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Bilal Dídac P. Lagarriga: Aprender de África

Bilal Dídac P. Lagarriga: Aprender de África

(2022, Oozebap)

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Aprender de África es a la par un esbozo de un modelo de pensamiento sufí como también la pormenorizada biografía de Cheikh Ahmadou Bamba Mbacké (1853-1927), líder espiritual del culto sufí de Touba (Senegal), ciudad autogestionada que surgió a inicios del siglo XX para asentar a todos los seguidores que venían en peregrinación desde todos los rincones del mundo para rendir homenaje a su guía.

Fue sin duda Bamba un personaje incómodo para algunos políticos –tanto nacionales como internacionales y más concretamente aquellos que eran partidarios de abrir mercado al expansionismo colonialista–. Ejemplo de ello fueron sus críticas a la explotación de las plantaciones de cacahuete por parte de entidades francesas, al interesado paternalismo desarrollista no ya de los misioneros cristianos o de empresas con sede administrativa en el extranjero, sino incluso con la irrupción de algunas ONG en su sociedad, cuyas buenas intenciones no escondían su mal disimulado antropocentrismo.

Receloso de su influencia social, el gobierno colonialista francés comenzó a investigar sobre Ahmadou Bamba con el objeto de inculparle por alguna falta, hasta conseguir procesarle en 1895 y condenarle a un largo exilio que aún engrandeció más el mito, pues no son pocos los milagros y prodigios que alumbran su leyenda.

En el campo musical, Ahmadou Bamba ha inspirado a artistas senegaleses de reconocido prestigio como Youssou N’Dour –quien le dedica Mame Bamba en su disco The Guide (1994, Columbia)–, la Orchestra Baobab –que le rinden un homenaje íntegro en un disco a su nombre, Bamba (1993, Stern’s Africa)– y, en la misma estela del afrojazz y el folk combativo, el cantante murid Cheikh Lô, que suele incorporar en sus conciertos muchos de los cánticos devocionales (dhikr) de la Muridiya de Bamba.

Bilal Dídac P. Lagarriga, el autor del libro que hoy nos ocupa, es además músico, poeta y experto en el diálogo interreligioso, por lo que la figura de Bamba le atrajo inmediatamente. No en vano, afloran en su modelo de pensamiento las bases de un estilo de vida que, pese a enmarcarse dentro de la comunidad islámica, parecen sacados de San Francisco de Asís: la eco-yihad sería uno de estos pilares epistemológicos, entendiéndose como la superación del ego individualista para abrazar los bienes del entorno y la naturaleza como un tesoro divino a compartir con todo el mundo.

Otro concepto clave es el del jardín edénico (Jannah) que promueve el cuidado del medio como reflejo de la cura del alma. Así, los jardines terrenales precisan de la intervención y la implicación humana para establecerlos y mantenerlos como el fruto de un esfuerzo común que no busca sólo el placer estético, sino también la paz espiritual (pp. 87-88). En consecuencia, despuntan similitudes con la norma benedictina de aplicar un servicio desinteresado (Jidma) en la construcción y manutención de los jardines como acto reverencial para toda la comunidad, cultivándose de paso los principios de la cortesía, la delicadeza, la paciencia y el reconocimiento de quienes invierten todo su tiempo y esfuerzo en embellecer la ciudad.

Como se ve, la ecología presume de un peso importante en los planteamientos filosóficos y pedagógicos de Ahmadou Bamba, pero el libro de Dídac P. Lagarriga también pone el foco en los asuntos folklóricos de Senegal, en la espiritualidad sufí y en los procesos de construcción genealógica de toda la comunidad que sigue su doctrina: la Muridiya, la cual integra a millones de fieles. De hecho, la mirada de Bamba respecto a la comunidad islámica que él ayudó a fundar estaría más próxima a los preceptos del marxismo, como apunta la Jidma: esto es, la abolición de la explotación del prójimo al aceptar la plena igualdad de todas las personas. El modelo social planificado por Bamba –como demuestra el caso de Touba, en Senegal– no fue una mera utopía buenrollista, puesto que la pensó como una “comunidad vida” y cuyos beneficios no quedan estancados dentro de ésta, sino que el servicio que ofrecen todos sus integrantes repercute positivamente en toda la humanidad (pp. 247-248).

Por ende, Bamba llegó a configurar incluso una reglamentación para las limosnas, reivindicó la importancia de las madres –quienes desempeñan una de las funciones más elementales para comprender las raíces emotivas que atrajeron a Bamba hacia los escritos coránicos– y renovó el orgullo del (hasta hace poco muy denostado) “islam negro” y cuya luz ilumina incluso las calles de Harlem en la actualidad, con el Amadou Bamba Day (p. 284).

Con un estilo poético, poco común en el género ensayístico, Bilal Dídac P. Lagarriga introduce algunas sugerencias del inconsciente colectivo junguiano como la sombra o el djinn. A la primera, que el Corán refiere como dill, se la define como el lugar interior del alma donde anida el anverso y el reverso de uno mismo: bien puede ser lo más negativo que ocultamos para salvaguardar a los demás de nuestra propia amenaza, como también el refugio que nos protege, y cuyo gozo puede llevar a encerrarnos en el ensimismamiento, ajenos a lo que le ocurra al mundo, como ocurre en el film Sirat (2025, Oliver Laxe).

En cuanto al djinn, se refiere la paidea sufí de Bamba tanto a los ángeles proféticos como aquellos otros que confunden a quienes les escuchan, según la azora 72 del Corán. “Su peligro –dice uno de los descendientes de Bamba– es aún más sutil que el de los seres humanos, ya que provocan alucinaciones, enajenaciones y crisis psíquicas, así como por su capacidad de cobrar diferentes formas y de actuar sobre la mente, sobre todo la de los practicantes del ejercicio ascético” (p. 179). Pobre de aquél que se deja seducir por falsos ídolos, pues puede ver condenada su vida por las tentaciones de lo mundano. De ahí la importancia de establecer nexos sociales profundos, pues las buenas obras de unos redundan sobre los otros y el ejemplo de unos corrige los pasos descuidados del caminante que ande perdido, ensimismado en sus cosas y sin ver más horizonte que el que marque su propia nariz. yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Bilal Dídac P. Lagarriga: Aprender de África

Siguiendo con las alusiones a la psicología analítica de Carl Gustav Jung, hay en Aprender de África incluso una interpretación arquetípica de la disposición urbanística de Touba, pues superpone la configuración de círculos y cuadrados en su trazado (pp. 258-259). No podría ser más significativo que junto a la gran mezquita de la ciudad se hubiera erigido una biblioteca para albergar los más de 60000 documentos que engloba la obra de Ahmadou Bamba, manuscrista de su puño y letra, transcrita por sus discípulos o reescrita por los ascetas que han analizado su pensamiento.

Salta a la vista que estamos ante un libro completísimo que habla de historia, política, filosofía y religión dese un acercamiento antropológico respetuoso y objetivo, complementado además con fotografías del propio autor que contextualizan cada capítulo. Por el contrario, se echa de menos alguna página de cortesía donde poder hacer anotaciones, pues su lectura obliga a ello constantemente.

El libro de Lagarriga, que fue concebido durante el mes de Ramadán de los años 2021 y 1442 (según el calendario canónico cristiano y musulmán respectivamente), se abre con toda una declaración de principios al declarar que, al revés de como se presupone, África es tan rica en materias primas como en enseñanzas. Pero, por desgracia, la humanidad que la habita ha ido deshumanizándose como pago al expolio de sus recursos. En conclusión, al viejo continente todo el mundo se ha visto con el derecho de explotarlo y robarle sin conocer antes su alma. África necesita del reconocimiento, de la comprensión y la dignidad en mayor medida que la ayuda humanitaria, las raciones alimentarias y la donación interesada de camisetas del Barça. África pide lo que todo quisque: más amor sin pedirle nada a cambio. Es justo reconocer que si África es pobre es porque el resto del mundo se ha enriquecido a su costa. Va siendo hora de reivindicar a personalidades como Ahmadou Bamba para comprender mejor a quienes tantos años han sido suprimidos de su propia cultura e identidad. 

Iván Sánchez-Moreno | +infoRelacionados| Fotografías: Dídac P. Lagarriga

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