Gregorio Moya y Tomás García (cantaores) Pedro Barragán (guitarra) Zambra
Sandaru. SFB El Dorado. 23 de mayo de 2024
Explicaba Pedro Barragán (padre) como introducción al evento, que el espectáculo que íbamos a presenciar (Zambra) tenía sus raíces en lo que ocurrió en el histórico tablao madrileño (Zambra) inaugurado en 1954 y dónde se grabó la primera Antología de Flamenco con el sello Hispavox. Un joven guitarrista jerezano, Perico del Lunar, reunía en ese tablao a los mejores cantaores del momento, El Gallina, Bernardo el de los lobitos, Pepe de la Matrona, Juanito Barea y años más tarde, al mismo Enrique Morente. Perico del Lunar, no solo ejercía de guitarrista, sino que orientaba los cantaores y organiza con su toque (nada virtuoso) los espectáculos de cada noche.
Esa era la idea que ahora en 2024, querían ofrecernos estos músicos. Pedro Barragán (hijo) a la guitarra y Gregorio Moya y Tomás García, al cante.
Tres largos minutos estuvieron los músicos en riguroso silencio, ante un público respetuoso, que intentaba (al menos un servidor) situarse un siglo atrás en aquel Zambra madrileño.
A partir de ahí, ya no hubo pausa, una hora de cante y guitarra, sin interrupción. Dos voces que se iban alternando y una guitarra, que complacía a ambos y todavía encontraba sitio para sus falsetas.
Fue Barragán quien abrió fuego, y a los pocos minutos Tomás García entraba por soleá, profundo, arriesgando, en el más puro estilo de subir muy alto en los agudos (más tarde tuvo problemas, que le marcaron la noche) es lo que tiene la valentía. Casi sin darnos, cuenta suaves rasgueos de Barragán nos conducían a las serranas que hemos escuchado muchas veces a Morente. A la orilla de un río. Como te comentaba, no había espacio para los aplausos. Los cantaores se iban alternando. Ahora se iban por peteneras, Al pie de un pocito seco. Como es natural, Barragán marcaba con precisión el toque de este palo y aprovechaba para adornarlo con unas falsetas preciosas. Siguieron por malagueñas, que derivaron en abandolaos. Y al momento estaban cantando por cartageneras. O volvían a malagueñas y a Morente (Ni quién se acuerde de mí). Primer indicio de que García está sufriendo (la voz carraspea, lo fue solucionando con mucha agua) Un aplauso para este cantaor valiente.
Espacio para la guitarra que caracolea feliz iniciando otro cambio de palo. Ahora son los dos cantaores quiénes entran por alegrías con el famoso poema, Esta noche mando yo, de Álvarez Quintero. Para pasar enseguida a las sevillanas. Fueron combinando diferentes estilos pero todos recordando aquellas épocas.
Ahora estaba Gregorio Moya con una farruca de las que te ponen la piel de gallina.
Por momento se quedaba solo el cantaor, y enseguida, le acompañaba la guitarra y las palmas de su compadre. Cualquier detalle les sirve a estos tres músicos, para entrar en nuevas veredas, todas muy atractivas. Ahora son las bulerías, las que pasan a canción con esa María Dolores, que quiere ser bolero, aunque la voz de García, nos hace padecer cada vez más.
Entra Maya por Morente (si cerrabas los ojos, casi no podías dar crédito a lo que estabas escuchando) la misma voz (con ese cobre que tenía el maestro) El vaporcito y otras letras del granadino. Barragán también ha escuchado con profundidad a Morente y sabe cómo acompañar sus cantes, dejando espacio y también adornando cuándo se puede.
Ahora es la guajira, La malanga, que nos vuelve a recordar a Morente. Después hubo un cante que no conocía, en que recorría ciudades de España: Sevilla, Madrid, Barcelona y Zaragoza. Entraba Barragán por granadina, recordando de nuevo a Morente en este caso con Sabicas, en aquel En oro y marfil. Moya estaba enorme, seguro, subiendo muy alto y aguantando con firmeza. ¡Que ganas de aplaudir! Pero había que esperar.
Juega con nosotros la guitarra, obligándonos a adivinar por dónde vendrá el siguiente palo. Y ahora son los dos cantaores los que enlazan sus voces para acabar entrando por seguiriya con Si yo supiera la lengua.
Cerraron con una nana, cogiendo letras de esa maravilla que escribió el gran poeta Miguel Hernández (Nanas de la cebolla) ¿Cuándo se reivindicará como merece su legado? Me pareció la mejor manera para cerrar una tarde, que había empezado con esos minutos de silencio y acababa con ese recuerdo al mayor poeta del pueblo. Por si quieres seguir con el poeta de Orihuela, en el vídeo te dejo a Moya con Montoyita (a la guitarra) y esa Elegía a Ramón Sijé. + info | Fotos: Joan Cortès

