Crónicas

Manuel Blanch: La Missa de les Santes

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26 de junio, 2025. Museo-Archivo de Santa María (Mataró).

En la sala de actos del Museu-Arxiu de Santa María, junto a la Basílica de Mataró, se hizo la presentación oficial de dos trabajos íntimamente relacionados con la obra más importante del clérigo y compositor Manuel Blanch (1827-1883): la Missa de les Santes. Uno era la ilustración que el artista local Pere Fradera ha propuesto como estampa que se les otorga a las personas y empresas que, con las aportaciones de su patrocinio y mecenazgo, sufragan los costes para su interpretación. El otro motivo de celebración es la última revisión de la partitura de Blanch, que ocupará el grueso del presente escrito.

Tras una brevísima y casi fugaz intervención –que apenas rozó un minuto de implicación personal– por parte del mossèn Jaime Moyà, en el cargo de presidente de la Junta Rectora que gestiona los fastos de la Missa, se dio paso al descubrimiento de la ilustración que Pere Fradera ha realizado para tan solemne ocasión. Confesándose indevoto y laico, el artista se dejó inspirar por los símbolos de la fraternidad, siendo ésta, a su juicio, el principal punto de conexión antropológica entre la religiosidad y el desarrollo social de la humanidad. Barajando estos conceptos, la imagen resultante se compone de dos ramas de olivo entrecruzadas bajo la bendición de una estrella en el cielo, que remite a la esperanza que se profesa en la Génesis.

La historiadora Pilar González-Agàpito abrió el siguiente acto con unas palabras de admiración para el músico Lluís Carné i Miguélez, quien le relevó al micrófono. Carné expuso los contrastes entre las diversas ediciones de la partitura de Blanch que se atesoran en el archivo municipal. El ínclito trabajo de Carné no se resumió al de hacer una mera revisión de la Missa de les Santes, sino una reducción adaptada para coro y voces solistas con acompañamiento de piano, esquilmando de paso todos los añadidos y todas las intervenciones posteriores que desvirtuaron la obra original.

Desde su estreno en 1848, la Missa de les Santes se ha celebrado ininterrumpidamente en Mataró con las excepciones de la Setmana Tràgica (1909), la Guerra Civil (1936-1939) y el confinamiento sanitario impuesto por el co-vid (2020). Desde entonces han sido muchas las manos que han emborronado, cambiado o incluso suprimido alguna nota, variado claves y tonos y hasta compases enteros. Por desgracia, no se puede contar con la partitura primigenia firmada por el propio Manuel Blanch por estar ésta celosamente custodiada (cuando no perdida) entre los archivos de La Scala de Milán. La copia más antigua que se conserva en Mataró está datada entre 1884 y 1909, pero se guarda una posterior de 1947 que ha sido muy discutida.

Las labores de reescritura de Carné también se han servido de la recomposición de todas las partichelas destinadas a cada una de las secciones de la orquesta y los coros que se ha ido encontrando por doquier, haciendo notar las no siempre discretas mutaciones que se infligieron en la Missa original. En algunos casos, siguiendo las pesquisas de Carné, se llegaron a eliminar fragmentos tan extensos que podían alcanzar un total de más de mil compases (¡casi un cuarto de hora!) con el fin de adaptar la difícil obra de Blanch a las limitaciones técnicas, humanas y orquestales del momento. En su conjunto, a lo largo de la historia quedaron afectados pasajes enteros de Christe Eleison, Gloria, Gratias, Et Vitam, Hosanna y Domine Deus, por no decir también de la obsesión por romantizarlo todo doblando los vientos a mediados del siglo pasado. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Manuel Blanch: La Missa de les Santes

Otro ejemplo de las tergiversaciones a las que los directores y copistas sometieron la Missa es el cambio de registro vocal. En el siglo XIX las mujeres tenían prohibido cantar en la iglesia, por que mossèn Blanch tuvo que amoldarse a los criterios cantores aprobados por la institución. Por ende, compondría su Missa coral para niños varones que no hubieran hecho todavía el cambio puberal. Consecuentemente, el papel de contralto lo desempeñaría un hombre cantando en falsete y, como se desprende de algunas facturas de contratación, el rol del tiple solitas también se le confiaba a un señor. No fue hasta después de la Guerra Civil que se permitió la incorporación de las mujeres en la Missa, pero haciendo las funciones de tiples, contraltos y sopranos, que a partir de ese momento se probarán en los fragmentos inicialmente destinados al tenor. La versión de Carné revierte todos estos detalles, los cuales habían pasado desapercibidos cada vez que se ejercía un cambio en la copia de la partitura de referencia.

La vinculación de Carné con la Missa de les Santes se remonta al año 1993, cuando la dirigió por primera vez. Repitió la experiencia en ocho ocasiones más hasta que le reemplazó Clàudia Dubé en 2022, siendo ésta la primera mujer que dirigía la Missa para, a continuación, pasarle la batuta a Gabriel Miralles, que se estrenó el año pasado en la dirección. Tanto Miralles como Dubé colaboraron en calidad de asesoramiento y análisis de los materiales recabados por Carné para actualizar y digitalizar esta nueva versión de la Missa de les Santes, una obra que su autor dedicó a las dos patronas de Mataró, Santa Juliana y Santa Semproniana, quienes fueron martirizadas en el siglo III por haber dado cristiano sepulcro a San Cucufate.

No fue ésta por descontado la única contribución de Manuel Blanch a la música de su tiempo. De hecho, toda su obra fue concebida para acompañar las liturgias religiosas que él mismo oficiaba en la iglesia de su Mataró natal: varias misas –como la que nos ocupa–, rosarios y goigs, un miserere, una antífona, dos réquiems, un Stabat Mater que restó inacabado, etc. Precisamente por su estrecha relación con la institución eclesiástica su música no siempre fue bien entendida ni acogida por el clero ni el pensamiento liberal. Quizá por ello el musicólogo Felip Pedrell (1841-1922), todo un influencer cultural del momento, le tenía cierta tirria a Blanch por la indisimulada inspiración rossiniana que le caracteriza –aunque su Missa de les Santes tiene más de un parecido con el estilo de otros compositores contemporáneos de Bel canto como Vincenzo Bellini (1801-1835) o Gaetano Donizetti (1797-1948); Giuseppe Verdi (1813-1901) aún no se había labrado en España la fama cosechada en Italia–, mientras que los gustos establecidos por el Vaticano de Pio X aconsejaron apartar los fragmentos en forma de vals y marchas triunfales que jalonan la susodicha Missa.

Como se puede suponer, con este ejercicio de revivalismo se reabre la polémica del gusto estético imperante en cada época en la que se ha revisado la obra de Blanch. Hoy, en cambio, se admiten los momentos más operísticos de Les Santes aduciendo que se trata de una “Misa de Gloria” y no de una “Misa de Réquiem”, pero bien es verdad que devolver la interpretación musical de una obra a su fidelidad más purista no siempre agrada a todo el mundo. Así se pondrá en evidencia el próximo 27 de julio, cuando se celebre de nuevo en Mataró esta tradicional e ineludible Missa de les Santes.

Iván Sánchez-Moreno | +info | Relacionados

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