El payo, el guiri y el gitano. «Sainete Flamenco»
Sandaru, SFB El Dorado 16 de mayo de 2024
Otra de esas tardes en que confías en el buen gusto de los programadores de la SFB El Dorado, y vuelves a acertar. Con ese título tan Cint Eastwodd, El payo, El guiri y El gitano, y sin más información, es difícil prever de que se trata. Aparece en escena un guiri larguirucho Tino Van der Samn, con una guitarra y una bicicleta y así de primeras, el humor (parece que la cosa va de teatro) no me convence, el típico guiri que hace reír por su dificultad de idioma y cuatro ideas repetidas, de luces, ubicación etc. Pero se suelta con la guitarra y no suena mal, de repente el payo Alex Villaescusa arranca con El Emigrante (solo un minuto) pregunta por El Oruco (el gitano) y hace cuatro chistes malos con la misma idea de jugar con el lenguaje y las nacionalidades ¿Cómo se dice bienvenido en alemán? (el guitarrista es holandés) etc. Poca gracia, de momento. Esperemos. El guiri, le pide al payo que pruebe sonido y ¡cuidado! Esto empieza bien, arranca a pelo con La Niña de fuego y unos fandangos de El Chocolate. Me quedo asombrado, este hombre sabe cantar, esto promete.
Pero enseguida le cortan, empieza a imitar cantaores, ahora es el turno de Camarón. Mientras tanto, José Manuel «El Oruco» pasa por escena y le pide al Guiri un euro para ir a tomar un café.
El payo sigue jugando con El guiri, ahora le propone que siga su índice que va a servir de batuta para que pueda seguir el cante y además adivinar quién es el cantaor. Servidor a partir de aquí ya no puede aguantar la risa. Se presenta: mi nombre es Alejandro Villaescusa y soy de Albacete. Es un «payaso» genial y además sabe cantar.
Se incorpora El Oruco, bailaor sevillano de la escuela Farruquera. De repente, la guitarra acompaña la narración del poema sobre la gran redada al pueblo gitano en 1749, con melodía del maestro Pepe Marchena y letra del mismísimo Fernando VI. El Oruco baila y Villaescusa recita/ canta estas letras que ponen la carne de gallina a cualquiera. Humor y tragedia en una sola toma.
El Oruco ahora a dúo con la guitarra nos demuestra que su zapateado tiene mucho que decir, pero como ya es una constante, cortan y empalman cuando quieren, por decirlo de otra forma, nos demuestran que saben lo que se traen entre manos, pero antes de que puedan aburrir con repeticiones, se paran y se ríen de ellos mismos. Me parece un planteamiento muy original. A veces el flamenco, al igual que el jazz, peca de soberbia.
Las famosas letras de Era un día señalaito, le sirven a Villaescusa para demostrar cómo se enfrenta a la seguiriya y a El Oruco para llevar el baile a retos serios. Pero mientras tanto en escena sigue un juego de «payasos» se quitan la silla entre bailaor y cantaor, beben de un botijo, se establece una conversación entre El guiri y El gitano, sobre sus respectivas infancias y uno se encuentra a gusto escuchándolos. Es una manera muy original de presentarse al público, mientras El payo sigue cortando las conversaciones y haciéndonos reír.
Hay un solo de guitarra muy interesante, pero no tardará en interrumpir el payo silbando al melodía de Verano Azul, pero ahora el gitano de desmelena por bulerías.
Las risas son generales, El payo, consigue hacer reír con cualquier gesto.
Comentan, que aquí el espectáculo pega un bajón (se enrollan con el tema de la película de Eastwodd, unas cortinas del escenario) Y dudan la autenticidad de la etnia del Oruco. Se juzga el tan tratado tema de si el flamenco es de gitanos o no. Hasta que por fin Villaescusa se arranca por martinetes. Las risas se mezclan con el respeto al cante, difícil decisión.
Ahora parecen centrarse y la guitarra de Van der Samn arranca por soleá. Baile certero y una voz serena (vuelve a recordar al gran Chocolate) ¡momentazo!
Arranca ahora la guitarra por bulerías, y aprovecha El payo para meter unas letras inventadas sobre el disfrute de la fiesta, El gitano, arrasando con su baile.
Los acordes de la guitarra nos llevan a la guajira, y El payo nos ofrece unas letras en plan Lazarillo de Tormes, explicándonos su vida. Muy bueno.
Y para terminar otra sorpresa, mientras proyectan en una pantalla una entrevista a un “especialista” que les crítica que su cante no pellizca. A través del garrotín se plantean si su espectáculo pellizca o no. Y jugando con repeticiones, y otros efectos, acaban metiendo al público en ese sarao. ¡Y tanto que pellizca su espectáculo! + info | Fotos: Joan Cortès

