Ezequiel Benítez (cante) Paco León (guitarra)
Sandaru. SFB El Dorado 21 del 11 del 2024
Tenía muchas ganas de escuchar a esta pareja de artistas, habían triunfado en mayo de este año en Cornellá, pero un servidor se lo perdió. Era el momento de corregir el error, y no me defraudaron.
El jerezano Ezequiel Benítez, nacio en el barrio de Santiago en 1979, en una familia de artistas. Su padre, Alfredo Benítez acompañó con su guitarra a los grandes cantaores jerezanos de su época. Y el cantaor, puede presumir de tener en su casa cerca de cuatro mil cintas con grabaciones antiguas, que ha estudiado a fondo, consiguiendo acercarse con mucho respeto a los grandes cantaores y poder imprimir su propio sello.
Le acompañaba su guitarrista habitual, Paco León (Puerto Santa María, 1991) guitarrista del último disco de Benítez, Dukkha, 2022. Del que nos ofreció tres temas.
Pero vayamos al principio.
Arrancaba Benítez por fandangos, Que me tengo que morir, y además de comprobar que tiene una voz clara y con mucha hondura, pronto pudimos corroborar que como buen jerezano tiene el compás en su ADN y además sabe ganarse al público con las primeras bromas.
León sabe que su trabajo es de escudero y deja que las palabras certeras del cantaor, lleguen al público sin interrupciones (bajando o subiendo su sonido según convenga)
Explicó el de Jerez, que todas las letras son suyas. “Me gusta contar las cosas mías y no las de las otras personas, creo que es una forma de abriros mi corazón” Y pidió la luz del público, porque le gusta mirar cara a cara a la gente.
Siguen los fandangos con Mala lengua, y los versos arrancan las primeras complicidades de un público que disfruta tanto con el cante como con las letras. Si además de que canta bien emociona al público con estas declaraciones, ¿Qué más le puedes pedir a un artista?
No tardaba la guitarra en arrancar por alegrías, la poesía de Cádiz y el compás de Jerez unidos de la mano.
La guitarra de León arrancaba salerosa y risueña. Y Benítez volvía a deleitarnos con letrillas de su pluma, también León metía falsetas novedosas, una pareja de investigadores que no defraudan. “Que cuidao se me da a mí, que la mar esté bravía, si al amanecer el día en tus brazos me dormí” Se agradece este tipo de letras, es como si otro modelo de hombre se afianzara en el flamenco. ¡Ole!
Quiso Benítez, recordar a un amigo que se fue por la pandemia, Tientos del amigo. Comentó que este tema está en su último trabajo, Dukkha, que antes te comentaba.
Introduce León con un toque dramático y gordo, abriendo un espacio para que la voz potente de Benítez entre casi por necesidad de recoger lo que León había presentado, uno de los momentos más emocionantes de la tarde. Tema corto pero intenso.
Quiso irse muy atrás en el tiempo, hasta los cantes de trilla, que, como nos comentó Benítez, se hacían solo con la voz. Estos cantes están recogidos en una trilogía que editó hace unos años. Y que fueron premiados e incluso nominados a un Grammy. Subió con facilidad Benítez a notas altas, de las que ayudaban a paliar el esfuerzo de aquellos trabajos.
Saltamos a los cantes de Málaga, Malagueña de una partida, de nuevo unas letras que el público aplaudió al instante, no tardaría León en cambiar el toque y con mucha elegancia pasarse a los verdiales.
Amenazó con terminar por bulerías, el público decía que no. Era el momento de demostrar sus orígenes y los defendieron con honra. León sacó lo mejor de los guitarristas jerezanos, la herencia de Moraito está salvada. Y Benítez, se vino hacia delante, y ya sin micro, canto, bailó y embromó a su guitarrista “mira qué flamenco es, que duerme con la guitarra en vez de con su mujer”. No llegó a una hora, pero nos dejaron con una sonrisa en los labios y la sensación de haber disfrutado de un flamenco auténtico y atemporal. + info | Fotos: Ana Palma

