ConciertosCrónicas

Missa de les Santes

Missa de les Santes

Basílica de Santa María (Mataró), 27 de julio de 2025.

yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Missa de les Santes

Como cada año, y de manera ininterrumpida –con la salvedad de la Guerra Civil y la pandemia de covid– se celebró en Mataró (Barcelona) la Missa de les Santes en conmemoración de las patronas de la ciudad, las mártires Juliana y Semproniana. Para tal fin, el padre Manuel Blanch (1827-1883) compuso a mediados del siglo XIX esta misa cantada de 90 minutos de duración que puede alcanzar las tres horas si se añade toda la parafernalia religiosa de su liturgia, lo que equipara la experiencia a casi la de una ópera wagneriana por su extensión, su desarrollo y el nivel de atención y resistencia al que somete al público. 

Blanch escribió su opus magnum pensando principalmente en la funcionalidad ritual de la eucaristía, puesto que no sólo se comulga a hostias, sino participando del canto durante la ceremonia. Aquí, sin embargo, es el coro el que aborda los turnos de palabra atribuidos al pueblo, dándole la réplica a las cuatro voces solistas que, en esta ocasión, encarnaron la soprano Anaïs Oliveras, la contralto Mariona Llobera, el tenor Joan Mas y el bajo Albert Cabero, con una tesitura más cerca del barítono. Gabriel Miralles se encargó de la dirección, optando por remarcar los acentos orquestales que subrayaran las líneas del coro, sin taparlo y, de paso, conferir de un mayor peso a las percusiones.

Conviene advertir que la predisposición como oyente de una misa cantada obliga a dejar en casa la aptitud que se reservaría habitualmente para un gran auditorio, un teatro de ópera o una sala de conciertos, porque de lo contrario se corre el riesgo de sufrir un continuo coitus interruptus por las múltiples cuñas litúrgicas que van marcando el progreso de la misa. El reparto de la comunión en el último tramo es un claro ejemplo de lo antedicho. ¿Qué ha de prevalecer en dicho instante? De ponerse el foco sobre el ritual, todo esfuerzo por parte de los cantantes resulta entonces a todas luces superfluo, quedando sus aportes casi inapreciables y como mero fondo ornamental. Fue lo que pasó en esta jornada.

yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Missa de les SantesAntes de dar inicio a la misa cantada, abrió el rector con una larga lista de agradecimientos con nombres, apellidos y cargos, pero sin hacer ninguna mención a Lluís Carné, la principal persona responsable, junto a Clàudia Dubé y el propio Miralles, de la revisión de la partitura original de Blanch en la que se han basado para la interpretación que ahora nos ocupa. Tras las apresuradas palabras de abertura, arrancó el coro con un Kyrie de tono amable que, en el subidón de la Gloria, fue enfatizando el protagonismo de las voces femeninas. La partitura de Blanch no disimula su amplia deuda con Gaetano Donizetti (1797-1848) en cuanto al tratamiento vocal de su música, como prueba la inclusión de arias y dúos y, para los coros, la atmósfera que iban éstos tejiendo para sugerir un tono emocional concreto.

Más evidente es la influencia rossiniana en los simpáticos crescendos de los allegros a ritmo ecuestre –como por ejemplo en la incorporación progresiva del coro en el Credo–, aunque Blanch se torne más tremendo y mozartiano –vía Réquiem– en el Quoniam, hasta llegar a momentos más reposados como el Agnus Dei o las sensibles entradas del Domine Deus o Cum Sancto Spiritu, donde se conjuntaron las cuatro voces y el coro a capella en el largo antes de la explosión cromática del vivace.

yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Missa de les Santes

La dirección empastó muy bien los vientos como se pudo apreciar en la preciosa y florida introducción de la flauta en Qui Tollis y en la armonización con las cuerdas que dibujaban los oleajes del citado Gloria, punteados por la percusión y redondeados con la entrada del coro en el tema central: “Gloria in excelsis Deo”. Las voces brillaron dispares, sobre todo en los cuartetos, en los cuales se perdían los contrastes quedando algo menos lucida la voz del tenor, pues parecía tener mayor dificultad para llegar a las notas altas en el tutti con la orquesta. Llegado el Resurrexit se habría dado por fin a su resurrección. 

Cabe señalar que la prensa musical carecía de lugar preferencial para juzgar la calidad sonora, teniendo que conformarse con ocupar un ángulo que arquitectónicamente desviaba –cuando no distorsionaba– la acústica. Esto no fue óbice para hacerse notar la presencia de representantes de un ayuntamiento y de un ministerio de cultura que se precian de laicos en la primera fila de un evento de cariz religioso. El obispo aprovechó la circunstancia para rogar a las autoridades –municipales, autonómicas y estatales– allí presentes para que le dieran una mano de pintura al recinto. De invertir ese capital en las familias desahuciadas de la ciudad nadie dijo ni sugirió nada. Ya puestos, podrían responder a la necesidad de editar una nueva grabación de la misa, pues la última data de 1998 y quedó muy esquilmada por la urgencia y las limitaciones técnicas y económicas del momento. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Missa de les Santes

Al final, no obstante, los vítores se los llevó consigo el séquito de los pendones que paseó las reliquias de las dos adolescentes –las citadas Juliana y Semproniana– cuyo martirio a manos del emperador Diocleciano (siglo IV) se celebra con paradójica alegría. Quien esto suscribe y unos pocos parroquianos más fuimos la escasa congregación que se quedó hasta el final para rendirle a los músicos el aplauso que se merecían con creces.

Iván Sánchez-Moreno | +info | Relacionados | Ilustración: Pere Fradera | Xilografía: Enrique-Cristóbal Ricart Nin | Fotos: Romuald Gallofré

yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Missa de les Santes