Sara Jiménez | Vanesa Aibar
Fabra i Coats 18 del 10 del 2025 | Nau Bostik 19 del 10 del 2025
José Manuel Álvarez y Marta Piñol (encargados de la dirección artística de este Ciutat Flamenco 2025) han demostrado, con estos dos conciertos, estar muy al tanto de lo que se cuece en la escena española de estos momentos, una escena que cada vez combina mejor el flamenco con la danza contemporánea.
Con la bailaora granadina Sara Jiménez, descubrí de pronto diferentes puntos a los que atender, el primero, por supuesto su baile. Un baile muy personal con una entrega total en el escenario, ¡hasta sus ojos bailaron! Lo segundo la música, me entusiasmo, y he podido descubrir a su autor, Miguel Marín «Árbol» (aunque lo había escuchado en su momento en Sr Chinarro) no sabía de su evolución, te invito a que sigas sus pasos. Y tercero, otro nombre a retener Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola. Que acompaña a la artista en la coreografía y dramaturgia (también te invito a seguir su obra). Cuándo una obra como esta “Ave de Plata” te deja tan tocado, vale la pena averiguar quién son los responsables.
Vamos con lo ocurrido en escena.
Un cuerpo de maniquí en un soporte de cuatro ruedecillas que darán mucho juego. Una mujer que mediante grabaciones del móvil y su pensamiento, nos sitúa en una tragedia incómoda, narra un disparo y sus consecuencias. Se mezclan su voz con la de un hombre. “Eras cazador o eras ave”. Las voces son de Marín, de Teresa Hernández y de Mari Carmen Espejo.
Poco a poco el baile entra y suena la primera música, un pasacalles muy curioso, una especie de procesión con un fondo percusivo que se te mete dentro. Jiménez empieza a chillar, su rostro, sobre todo su mirada es terrible. La unión de música y danza es arrebatadora. “He comprado tres puñales, tres puñales, para que tú me des la muerte” Entra la guitarra, por soleá, se va haciendo un hueco entre las repeticiones de la frase, y a continuación la voz desgarrada de una cantaora. Los brazos de Sara Jiménez se mueven como los puñales. Una música (flamenco / contemporánea) es la pauta que le permite unas libertades de movimiento que dejan al espectador con mucho margen de entendimiento. O mejor, no entendemos nada y simplemente disfrutamos. Gritos desgarrados, muerte al maniquí, con un fondo de alegrías. Los abanicos se transforman en alas de pájaros, o incluso en pestañas, esta mujer es una creadora de ilusiones constantes. Zapateados trágicos, música que se apoya en el baile, tensión, rabia. Los cambios de registros musicales, sirven para que el baile se realimente. Sonarían tarantos, unas seguiriyas tecno y terminarían por sevillanas tribales (gracias Miguel Marín “Arbol” por los apuntes)
Se quita la chaqueta y, su ropa interior superior, sugiere un esqueleto. El maniquí en su función de “persona” será devorado a bocados y también servirá para compañero de baile.
El momento en que Jiménez baila con el maniquí, envueltos ambos en una gabardina, me pareció de las escenas más complicadas. Al igual que ese pasaje en que usa al maniquí de objeto volador, enganchado a una cuerda como esos martillos olímpicos.
Espero que te hayas hecho una idea de la complejidad del espectáculo, pero sin duda, lo mejor es que no te pierdas su próximo bolo.
Si no era fácil explicar el concierto anterior, tarea más ardua es la de charlar sobre la propuesta de Vanesa Aibar. “Cristalización IV”
Nos encontrábamos en la Nau Bostik, un espacio para unos 50 espectadores, pero con capacidad para un escenario grande, atrás, y otro pequeño delante.
Aparece la bailadora en ese cuadrilátero dónde empieza todo. Con un traje que le permite esconder unos cables que usará para conseguir efectos de percusiones ante cualquier roce por su cuerpo, pero que al mismo tiempo, suponen un “enredo” para los movimientos, pero lo resuelve sin problemas. No era fácil.
A su izquierda en una mesa dos miembros del colectivo artístico Estampa, encargados de los sonidos y de los efectos lumínicos. Estos efectos no son los que podemos observar en cualquier espectáculo, más bien tienen relación, con la mirada científica del cristalógrafo Juan Manuel García-Ruiz. Para ser más claros, se trataba de rayos de luces que durante el espectáculo servían tanto de espacios lumínicos en los que moverse, como en efectos que reseñaban los pasos de la danza. Difícil de imaginar, si viste su anterior espectáculo “La reina del metal” ya conoces su imaginación.
Abandona el cuadrilátero pequeño y se traslada al escenario grande, que le permite más movimiento escénico y a sus compañeros, conseguir efectos de rayos más espectaculares. Hay una proyección de vídeo que no sabría explicar. Y después sí que tenemos la parte más flamenca, incluso con cante (solo voz, y sus taconeos como percusión) Momento tremendo.
Como quién corta una escena, una música “primaveral” se apodera del ambiente, los rayos de luz creando efectos originales. Vuelve un canto mezclado con metal. En la mayor parte del espectáculo, destacar el trabajo de brazos, asombroso y algunos desarrollos de danza contemporánea verdaderamente originales. La parte musical me resulta muy difícil trasladarla a conceptos de palos flamencos, ya que la electrónica se sobrepone la mayor parte del tiempo. Una nueva manera de apreciar la danza flamenca, sin encorsetar, libre, como debe ser. Un espectáculo complejo, que hay que ver para juzgar. + info | Fotos: Joan Cortès

