El Gran Fellove / Mango Mangüé

el-gran-fellove.jpgEl Gran Fellove.
”Mango mangüé”

Vampisoul, 2010

Años atrás, en el humilde y honesto Barrio de Versalles, en Santiago de Cuba, mis despertares eran acompañados por una cantinela imposible ya de olvidar: “Hay hueevo, hueevoooo!!!”.
El huevero venía cantando. Este recuerdo ha asaltado mi mente al leer cómo Francisco Fellove Valdés compuso en 1939, a los 16 años, un clásico que grabarían, entre otros, Celia Cruz, Tito Puente, Miguelito Valdés, Johnny Pacheco o Aldemaro Romero.
Niño Rivera vivía en el Barrio del Cerro (La Habana) con su madre. Siempre pasaba por la casa un señor con su carreta. Vendía piña, manzana, pera, mango, guayaba. Venía el mangüero cantando. Entonces agarré la guitarra, empecé por el coro y fui desarrollando la canción”.
La música… el alma del mundo.
Mango mangüé abre este nuevo recopilatorio de nuestro reverenciado sello Vampisoul (habría que ir pensando en un monumento en plaza pública), dedicado a El Gran Fellove.
Nacido en 1923, activista incansable de la escena musical cubana desde finales de la década de los treinta. Un estilo único. Su sello personal: el llamado scat cubano, ese fraseo vocal tan usado en el jazz, y que surge de repente, en las calles de La Habana, de la voz de un Francisco Fellove de tan sólo 13 años de edad. Algo nuevo que tardaría veinte años en bautizarse como ritmo chua-chua, en la época mexicana de Fellove. Una dilatada carrera desarrollada entre Cuba, México y Estados Unidos, junto a todos los grandes nombres de la música latina: Olga Guillot, Omara Portuondo, Elena Burke, Niño Rivera, César Portillo de la Luz, Enrique Jarrín, Celia Cruz, Tino Contreras, Chilo Morán, El Loco Valdés, Héctor Batamba, Tito Puente, Machito, Tito Rodríguez, Mongo Santamaría….
La  extensa compilación presentada por Vampisoul incluye 21 cortes, en los que encontramos el omnipresente chua-chua engalanando guarachas, rumbas, mambos, boleros, merengues, cha cha chas… y versiones de clásicos mexicanos, pues ése fue el país en que Fellove se sintió mejor acogido por crítica y público en los cincuenta. Grabaciones de las de antes. Elegantes producciones y arreglos, con las voces siempre presentes y las estilosas modulaciones del Gran Fellove. Una frescura típicamente analógica, irresistible al movimiento de los pies. Un optimismo recomendado para jornadas laborales que arrancan con lluvia, reflejado no tan sólo en el ya mentado Mango mangüé, sino en otro clásico convertido en estándar, la versión mambo casi ska de El Jamaiquino de Niño Rivera. El tremendo vitalismo en El Yoyó de Ercilia Ortiz y Qué bueno está el ambiente de Jorge Zamora, o la originalidad en la versión de Los ejes de mi carreta de Atahualpa Yupanqui. Ante discos así, reconocer que pasa por mi cabeza aquello de “Tiempos pasados siempre fueron mejor”. ¡¡¡Ay!!!  “Qué bueno está el ambiente. Pero que ambiente más lindo. Yo me voy con mi chamaca. El ambiente negra pa gozar…”. Relacionados. // Juanjo Peña Martí.