Jorge Pardo y Carles Benavent. Vientos furtivos.
Sandaru. SFB El Dorado. 10 de abril del 2025
Siguiendo con la programación de Vientos furtivos, incluida dentro del flamenco de la SFB El Dorado, este jueves tuvimos el privilegio de escuchar a dos de los grandes forjadores del flamenco jazz en España. Jorge Pardo (flauta) y Carles Benavent (bajo eléctrico).
La tarde se desarrolló como si fuese un encuentro de dos abuelos “cebolletas”, como decía Pardo, con ganas de recordar anécdotas que servían para introducir los temas que iban sonando.
Hay que remontarse hasta 1984 para escuchar el primer disco del sexteto de Paco de Lucía, Live… One Summer Night. Allí estaban, los tres hermanos De Lucía, Paco, Pepe y Ramón de Algeciras a las guitarras. El madrileño Jorge Pardo al saxo soprano y a la flauta, el catalán Carles Benavent al bajo y el brasileño Rubém Dantas a las percusiones. La gente no entendía que hacían aquellos instrumentos en el flamenco. Pero en el segundo disco, Live in América, donde ya se podían escuchar “Zyryab” o “Buana Buana King Kong”, éxitos que ya lanzaron al sexteto al reconocimiento internacional, quedó claro, que el sexteto iba a ser algo muy grande, más de dos décadas de conciertos por todo el mundo, así lo abalan.
Pero vamos con el desarrollo del concierto, y descubriremos más mundo fuera del sexteto de Paco de Lucía.
Empezaba Benavent solo con un tema suyo titulado “Madrid”. Con su famoso bajo de cinco cuerdas y trastes, firmo una tarde espectacular, algún problema de sonido, al principio, pero nada que pudiera menguar sus ganas de ofrecernos un gran concierto.
Presentaba a su compañero Jorge Pardo, explicó que gracias a él empezó a tocar con el maestro De Lucía. Y nos advirtió que esto sería una tertulia, donde además de tocar, nos explicarían algunas cosas que les han ocurrido en su larga trayectoria.
Ya los dos juntos, después de agradecer al público, y alargarse un poquito, sobre la relación con Paco de Lucía, decidieron empezar con “Calle Real”, unos tanguillos que habían grabado con el maestro. Pardo, que en su época jazzística, había priorizado el saxo soprano y el tenor, para fusionar el flamenco, siempre ha preferido la flauta, que le acerca más al cantaor. Quisieron recordar a Mario Pacheco (fundador de Nuevos Medios) con quién Benavent grabó su primer disco, “Agüita que corre”, de este trabajo escogieron “De perdidos al río”. Al tratarse de un dúo, Benavent llenaba mucho más espacio que cuando actuaba en el sexteto. Además, los pedales aumentaban efectos con mucha gracia. Pardo se conformaba de momento en hacer entradas puntuales, el peso lo llevaba el bajo. Parecían cortar, pero seguían rematando, muy atentos los dos amigos a cualquier guiño del otro. Como el que no quiere la cosa, nos habían metido “Caravan” del maestro Duke Ellington, sin despeinarse. ¡Geniales!
Pardo seguía echando flores al trabajo de Benavent, este recordaba anécdotas, entre otros de Sabicas. O de su época con Chick Corea. Estaban con ganas de explicar, y el público entretenido, y con ganas de reír. Recordaron al desaparecido Jordi Bonell y siguieron con “Mantequilla”, otro de los temas de “Agüita que corre”. La flauta era ahora la voz que se alzaba segura y firme, por atrás el bajo le llevaba a esa fusión de flamenco jazz que tanto le gusta a la pareja.
Benavent le pidió a Pardo que se quedara solo para que pudiésemos comprobar como esa flauta se acerca al cante. Pardo, explicó que su norte en el cante, siempre fue Camarón, y qué mejor, que demostrarlo con unas seguiriyas que nos dejaron temblando. Es impresionante como consigue sacar esos lamentos de la flauta.
Volvía Benavent, miraban la hora y decidían seguir con un tema de Pardo, se remontaron nada menos que a “Las cigarras son quizás sordas” Nuevos Medios, 1991, no dudó Pardo en explicar la historia del título y anunciar que harían “Eterno”, el primer tema. En el disco, fue el primero que tuve del madrileño, este tema lo hacían a dúo Jorge Pardo (flauta y botellas) y Antonio Carmona (bongos), por lo que Benavent tuvo que aportar sonido de percusión con su instrumento (sin problemas) e incluso Pardo se fue por momentos a colaborar golpeando en su propia banqueta, improvisación tremenda. Un gustazo. De esos momentos que no se olvidan, dos monstruos en estado de gracia.
Un final de traca, pero el público quería más. No tardaron en salir y cerrar, como toca, con una fiesta por bulerías. Otro momento de improvisación festera, afinó Benavent, se lanzó a compás, “cantó” Pardo, y volvieron a unir sus almas en ese viaje hacia el creativo sur, sin dejar de lado la improvisación del jazz. + info

