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Ana Morales. “Más que baile”.

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SAT. Ciutat Flamenco. 22 de octubre de 2026

La bailarina y bailaora Ana Morales (Barcelona, 1982) fue una de las artistas mejor valoradas en la última Bienal de Sevilla, donde estrenó “Rapsodia. Fantasía Subterránea”.
Para esta edición de Ciutat Flamenco 2026, la artista nos ofreció “Más que baile”, un espectáculo que había estrenado en 2023 con Fran Vinuesa en la guitarra, Daniel Suárez en la batería y Antonio Campos al cante y al bajo.
En el Desvario de ese mismo año, nos ofreció algún fragmento, en aquel “Tres en uno” en que mezclaba este espectáculo con “Baile” y “Oklahoma”.  
Para esta actuación en el Ciutat Flamenco, el cantante y bajista fue Jesús Corbacho. No era fácil buscar un sustituto para el cante que además tocase el bajo y Corbacho, al que últimamente hemos escuchado en repetidas ocasiones, sobre todo después de su triunfo en Las Minas en 2024, estuvo increíble.  
Morales empieza sola en escena, sin prisas, sin ruido, solo desplazándose, con elegancia y seguridad.
Suena la guitarra de Vinuesa, y Corbacho entra en el escenario, cantando de pie con micro inalámbrico por peteneras.
El baile por peteneras es difícil, es un cante con mucho sentimiento y la bailaora debe fusionarse perfectamente con esa tristeza. Corbacho, que está perfectamente compenetrado, le ofrece un mantón, y con él, la bailora intensifica, todavía más, esos movimientos de brazos que ya nos habían cautivado.   
La batería de Suárez, se arranca con una saeta, mientras Morales, cambia de vestido, primero al desatarse una parte y después yendo a la izquierda del escenario, donde tiene un ropero visible que irá usando a lo largo del concierto, sin perder el tiempo en salir de escena.
Después de que voz y batería crearan un ambiente de recogimiento en la sala, ahora el taconeo de Morales y la batería de Suárez se enlazan en uno de los momentos más impresionantes del bolo. Fuerza, compenetración y un compás increíble.
Y llega la calma, la guitarra de Vinuesa, empieza con sutileza; Morales vuelve a ser bailarina más que bailadora (se desenvuelve con naturalidad en ambos campos). Después de esta introducción, Suárez, ahora con escobillas, modifica el tema y vuelve a la bailaora con esa energía que tan bien compagina con la percusión.
Con la entrada del cante nos vamos a esa Sevilla añorada de Lole y Manuel, pero solo en las letras, ya que las percusiones siguen mandando; menudo concierto que firmó Daniel Suárez.  
Se queda solo Vinuesa, y nos ofrece una soleá, que al final, para rebajar tensión o simplemente porque le apeteció, la fue acercando a coplas famosas como El emigrante.
Corbacho coge el bajo eléctrico, Morales se cambia de traje, ahora de cola.
“Tú en tu casa y yo en la mía”. Son unos tientos que han cantado muchos artistas famosos, pero con bajo eléctrico no creo que haya muchos precedentes. ¡Qué bien les sienta el bajo eléctrico a los tientos y a los tangos! Y qué difícil debe ser tocar y cantar al mismo tiempo. ¡Bravo por Corbacho!
Morales baila alrededor del cantaor, tan pronto lo abraza fusionándose con esas letras. Como arrastrada por la invasión de la batería, se va quitando ropa y transforma el baile. A medida que Corbacho, canta ahora por seguiriyas, Morales sigue sacándose ropa, como si se rasgara la típica camisa de los gitanos, en un trágico final de una obra en que los cuatro artistas han estado emocionalmente muy implicados, y eso se agradece. + info | Fotos: Joan Cortès.

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