Mocchi
New Fizz, 12 de mayo de 2026
Hay artistas que suben a un escenario para actuar. Mocchi sube para contarse. El cancionista trans uruguayo agotó las entradas de la sala New Fizz de Barcelona con una propuesta poco convencional del formato concierto: parte recital de canción, parte confesionario, parte asamblea.
Mocchi, nombre artístico del músico nacido en Montevideo, lleva más de una década construyendo un proyecto que él mismo define como político. No en el sentido panfletario, sino en el más hondo: el de las canciones como herramienta para tejer vínculos humanos, para hacer de fuego en tiempos de frío. Su quinto disco de estudio, El frío que nos convoca (Mundo Mejor, 2024) es el mejor resumen de esa búsqueda.
Su universo sonoro bebe de la canción rioplatense (la milonga, el tango, el folklore uruguayo) pero filtrado por una sensibilidad contemporánea. Una voz envolvente e incómoda en el mejor sentido: te hace querer más, que no omita ningún detalle, que llegue hasta el fondo, que te lleve a la tristeza. Él mismo ha reconocido que agradece tener una voz no hegemónica. Es lo que le define.
En el New Fizz, la voz del cantante fue acompañada al piano por Noelia Sinkunas y se desplegó con sus canciones, con sus historias. Porque Mocchi, que se declara tímido, se transforma entre canción y canción en un narrador de sus propias historias y procesos creativos. Las anécdotas que intercaló a lo largo de la noche eran tan buenas como las propias canciones, que también son, en esencia, anécdotas, y el público las recibió con la misma atención. En algunos momentos, logró crear un clima en el que la sala parecía más una reunión de personas conocidas que un concierto.
El setlist recorrió varios de sus discos, principalmente su última propuesta. Menos mal que estamos juntes abrió con fuerza la noche con esa cadencia suave que invita a respirar. Yo, que era la primera vez que lo veía en directo y que iba sin expectativas, no podía quitar los ojos y los oídos de lo que iba aconteciendo. Nadie me lo enseñó y Decirnos nada profundizaron en el Mocchi más íntimo. 1990 fue el retrato de una generación (la suya, la de quienes crecieron entre crisis y aprendieron a construir identidad sobre terreno inestable). Mi grito, Cuadros y Compostaje siguieron un recorrido que no sonó a setlist preparado sino a conversación que fue encontrando su propio orden en este viaje que nos propuso el cancionista. + info
