Crónicas

Pedro El Granaino (cante) y Antonio del Patrocinio (guitarra)

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Sandaru. SFB El Dorado 10 del 6 del 2026

Decía Pedro Barragán, citando a Morente, que lo más moderno en el flamenco actual era un cantaor y una guitarra. No sé si lo ocurrido en este concierto fue moderno o tradicional, pero puedo asegurarte que fue auténtico y emocionante.  A medida que fue avanzando la tarde, guitarrista y cantaor se fueron fusionando más y más; no sabías a quién prestar atención y acababas cerrando los ojos y dejando que te invadiera la música.
Presentaban un espectáculo titulado “Granaíno Hondo”, y empezaban con la “Soleá del Propósito”, introducción romántica de una guitarra que sonaba limpia y brillante. Granaíno entra sin prisas; es un cantaor con una voz preciosa, con muy buena dicción y un dominio del tiempo que le da esa tensión tan atractiva. Patrocinio aprovecha sus espacios, pero con discreción, dejando que brille el maestro. Agradecimiento discreto, y al tajo. El Granaíno canta unas letras en homenaje a la madre recordando las letras de la soleá dedicada a Antonia Reyes. La guitarra va cogiendo aires de fandango con letras de Pavón.
Alguien les recuerda que el Papa no está y pueden quitarse las chaquetas; lo agradecen, se arremangan y arrancan con «Seguriya del pañuelo«.  Emoción a flor de piel, la madre como tema constante en este profundo recordar. Granaíno canta con una profundidad que recuerda a los Agujetas, pero con una voz mucho más clara. La guitarra sabe que tiene mucho espacio entre verso y verso y sabe aprovecharlo para jugar con sutilezas. Los cierres de cante, escapando por los pelos, como los clásicos.
Siguen con “Vidalita de Pedro el Granaíno”, la guitarra entra rebuscando, huyendo de la entrada típica para llegar a la vidalita por otros caminos; muy bonito.
El cantaor se recrea en la tristeza que lleva implícita la vidalita y escuchándolo me encontré más cerca de Atahualpa Yupanqui que de Morente. Patrocinio cierra los ojos emocionado y se deja llevar por el momento.
Es momento de recordar a Remedios Amaya, «Fatigas me dieron» con aquel estribillo de «tus labios pa mí«. La guitarra nerviosa y dicharachera, y cuando hace falta, subiendo al cielo junto a su compadre, en perfecta armonía. Y cuando El Granaíno alarga el cante, deja que rompa el tiempo y lo espera con seguridad. Como cuando Camarón y Paco de Lucía soñaban juntos.
Nos pide un aplauso para Antonio de Patrocinio, al que quiere dedicar los siguientes fandangos, «Del querer al no querer» que popularizó el maestro Caracol. Se siente cómodo y decide seguir a pelo, de pie, cerquita de la guitarra, recordando primero a Camarón y su Isla de San Fernando y luego, con esa letra de «Un amigo no es cualquiera«, al gran Chocolate.
No tuvieron que salir y volver para el bis; con el público puesto en pie y tras una larga ovación, los dos artistas quisieron homenajear a Morente con su «Requiem».  A la salida, los comentarios eran unánimes; tarde de flamenco para enmarcar. Que se repita. + info

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