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JULIÁN MURO

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«APFUS, VOL. 1»

Nuestro protagonista de hoy es el músico y poeta argentino Julián Muro. Nacido en Argentina, pero ciudadano del mundo, ¿nos haces un resumen de tus andanzas musicales?
Nací en Bariloche, Patagonia y estudié un grado superior en Buenos Aires. Al terminar, me fui a hacer una residencia artística en Canadá, donde estuve durante un mes y pico a principios del 2018. Tenía alrededor de veinticinco años y volví a casa muy entusiasmado pero me encontré con un país que estaba atravesando una crisis económica y política que no invitaba a quedarse. Con poco dinero y el pasaporte italiano, decidí irme a Europa. Después de unos años en diferentes trabajos no musicales, recibí una beca completa para un máster en The New School de Nueva York. Ahí trabajé con Dave Douglas en este disco, era 2022. Luego volví a Argentina unos meses —la única vez que visité en ocho años— y volví a Europa, a Róterdam, Países Bajos, donde hice un segundo máster. Ahora vivo en Palencia desde octubre y estoy terminando el Máster en Folklore de la Península Ibérica en la Escuela de Música Creativa de Madrid, a través de una Beca de Alta Especialización de la AIE.    
¿Por qué territorios españoles andas investigando?
En el máster estamos revisando el panorama de las músicas de la península, pero con preferencia por Castilla y León, quizás por la influencia de dos figuras fundamentales, que son Agapito Marazuela y Eliseo Parra. También vemos Galicia y, por supuesto, el resto de regiones de España. En lo personal, lo que más me interesa es todo aquello que me resulta más distante de lo que conozco. Por ejemplo, he versionado y compuesto una pieza a partir de un tema tradicional que se llama “Los palos del tío Roque”, que es una charrada, un ritmo en métrica quíntuple, algo que no tenemos en Argentina como ritmo popular.
En este APFUS, Vol. 1 que nos ocupa, cuentas con la participación del Bergamot Quartet, que supongo que conociste en Nueva York al igual que a los otros invitados de lujo. ¿Cómo fue la selección?
Fui muy afortunado. El programa en The New School de Nueva York era específicamente para personas que tuvieran un perfil interdisciplinario, lo que ellos llaman Performer-Composer, es decir, algo así como un intérprete-compositor. Me aceptaron como miembro de la primera cohorte y Douglas (al que había conocido en la residencia artística en Canadá) era profe. Le conté que tenía la intención de hacer este disco y se ofreció como productor. Las componentes del Bergamot Quartet (Ledah Finck, Sarah Thomas, Irene Han y Amy Tan), estaban haciendo un máster específico, hecho a medida y becadas por la universidad. Le pregunté a la primera violinista, Ledah Finck, si les interesaría participar con el cuarteto y dijo que sí. Ethan Cohn era compañero mío del máster y se sumó como contrabajista. El resto de la banda está integrado por músicas y músicos del máster en el que estaba yo y de las carreras de jazz de la universidad.
La portada del disco es toda una declaración de tu gusto por la naturaleza y detalles que me encantaría descubrir.
La portada la hizo un amigo de la infancia, Sebastian Sánchez, “Sancho”, que también es de Bariloche y comparte el amor por las montañas. Le mandé mi foto de perfil y él eligió poner dentro una imagen del Mirador del Brazo Tristeza, del lago Nahuel Huapi, que es precioso, uno de los más grandes de la Patagonia. Y agregó unas flores, la amarilla es la Amancay, flor típica de ahí, mientras que la roja es imaginaria.
Bueno, si te parece, vamos a ir repasando las composiciones de este Vol. 1 y seguro que van saliendo otras informaciones.
El primer tema es «No se está solo»; al principio instrumental, las cuerdas y el contrabajo de Ethan Cohn no andan lejos de lo que están haciendo paisanos tuyos como Diego Schissi o Juan Pablo Navarro.
¡Qué maravilla!, es la primera vez que escucho esto. Diego, por supuesto, está entre los músicos actuales de Argentina que más me fascinan, junto a Guillermo Klein. Perfiles muy distintos pero fantásticos.
No sé por qué será que te genera estas reminiscencias. En general, cuando me dicen que mi música suena a alguien, busco a ver quién les influenció y muchas veces es lo mismo que me ha influído a mí. Este tema parte de una letra melodramática que escribí cuándo tenía 18 años y que tocaba como un blues. Y tenía ganas de traerlo al universo de cuerdas, algo nocturno, de sonoridad tanguera y jazzera a la vez. En casa escuchábamos mucho a Piazzolla, sobre todo el disco que hizo con Gerry Mulligan, “Summit”.  Ethan es un músico de jazz y por eso le dí esa improvisación inicial con el contrabajo, pero me interesaba que las chicas del cuarteto, con su origen en la música clásica y contemporánea, también improvisaran. Les propuse acompañar un solo de violoncello a cargo de Irene Han, improvisando a la vez que ella con recursos de técnica extendida propios del tango de principios del siglo XX —técnicas que, dicho sea de paso, son muchas de origen afro-porteño—. Entre estas está la técnica que llaman “chicharra” que hace el violín con fines percusivos. Piazzolla la usaba mucho.   
Con el siguiente tema, «Ay», parece que nos hemos ido más al norte.
Al norte de Argentina y al norte de África. Ese tema lo llamo “Chacarera Tuareg”.
Mi primer disco, Dingungu (2016), lo dediqué a resaltar la presencia africana en las músicas tradicionales de Argentina. Un día, escuchando músicos del norte de África como Ali Farka Touré o Bombino, pensé que lo que hacían estaba cerca de la chacarera. Entonces surgió la idea de tocar un riff inspirado en la música tuareg pero en ritmo de chacarera. Luego me volví muy fan de Toumani Diabaté & Ballaké Sissoko, que hacen maravillas con la kora. En “Ay” quise ver si podía lograr que el cuarteto tuviera una sonoridad rítmica con aires de kora. También me influyó el trabajo del Chango Farías Gómez, que fue el primer músico que armó un grupo vocal dedicado al folklore argentino en la década del 50. Solo voces. Atahualpa decía, respecto a ellos (los Huanca Huá), “es como que uno canta y los demás le hacen burla” y ese es el concepto. Yo cantando mientras las cuerdas contestan e interrumpen, participando.   
Ahora mismo, aquí en España, si tuvieses que tocar estás composiciones, ¿con qué músicos contarías para acompañarte?
¡Hay equipo! Hay interés de un cuarteto de cuerdas formado en Nueva York, que se llama O Kwarteto, que son especialistas en música brasileña y están ahora en Madrid, y de Lila Horovitz, gran contrabajista que también está viviendo aquí. Lo que no tenemos aún es dónde tocarlo… Escucho ofertas.
Seguimos con «Tenías un nombre». Dedicada a una persona que debió morir adolescente. La poesía por encima de la música. ¿Escribes poesía que funciona sola o siempre para acompañar música?
Escribo poesía. En la actualidad tengo poco tiempo para escribir, pero me han editado en alguna antología. En realidad, esto es un poema, más que una canción.
Y llegamos a los “Si”, primero el I, una intro, para saltar al II, con descarga de percusiones y llegar al III, que sería, según comentas en las notas, una composición que se inspira en la baguala, que creo que es de la zona de Salta.
Si” es la primera suite del disco, tiene tres movimientos: intro, una canción cortita para la infancia (inspirada en la música de Milton Nascimento) y luego la canción principal, el tercer movimiento. Este tiene influencia de la música guaraní de la zona de Misiones, cerca ya de la frontera con Paraguay y Brasil. Mi padre, Tam Muro, es museógrafo y fue a construir un centro de interpretación en las ruinas de San Ignacio. Cuándo llegó se encontró con unas músicas muy interesantes que grabó en un disco que se llama Mbora’i: Cantos Sagrados de las Aldeas Mbya Guaraní de Misiones. Me gusta mucho como suena esa música e inspiró, entre otras cosas, el motivo central a cargo del primer violín. Hacia el final del tema, la invité a Amy Tan a que improvisara con la viola a partir de las notas y motivos típicos de la baguala, que es un canto arcaico de la zona andina del noroeste de Argentina y fundamental para nuestro folklore. Gustavo “Cuchi” Leguizamón decía que “Toda gran zamba encierra una baguala dormida”.
Otra fase, la de «Dormir vestidx» otra suite con tres partes. Una intro titulada «Years later» a continuación sigues con «A prayer, a Lullaby», aquí nos detenemos, me gustaría que me detallases los instrumentos que intervienen en esta composición tan interesante. 
Ese es, para mí, de los momentos más intensos del disco. En realidad está el cuarteto solo hasta el final, que es cuando entra el contrabajo. Hice un trabajo para ver cómo funcionaban los armónicos en los instrumentos de cuerda y les compuse un tema basado en el uso de armónicos con una sección larga donde les pedí que improvisaran grupalmente a partir del material escrito como sugerencia, hasta que el primer violín hiciese una señal musical que indica la entrada del contrabajo con arco para pasar a una sección final, que es donde se escucha el cambio a pizzicato. Es una improvisación tremenda y no sonaría igual dos veces.
Y cierras con la tercera parte de «Dormir vestido» donde describes narrativamente tu etapa de recorrer el mundo con pocos recursos. 
Bueno, como todo arte, involucra una mentira: no es cierto que yo haya dormido en la calle. Está escrito desde la perspectiva imaginaria de alguien que sí lo ha hecho. Es cierto que durante mis primeros meses en Europa, hubo momentos en los que no tenía demasiado dinero ni nadie a quien acudir y esto me sensibilizó ante ciertas realidades: Estamos viendo en muchas ciudades del mundo a gente que dejaron todo en su tierra para ir en busca de oportunidades y terminar durmiendo en la calle, con solamente un cartón a modo de manta. Es desgarrador.
No hemos averiguado el significado del título APFUS.
Son unas siglas. Creo que se van a poder deducir en el segundo volumen, que sale el año próximo. El volúmen dos cuenta con banda en lugar de quinteto de cuerdas y con Dave Douglas en la trompeta.

APFUS, VOL. 1 (© y ℗ Julián Muro, 2026) es una publicación conjunta entre los sellos Ears & Eyes Records (EE.UU.) y Segell Microscopi (ES).

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foto: Alberto Poncio