Lucía la Bronce (baile) Manuel Pajares (cante) y Daniel Mejía (guitarra)
Sandaru. SFB El Dorado, 29 del 1 del 2026
Segundo concierto del año y segundo acierto. A pesar de ser tres artistas poco conocidos para el gran público, las caras de los aficionados a la salida del espectáculo respondían a un mismo patrón, felicidad y satisfacción por lo visto y oído.
En enero de 2025 en el Festival de Soustons (Francia) la bailadora sevillana Lucía la Bronce presentaba este “Recondito” (Lo que está oculto), un espectáculo que ha girado por Francia, Albania, ahora llega a Barcelona y estará en Madrid en la Suma Flamenca de Octubre.
En la sala Sandaru, pudimos disfrutar de esas puestas en escena pequeña, dónde los espectáculos no son exactamente lo que verías en un festival como el Suma, pero con la ventaja de la proximidad y de la libertad de los artistas para poder crear un espectáculo nuevo e irrepetible. ¿Pero quién son estos artistas?
Lucía la Bronce, adquiere el apodo por su madre, Susi González a quién el cantaor José de la Tomasa la apodó La Bronce cunado interpretaba a La Niña de los Peines en una obra de teatro.
Forma parte del Ballet Flamenco de Andalucía y, por lo que pudimos ver, y dada su juventud, es una figura a tener muy en cuenta. En el cante el estremeño Manuel Pajares, una voz portentosa, dejo claro que no venía solo para acompañar el baile. Y en la guitarra, el mejicano Daniel Mejía “El Carqui” dejó su país para estudiar en Madrid, en Córdoba y en Sevilla (dónde vive actualmente), pero vayamos con el concierto.
Empieza la guitarra por tarantas, y ya está La Bronce (con un traje negro precioso) en plena faena, sin prisas, deslizándose por el escenario, dejando que la tensión del Levante tenga esos minutos de color que le dan las falsetas de la guitarra, antes de que la negritud de las minas nos atrape. “El Carqui” toca mucho y bien, el sonido limpio y fresco, la bailadora silenciosa, con muy poco taconeo, prefiere mostrarnos su habilidad para esas poses perfectas. Hasta que se queda sola y empieza con unas frases cortas pero de mucha fuerza, como marcando versos desde su baile. Para acabar formando un dúo entre guitarra y baile que demuestra la perfecta combinación de los dos artistas.
Se retiraba La Bronce y aparecía el cantaor Manuel Pajares, de pie, apoyado en el respaldo de la silla, se lanza a pelo con unos pregones, como el de “Las Moras” de Juan Ternero, o “La Panadera” que cantaba El Perrete de Badajoz, diferentes coplas que dejan claro la potencia de voz de este hombre, dotado además de gran facilidad para cambiar de registros y de buena dicción que permite disfrutar de lo que canta. Un gusto.
Desde la guitarra “El Carqui” nos deleita con esas entradas tan bonitas de la seguiriya, y por el lateral vuelve La Bronce, ahora con un traje de unos reflejos “arriesgados” y con unas castañuelas que nos van a dar un recital de percusiones como hacía tiempo que no disfrutaba, se agradece que de tiempo en tiempo, el baile vuelva a contar con esos complementos, castañuelas, mantones, abanicos, que tanto pueden aportar.
Pajares canta con voz de cobre y la guitarra complementa al tiempo exacto. Es difícil decidir a quién de los tres artistas dedicamos más atención, pero al final el baile manda, y es que Lucía la Bronce se está comiendo el escenario y aunque sus compañeros están perfectos, su labor es hacer que brille la figura, y así ocurre. Hay en su baile unos movimientos sordos, pero elegantes que son difíciles de explicar. Para que lo compruebes, al final del artículo puedes ver un vídeo de un concierto en Albania, con ese vestido.
Vuelven a quedarse solos cante y guitarra, es el momento para entrar en unos tientos y tangos, letras populares, algunas de coplillas, otras de tientos emblemáticos como “El señor que va a caballo” de Menese, todas sirven para que Pajares nos ofrezca unos minutos de cante grande con esa guitarra fabulosa que tan bien acompaña, un placer.
Y con unas letras de Chacón se van pasando a los alegres tangos, el cantaor puede relajarse y la guitarra crear esas falsetas que atrapan al público sin remedio, aunque el de la Sandaru, hacía rato que ya estaba rendido.
Y seguía la magia, volvía La Bronce, ahora con traje de cola, mantón y todo lo necesario para una despedida por alegrías que durante más de quince minutos nos llevó a Cádiz sin necesidad de billete. De nuevo hubo espacio para todos, la guitarra brillo, mientras la bailaora permanecía sentada y nos maravillaba simplemente con los brazos, Pajares cantó bonito y certero, y cuándo se lanzó La Bronce con el mantón, ya era imparable, fiesta por alegrías de esas que no te cansan. Un público puesto en pie, certificaba de nuevo la grandeza del espectáculo, no hacía falta, pero después de los aplausos, todavía quisieron agradecernos con esa improvisación final típica, de los tres en pie delante del escenario, en despedida acústica festiva. ¡Muy grandes! + info | Fotos: Joan Cortès

