Yelo

Yelo geometria organica
Yelo
“Geometría orgánica”. LOG Records, 2015

Tal vez esa “geometría orgánica” que perpetran Yelo con su música podría tener cierta similitud con el concepto de arquitectura de Le Corbusier. Y no por sus planteamientos revolucionarios, sino por los elementos vanguardistas que manejan los madrileños. El concepto de l´esprit noveau que preconizaba el arquitecto francés, dónde mandaban la racionalidad y la funcionalidad como premisas de habitabilidad en una edificación, se puede atisbar en los pentagramas del trío castizo conformado por Edgar Grau (contrabajo, bajo eléctrico y guitarra), Pedro Ortuño (trombón, melódica y electrónica) y Eloy Lurueña (percusión, marimba y vibráfono). Ya que lejos de epatar con virtuosismos o complejas composiciones, apuestan por la sobriedad y la economía de formas sin por ello medrar con ese afán explorador que hace que conjuguen distintos lenguajes musicales dentro de una misma canción. Ya desde los primeros sonidos percusivos y de trombón que insinúan un free-jazz de la escuela de Don Cherry o el Art Ensemble of Chicago, y con el que abren fuego en Llamada, primer tema del disco, pronto viran de forma sorpresiva a la electrónica de un nu-jazz en el que el groove funk del bajo, con una cortina de arreglos electrónicos de fondo, marca su rumbo de rastreadores inquietos. Tríptico L hace honor a la etiqueta de ambient nu-jazz, con la que ellos mismos definen su música, por ese aire telúrico y gélido que se respira en su noctívaga lectura cinemática, y que prosigue en Tríptico C (que podría ser perfectamente un tema de banda sonora de una película de Krzysztof Kieślowski o Jim Jarmusch), y Tríptico R (salpimentanda por un vibráfono que recuerda las habilidades de Bobby Hutcherson y una melodía con reminiscencias del Summertime de Gershwin). Escuchando Tijuana thai uno se teletransporta dentro de los fotogramas de una película de Sergio Leone o Robert Rodríguez, por esos sones fronterizos en los que se masca la arena del desierto mexicano. Aquí la delicada guitarra de Edgar Grau rasga con la mesura de un Marc Ribot narcotizado por los efectos del implacable y demoledor sol fronterizo. El vaporoso y susurrante trombón de Pedro Ortuño queda sepultado por las percusiones inquietantes de Eloy Lurueña en la enigmática Inéditos I, quizás uno de los temas con aire más críptico y misterioso del lote. Algo que también se desarrolla en Inéditos II, tema de lo más espectral con un trombón que evoca al estilo minimalista del saxofonista y flautista noruego Jan Garbarek, y que dada su pátina abstracta encajaría como horma en su zapato en alguno de los numerososos trabajos del sello ECM Records. Thai tango tiene esa atmósfera porteña que se respira en barrios como San Telmo, cuna del género canalla y lunfardo, y en el que la melódica suplanta satisfactoriamente las sonoridades del bandoneón, mientras el vibráfono aporta ese toque jazzístico que haría las delicias del maestro Astor Piazzola. Quince corto es una de las canciones donde se aprecian más cambios de ritmo. Empieza de forma bastante sintética y experimental, para virar a unos ritmos de percusión brasileña que dan paso a unos fraseos con el trombón, y posteriormente dejar espacio al contrabajo de Edgard Grau, con unas maneras muy sutiles que recuerdan a Bill Laswell, para finalmente acabar con una suerte de son cubano. Vulcano suena comedido y parece que no termina nunca de arrancar. Aquí destaca el predominio del tándem bajo y percusión, que desgranan un ritmo repetitivo e hipnótico, cimentado por una comedida melódica y algunas percusiones de aire africano. Es el tema con menos saltos y cambios de ritmo de todo el disco. Así pues Yelo, pese a asumir riesgos en su música, no pretenden aburrir con experimentos de laboratorio ni ir de mesías del jazz con arreglos de lo más intrincado. Saben posicionarse en un territorio en el que la música orgánica casa perfectamente con las paletadas sonoras sintéticas. Y demuestran que en su maquinaria late humanidad y calidez más allá de toda la parafernalia que bulle en sus probetas de “gatos” curiosos. + infoRelacionadosMiguel Ángel Sánchez Gárate