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Tarta Relena

Posidònia Fest – Mataró (4 de septiembre, 2026).

Inesperadamente se fue haciendo el silencio. Un velo de tenues campanillas cubrió poco a poco las butacas dispuestas frente al puerto tras la hora del ocaso, al tiempo que dos espectros feéricos, customizados con etéreos vestidos de seda y tul y dos graciosos moñitos coronándoles la testa, se iban paseando entre el público mirándonos a los ojos para valorar en secreto si nuestras almas merecerían la absolución el día del Juicio Final. Supimos de inmediato que aquellas sibilas se habían dignado revelarse entre mortales para vaticinar cuál será, sin remedio, el destino del mundo. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Tarta Relena

La pareja de pitonisas eran en realidad Tarta Relena, el dúo formado por Helena Ros Redon y Marta Torrella Martínez, quienes acudían al Posidònia Fest para presentar És pregunta (Latency, 2024) tras la actuación de Terrae en calidad de teloneros. Mientras la propuesta de las primeras combinaba un ambient de bases electrónicas con canto gregoriano, susurros, grititos guturales y distorsiones de voz entre sonidos procesados, minimalismo, noise, glitch y algún apunte de brostep trallero, los Terrae, como su nombre sugiere, ofrecían en cambio un surtido más terrenal y de raíces tradicionales. Entre odas a San Antón, baladas a los caminos empedrados y jotas al estilo techno, Terrae también colaron algunas canciones con coloraturas de arreglo andalusí (no en vano provienen de Tortosa, la ciudad en la que Abu Bakr vio el amanecer más veces a lo largo de su vida).

En el caso de las Tarta Relena, la puesta en escena es importante para entender la filosofía que trasciende en su proceso creativo e interpretativo. Al respecto, es justo reconocerle el mérito a Clara Manyós como directora artística. Imaginen un encuentro entre Enya, Anne Clark, Laurie Anderson y Björk para un aquelarre casual con Hildegard von Bingen como maestra de ceremonias, una bacanal coreografiada por Marc Vilajuana, Fennesz haciendo de dj y una mezcla entre la música de Richard Souther (Vision) y la trilogía Trionfi de Carl Orff en los platos giradiscos.  El resultado de todo ello bien podía parangonarse con lo sucedido allí, una especie de ritual pagano que, de acabarse con el sacrificio de la humanidad, hubiera provocado la misma conmoción en cuanto a la paz de espíritu. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Tarta Relena

Tarta Relena difundieron su mensaje enlazando una pieza con otra con telones sonoros de truenos enlatados, mantos de lluvia, cantos de rana en celo, tintineo de campanillas y murmullos, entre citas al Apocalipsis de San Juan, la alquimia, el Tuba Mirum de las misas de réquiem, versos de Safo de Lesbos y músicas armenias (Amvrosias). Para ello cantaron en castellano viejo, catalán, italiano, latín, griego y hasta un texto sefardí arreglado por Raül Garrigasait (Roger Mas, Joan Magrané), además de lo que parecía un dialecto africano y luego resultó ser una grabación invertida: Odniramat. Como pasó con la primera edición del álbum No Pussyfooting (Virgin, 1972) de Robert Fripp y Brian Eno, Odniramat surgió por accidente al reescuchar del revés otra pieza de su disco, Tamarindo, brindando por un lado dos canciones por el precio de una y, por otro, un inquietante experimento que ponía de relieve el miedo que genera pensar en el final de la vida. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Tarta Relena

Hermanada con éstas, el mantra repetitivo que proponía entre gemidos y sollozos el Crit premonitori subrayaba la inquietud por lo efímero de la existencia –“és tan prima la corda que aguanta…”–, como La Font se disponía como una saeta llena de armónicos para plañir sobre la desesperación ante una fuente de agua seca cuando más sed hay, sobre el fruto de la pena que brota del suelo mientras lo vamos regando con lágrimas cada día y paso a paso, y sobre la búsqueda de respuesta de un dios que parece habernos dados de nuevo la espalda. A capella ejecutaron Beata Viscera, una melodía del siglo XI que trata sobre el misterio que engendraría el vientre de la Virgen María, y la Mano décima relataba las cuitas de Juan el Romano, un gitano con muy mal ángel a ritmo de alalá. En Galenismós, inspirada en la Odisea homérica, se atrevieron a hacer una traducción notacional de la temperatura del mar para concienciar sobre el alarmante crecimiento del calentamiento global. Partiendo de un poema de Hölderlin, Tarta Relena asignaron las notas más graves a las temperaturas que alcanzan las aguas oceánicas en invierno y las más agudas a las de primavera y verano, provocando en el oyente la desasosegante sensación de estar escuchando el canto de las sirenas antes de morir estrellados contra las Rocas Erráticas. De fondo, y como si la Madre Naturaleza estuviera respondiendo callada, la suave brisa balanceaba lentamente el mástil de un barco como si fuese la burlona silueta de una horca.

Como bis final, Las alamedas, un poema de Federico García Lorca con música de Manuel Oltra que el dúo Tarta Relena llevó a su hipnótico terreno entre melismas y capas superpuestas de sonidos pregrabados, abonando algunos espacios fértiles para la improvisación. Es este abuso de programaciones y sobreproducción, quizá, el único pero a un espectáculo como aquél, en el que el formato electrónico le restaba algo de valor a sus excelentes juegos vocales.

Iván Sánchez-Moreno | +info | Relacionados |

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