Bewis de la Rosa
Bewis de la Rosa es el nombre artístico de Beatriz del Monte, una artista madrileña con raíces manchegas que ha creado el concepto de rap rural: una fusión entre el hip-hop y el folklore castellano que reivindica la vida lenta, el mundo rural y la memoria colectiva. Bailarina, actriz, rapera y pensadora, lleva años construyendo un universo artístico propio que va mucho más allá de la música. Con más de 130 conciertos a sus espaldas y un segundo álbum, «El hogar en la linde» (autoproducido, 2027), que saldrá el 2027, la encontramos en un momento de madurez creativa y de preguntas nuevas.
En Amor más que nunca (autoproducido, 2023) querías comprender el suelo y la tierra, tus raíces manchegas. ¿Cuál era la pregunta que te hacías en ese primer álbum y cuál es tu pregunta motor ahora con El Hogar en la Linde (autoproducido, 2027)?
Como en mi trabajo hay una parte de autoficción, creo que en el primer álbum la pregunta principal era «¿de dónde vengo?». Había una mirada más hacia el pasado y también muy reivindicativa hacia el futuro. En cambio, la pregunta de ahora es «¿dónde quiero estar?» o «¿qué es lo que habito?». Me siento mucho más en el centro y en el presente, y noto que este nuevo disco es más redondo. Mientras que en el otro disco las canciones hablaban de todo como una maraña de cosas, en este cada canción tiene su lugar, como en una puertecita o en un nido.
¿Cómo has trasladado este «orden» a tu proceso creativo?. ¿Qué has incorporado y qué has dejado atrás de un disco a otro?
Bewis de la Rosa: El primer álbum fue un proceso de investigación para descubrir qué música hacía yo, ya que llevaba toda la vida haciendo cosas desde la danza y el teatro. Fue un proceso orgánico pero desordenado, donde el concepto de «rap rural» fue naciendo sobre la marcha. Este segundo álbum, sin embargo, lo he abordado teniendo claro el foco desde el principio: «Voy a hacer un álbum, ¿qué es lo que me está hirviendo dentro para necesitar ser comunicado?». He mantenido el espíritu de improvisación, pero ya con unas temáticas instauradas como la tierra, la soberanía y la autosuficiencia. Además, he incorporado el folk de manera muy consciente, metiendo instrumentos orgánicos y percusiones que recuerdan a ese mundo rural, sin dejar de fusionarlo con el latin hip-hop que tanto me gusta para el directo.
Musicalmente también hay un cambio evidente gracias al trabajo con tu productor, G. Rams (Ramiro Gómez). ¿Cómo ha sido trabajar con él en este proyecto?
La gran diferencia es que antes trabajábamos de maneras muy diferentes: me enviaba una demo, yo ponía la letra o la melodía, nos enviábamos cosas y nos juntábamos para grabar. En cambio, en este disco lo hemos creado todo en comunión. Nos hemos juntado en el estudio desde cero, hemos generado el proceso creativo musical de forma conjunta, dejando reposar las canciones.
Hemos notado una evolución muy bonita en tu voz. Si al principio había más presencia de rap duro, ahora vemos momentos muy melódicos e íntimos, como en los adelantos Manojo de Flores (colaboración con Rozalén), que sale el 26/05 o Levanta tu casa. ¿Es la voz un instrumento todavía en investigación?
Totalmente. Para mí, ya solo atreverme a cantar en público en el primer álbum fue un gran paso. Me encanta cantar y lo hago desde pequeña, pero de manera muy íntima. En este disco, como en Manojo de Flores, hay mucha «intimidad compartida» donde aflora una voz mía que es muy fina, casi rozando el indie pop dulce. Entiendo el cuerpo como un contenedor y la voz como una parte de este. A veces la palabra hablada es más poderosa, otras veces es el cuerpo, otras una voz melódica o incluso el silencio. Yo defiendo que hay que cantar aunque no tengas la mejor afinación del mundo, igual que antes se cantaba el folclore desde la honestidad, sin tanta formalidad.
En tu propuesta combinas la música con la danza y el teatro, apostando por el arte como herramienta de transformación social. ¿Buscas siempre el equilibrio entre lo que dices y cómo lo presentas?
Sí, para mí el arte es un acto transformador; es ese vínculo entre la mística y la realidad terrenal. Busco una persecución constante de la coherencia: qué digo, cómo lo digo y para quién. Por ejemplo, junto con el álbum estrenaremos un full album audiovisual el año que viene. Habrá cosas en el disco físico que no estarán en el vídeo, y viceversa. Hay una intención de buscar siempre el mejor soporte para que el mensaje conecte con la gente.
En cuanto a tus referentes, a menudo se mencionan mujeres potentes como Lola Flores, Mala Rodríguez, Gata Cattana o Nathy Peluso. ¿Te has inspirado en ellas para el nuevo disco?
Estas mujeres me han servido para darme «permiso» a mí misma para decir: «Vale, se puede hacer, aquí estoy yo también hablando». Nos une el ser mujeres que rapeamos con un discurso fuerte y que queremos promover el amor propio, pero a nivel sonoro o estético mi proyecto busca una línea muy propia. Mi verdadera fuente de inspiración actual es mi linaje familiar (mis abuelas, mi madre, mi abuela), especialmente tras la reciente caída de pilares en mi familia. Y también me inspiran muchísimo los proyectos autogestionados e independientes de amigas de mi entorno que sacan las cosas adelante desde los márgenes.
Antes de lanzarte de lleno al nuevo disco, publicaste Puchero de Recena, una ampliación de Amor más que nunca. ¿Lo sacaste porque te quedaron cosas en el tintero?
Pasó una cosa curiosa. Estaba componiendo para El Hogar en la Linde, pero todavía seguía girando y haciendo conciertos del otro disco. En ese proceso salieron tres canciones: La amapola, Para las huertas y Tango de la culpa. Temática y sonoramente, con las castañuelas, la electrónica y las letras sobre amor disidente o polígamo, pertenecían al universo de rap rural del primer disco. No quería sacar un segundo álbum hablando de lo mismo, así que decidimos lanzar estos temas como un bonus track o una ampliación para cerrar definitivamente esa etapa antes de adentrarnos en el nuevo universo.
Y hablando de iniciar etapas… ahora empiezas gira. ¿Qué nos tienes preparado en tus próximos directos?
Inicialmente, teníamos un espectáculo preparado solo para el nuevo disco, pero mis planes han cambiado porque ¡voy a ser mamá! Así que hemos creado la «Gira del Caracol», que es un espacio de impasse entre el cierre del otro disco y lo que será El Hogar en la Linde oficialmente el año que viene. Lo más bonito de esta gira es que vamos a tocar en directo muchas canciones inéditas del nuevo disco que todavía no han salido.
¡Enhorabuena! También tú serás casa, pues. Y ¿cómo será la puesta en escena?
Vamos con el productor G. Rams en las secuencias, batería y congas, y Laura G Muñoz a los teclados. En los auditorios llevamos una realización en directo y una puesta en escena mucho más teatral. En los festivales, llevamos un formato de concierto, pero siempre muy performativo; yo haciendo «la teatrera», de saltimbanqui, con mi cucharón en la mano y este año… ¡con mi panza de caracol!. Exacto, como digo en una de las canciones nuevas que saldrá en septiembre, Cueva de Carne… ahora yo también soy una casa.
¡Muchas gracias y te seguimos con la Gira del Caracol!


