal, que mueva la cejilla del cuarto traste al quinto, subiendo medio tono para que la voz se encuentre más cercana a estos cantes.
La guitarra tiene su espacio inicial para dejarnos disfrutar de esas falsetas bonitas, aunque en las letras se va primero a su Sevilla, a la Maestranza, concretamente. Y en el estilo, a los cantaores gaditanos clásicos o a su admirado Poveda. Este hombre no puede dejar de arriesgar ni en las alegrías. ¡Qué placer escucharlo!
Reconoce que le gustan los cantes apretaos, pero también disfruta con las alegrías. Se despide con más riesgo, nada menos que martinetes y cantes por trilla.
Se pone en pie, y arranca a solas por martinete, para no perderse, al acabar los versos, se refuerza el compás chasqueando los dedos.
Siguen los cantes de trilla, terribles, con una pulsación perfecta y para terminar la serie y el concierto, la guitarra entra y las famosas malagueñas de La Trini, sirven de broche de oro para una tarde magnífica. + info

