Ana Lorenzo
«La verdad de sentir» Librería Byron. 10 de enero del 2025
Reconozco que todavía no me había acercado hasta la Byron para asistir a cualquiera de sus múltiples propuestas musicales, un error por mi parte. Este escenario reúne, ahora mismo, las cualidades necesarias para ser un espacio imprescindible en la agenda cultural de la ciudad de Barcelona. Además de una programación musical muy diversa: flamenco, tango, jazz (te invito a visitar su web al final del artículo) es una sala que merece la pena conocer. Espacio decorado con mucho gusto, luces y sonido de calidad (como se agradece) y una capacidad de, como mucho cien personas, en cómodos asientos con mesas para consumiciones. Todo un lujo.
¡Pero vayamos con la música! Ana Lorenzo es una joven cantaora de Huelva, que tenemos la suerte de que haya escogido Barcelona como plataforma de lanzamiento. No diré un diamante en bruto, porque estoy seguro que ya ha trabajado duro para cantar como lo hace.
Todos sabemos, que ahora mismo, a la estela de Rosalia, hay muchas luces que quieren brillar rápido en el firmamento, pero esta mujer no necesita seguir ninguna moda, ya que sabe perfectamente quién eran los hermanos Pavón, y tiene voz para cantar flamenco por derecho.
Había escuchado a Ana Lorenzo en otras salas, pero tenía mucho interés en ver en directo este proyecto de La verdad de sentir. Como ella mismo explicaba, no quiere caer en falsas ortodoxias, ni tampoco en vanas modernidades, lo que le interesa es sentir, sentir como su idea del flamenco, coge forma y el público la valora como merece. Estoy seguro que lo va a conseguir.
Para acompañarle en esta propuesta, ha escogido un formato «irreverente» pero que funciona. A la guitarra (con algún juego de pedales, que no interfiere en absoluto en la jondura) el brasileño, pero con ocho años ya en Barcelona, Frederico Vannini un guitarrista que ya es popular entre las salas de la ciudad, y en la batería Josep Cordobés (un músico del que he comentado varias participaciones en esta web, tocando junto a músicos como Alba Careta o Martí Serra)
La batería al no estar sonorizada, y al usar Cordobés, solamente escobillas o mazos forrados, aportaba un sonido discreto que daba un colchón de percusiones sin tapar la voz ni la guitarra. Aunque estoy seguro de que con el tiempo, batería y guitarra van a encontrar más momentos de libertad en los espacios que la voz les permita.
Empezaba la tarde con unas letras de guajiras, que pasaron enseguida a sevillanas, palo en el que bateria y guitarra se encontraban cómodos y supongo que a Lorenzo (que estaba nerviosa por la importancia del evento y sobre todo por la presencia de familiares) le venía bien la seguridad de este palo.
Pero enseguida se dio cuanta que los nervios solo estaban presentes al hablar, que cantando no «temblaba» y se lanzó a una soleá que nos dejó tocaditos para toda la tarde, ¡qué voz! Con qué facilidad sube hasta el grito terrible, con qué facilidad vuelve a modular por abajo, además quiso aportar letras nuevas, Desamor por soleá. Con entrada curiosa de la guitarra y batería. Un poco en la idea del maestro Cantizano cuando se junta con músicos como Maseado.
Siguió por colombianas, de nuevo, asumió la melodía del palo, pero incorporó unas letrillas que cantaba de pequeña con su hermana. El suave balanceo de la colombiana muy bien adornado por la guitarra de Vannini y las sutilezas de Cordobés. Aquí el dúo tuvo ese espacio del que te hablaba y lo aprovechó.
Nos presentó una composición propia, Hilo rojo, y demostró que está llamada a ser una figura a tener en cuenta. Aunque en un principio la guitarra y la batería parece que vana sonar poperas y la voz jugará a acercarse a gente como Macanita, Maria Terremoto u otras figuras actuales, de repente un giro sorprendente nos lleva a fusionar notas negras (funk) con las raíces flamencas que la alimentan y de las que no debe huir.
Anunció unas seguiriyas, templó Vannini y entró despacio, dándose tiempo antes de abordar las falsetas típicas, descansó Cordobés y la voz de la cantaora entró fuerte, como si tuviese veinte años más de los que tiene. Letras de La niña de los Peines, flamenco de muchos quilates en proximidad. Al final Cordobés necesita entrar para rematar tanta tensión. ¡ Cómo cansa! Reflexiona Lorenzo, con toda la razón.
Para descansar un poco siguieron por cantiñas, hay que afinar guitarra (apagar un móvil despistado) y ya estamos en Cadiz.
La batería ahora con mucho protagonismo. Y la guitarra, ni te cuento.
No podía olvidarse de su tierra, así que había que ir a los fandangos, primero unos naturales (que se cantaban en toda la península) y después ya a los típicos de Huelva, era el momento de acordarse, entre otros, de Chocolate (que grande) y después ya fuimos acercándonos a los fandangos alosneros, toda una fiesta, y otro desgaste impresionante de voz, como se nota cuando hay ganas de darlo todo.
Para el bis, no podían faltar las bulerías, y la sorpresa de unas pataitas por parte de Ana Lorenzo, que tenía ganas de demostrar todo lo que sabe, que es mucho. + info

