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Mikel Fernandino: Paral·lel 55

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Paral·lel 55. Crónica de una huelga histórica y otra que no tanto (Editorial Atirohecho, 2020)

Cuando todavía existía la conciencia de clase –si atenemos a ésta como masa y no desde el individualismo que rige el mundo capitalista–, las personas trabajadoras podían provocar cambios radicales en la sociedad con tan sólo proponérselo. Hoy, por desgracia, esa actitud ha quedado relegada a las novelas de ciencia-ficción distópicas y a los libros de historia. Paral·lel 55, de Mikel Fernandino, pretende reivindicar esos añorados tiempos desde la sátira y el sano ejercicio del revisionismo gamberro.

Paral·lel 55: Crónica de una huelga histórica y otra que no tanto (editorial Atirohecho, 2020) es el tercer título de una colección dedicada al teatro político, a pesar de tratarse de una obra para marionetas. Este objetivo “actoral”, que en un principio puede resultar algo chocante, cobra todo el sentido al partir de la inquietante parábola de unos títeres que se rebelan contra las manos invisibles que dirigen todos sus actos. Al grito de “¡Escucha, patrón, sin títeres no hay función!”, las marionetas se declaran en huelga emulando a los trabajadores de La Canadiense que, en 1919, paralizaron toda una ciudad (Barcelona) generando un apagón que afectó a todos los servicios, la detención de tres mil manifestantes y, de paso, contagió a todo el proletariado de la nación. Como consecuencia, y con el beneplácito gubernamental, la empresa movilizó a las fuerzas armadas como obreros temporales para, simultáneamente, proteger sus instalaciones de posibles atentados por parte de los huelguistas.

Aunque ya se haya cumplido más de un siglo de los sucesos que aquí se conmemoran, no son pocos los acercamientos recientes que, desde la música (y más allá del punkarreo que se asocia habitualmente al movimiento anarquista), se han solidarizado con las revueltas de La Canadiense. Sirvan de ejemplo La Banda Obrera del Poble –La BOP (Discmedi/Blau, 2022)–, Patxi DinamitaAma-Gi (autoedición, 2021)–, Juan de Diego & Grebalariak –Azken Uda (Gaztelupeko Hotsak, 2024)– o Manuel López Poy y Blas PicónAires de Tormenta: Historias de revolución y música (autoedición, 2020)– desde el free-jazz y el folk combativo. Da la casualidad, además, que el propio Mikel Fernandino, autor de Paral·lel 55, es también músico: toca la flauta, la guitarra, el ukelele y otros instrumentos para el fondo sonoro de sus puestas en escena, como es el caso de la adaptación de La Mongetera Màgica firmada por Harry Vernon Tozer, un marionetista que trabajó en La Canadiense.

Es evidente que una obrita aparentemente humorística que se abre con una cita de Espartero –“Por el bien de España, Barcelona debe ser bombardeada una vez cada 50 años”– no puede dejar indiferente a nadie. Y es que Mikel Fernandino, con un desparpajo que bebe tanto del esperpento como del surrealismo, se despacha a gusto contra los lucrativos maridajes entre el Estado y la privatización de los servicios públicos, como fue en su momento la explotación de la corriente eléctrica. En la actualidad, estas interesadas afinidades pueden muy bien extenderse hasta el suministro de gas y agua potable en los domicilios, la creación y el reparto de viviendas, los recortes en recursos sanitarios e incluso la segregación en el acceso a la educación.

No en vano, la obra en cuestión fue escrita para Títeres desde abajo, compañía nacida a finales del 2014 y que, desde el primer día, se decantó por las marionetas de la cachiporra que hunden sus raíces en el Pulcinella napolitano: impulsivo, macarra, libre y antiautoritario, que incita a la desobediencia y al inconformismo como principal combustible incendiario. La trayectoria de dicha compañía también se ha visto envuelta a su pesar en el incómodo género de la bufonada, pues tras la representación de La Bruja y Don Cristóbal (2016) en la capital del reino de España, sus integrantes fueron acusados de enaltecer el terrorismo y procesados por la Audiencia Nacional. En este caso, el nombre podía llevar a engaño porque no se trataba precisamente del mejor y mayor auditorio que pudiera llenar una sala, a pesar de todo el teatrillo que montaron los leguleyos de la toga. Para justificar sus hipotéticas medidas preventivas, incautaron una albóndiga que se asemejaba a una bomba Orsini, un cartel que se pronunciaba a favor de una entidad inventada (“Gora Alkaeta”), un cuchillo de atrezzo, una horca con el monigote de lo que parecía un juez colgado (y que bien podía ser un cura pedófilo, pues qué más dará quién sea quien da por culo), así como varias copias de un guión en el que las autoridades policiales habían subrayado cuatro líneas escritas en latín y en esperanto que, más por ignorancia que por certeza, despertaron el recelo de las autoridades (in)competentes. Coherente con una línea estética y política acorde con el ideario anarquista, todo el currículo artístico de Títeres desde abajo se vuelca asimismo en obras enfocadas a la denuncia de la violencia estructural: el patriarcado, la iglesia, la represión moral, el racismo, la propiedad privada, etc., así que era de esperar que este libreto de Mikel Fernandino también levantara ampollas.

Para empezar, el autor confiesa argumentadamente y sin tapujos los muchos anacronismos históricos que trufan el libro, pero su intención no era la de ajustarse a los hechos sino más bien criticar la institucionalización del derecho a la huelga, la estandarización de la jornada laboral (que siempre acabará beneficiando más a las corbatas blancas y al funcionariado) y el desempoderamiento que resulta de la normalización del derecho a la pataleta dentro de los límites que impone el sistema para poder hacerlo. En definitiva, y como aduce el autor, se pone de manifiesto una curiosa paradoja: que el coste por ganar en humanidad sea la humanidad misma (pág. 103).

Además, Paral·lel 55 puede servir como jocoso complemento para la relectura de La verdad sobre el caso Savolta (1975) y La ciudad de los prodigios (1986) de Eduardo Mendoza por ambientarse en los tiempos heredados directamente del somatén y la Setmana Tràgica (1909). Al respecto, Paral·lel 55 remite entre otros aspectos sociopolíticos al pistolerismo asalariado por las patronales y el armamento del pueblo civil para hacer frente a los supuestos disturbios del proletariado, medidas todas ellas promovidas para disponer de fuerza bruta gratuita que, no obstante, actuara al margen de las autoridades oficiales con fines absolutamente criminales. A tenor de lo dicho, es muy representativa la icónica fotografía de los piquetes de La Canadiense tumbando un tranvía en la Plaza España que inspira una de las escenas de la obra en cuestión (pág. 135-137).

El elenco de personajes que se recrean aquí (aunque no tuvieran una presencia real en las circunstancias históricas que se narran) es para mear y no echar gota: Frederick Stark Pearson, director de la Barcelona Traction, Light & Power en el rol del patrón corrupto; Joaquín Baró, el esquirol lameculos; Bravo Portillo, el jefe de policía que hacía horas extra como espía del kaiser alemán durante la I Guerra Mundial; Pau Sabater, alias “el Tero”, dirigente de la CNT que fue detenido (y asesinado) por la policía aplicando la ley de fugas en julio de 1919; y Salvador Seguí, otro líder anarquista que el autor de la obra sostiene como el principal negociador entre la patronal y la masa obrera para cesar el paro general de la empresa y, de rebote, de la sociedad entera. A algunos de estos nombres sólo se les conoce hoy en día por el nomenclátor, sin más señas que los años de nacimiento y muerte. Pero, como dice Mikel Fernandino, “la ciudad tiende a escribir, mediante el urbanismo, la historia que quiere”, un resobado ejercicio de revisionismo populista que termina siempre removiendo las placas de plazas, calles y avenidas para borrar o ensalzar a quien corresponda. Y para muestra, un botón: allí donde se gestaron las principales manifestaciones de la revuelta –en los alrededores de la antigua plaza de toros de Las Arenas– aún se espera que alguien recuerde los hechos reivindicativos de La Canadiense. En su lugar se ha preferido optar por la gentrificación turística instalando un shopping-mall para darle al pueblo pan y circo en vez de historia y dignidad personal, no sea que se enfade por tomarle por gilipollas y se ponga a dar guerra otra vez.

Iván Sánchez-Moreno | +info |

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