Gregorio Moya y Paco Cortés
Sandaru, SFB El Dorado 15 del 1 del 2026
Empezábamos el trimestre con un recital de cante clásico. El público siempre lo agradece, y la sala del Sandaru volvía a necesitar sillas laterales. Aunque el cantaor manchego Gregorio Moya (Argamasilla de Alba, 1984) es muy joven, ha decidido respetar el flamenco clásico y como indicaba el título del recital, homenajear a un cantaor esencial en la historia de esta música. Enrique Morente. Aunque parezca una contradicción, ya que Morente era un innovador, el cantar acercándose a su estilo, no implica que haya que ser innovador. Moya se dedicó a esos cantes difíciles (clásicos) que no dan tregua, y que exigen por parte del cantaor estar en muy buena forma y seguro de dónde se está metiendo. Le acompañaba el maestro Paco Cortés (Granada 1957). ¿Quién mejor que él, que ha acompañado a Morente, para ejercer de escudero fiel?
Cortés supo mostrar sus habilidades cuándo fue preciso, pero, sobre todo, supo toca para el cante, que no siempre es fácil.
Arrancaban con unas soleares. Entrada de lujo con la guitarra jugando en ese espacio libre, antes de que cante Moya. El manchego entra con fuerza, pero sin prisas, con esas letras que se conocen como la Soleá de Charamusco, y qué tantos grandes han cantado, entre ellos Morente.
Saluda Gregorio Moya, nos recuerda su anterior visita a esta misma sala y anuncia que seguirán por malagueñas, vuelve a entrar el cantaor sin prisa, con esa seguridad en los ayes que tanto me gusta, además Moya tiene una pronunciación muy clara que permite disfrutar de esas letras clásicas muy bien escogidas. En este caso recupera las famosas malagueñas de La Trini. Siguiendo el recorrido por letras populares, era el momento de acercarse hasta el Levante y por tarantas y cartagenera recordarnos el emblemático “Pedro el Morato”, incluido en ese maravilloso disco de Morente y Sabicas “Nueva York – Granada” Ariola, 1990. Emoción a flor de piel. Increíble como canta este hombre, normal que se llevara la Lampara Minera del último Festival de Las Minas (2025) Aprovecha Cortés para juguetear con la guitarra mientras Moya bebe agua (necesito su botella y la de su compañero, que dijo preferir el vino)
Si hasta ahora habían recorrido las letrillas populares, era el momento de pasarse al gran poeta flamenco, Federico García Lorca, con esos fandangos en homenaje a Alosno y las tierras onubenses. El estilo de Morente se hace patente de nuevo, en esa forma de subir y en esos arranques de cantante de voz ronca, quizás se juntaba un cuello tocadito, por eso necesitaba tanta agua.
Jugaba Cortés con musiquitas de dibujos animados (Pájaro loco) y anunciaba Moya que es iba por tientos, mucho espacio para Cortés que sabe crear tensión para que Moya resuelva, y el guitarrista con ese toque tan percusivo refuerza la tragedia del tiento.
Sin descanso para la garganta, se atreve Moya ahora con unas seguiriyas, larga entrada de la guitarra que es todo un lujo, por la calidad de las falsetas como por el sonido tan cuidado. Quizás un poco cargado el golpe del pulgar que suena demasiado. Pero escuchemos a Moya, cantando “La seguiriya de los tiempos” de Morente y dejémonos llevar por la pureza.
Un poco de descanso de tanta tensión, nuestro otro poeta universal flamenco, don Antonio Machado, pondrá las letras para los siguientes tangos. “La Toná de la fragua” (Machado).
Todavía había tiempo para volver a los fandangos y por supuesto despedirse con “La estrella” uno de los temas más emblemáticos de Morente. Un concierto que consiguió que el público se mostrase unánime en valorar a esta pareja de artistas que siguen dejando el nivel del flamenco muy alto. Cuando Moya pidió un aplauso para Cortés quedó claro el impacto que había dejado el guitarrista, y por supuesto el aplauso para el cantaor no fue menor. + info | relacionados

